LA GEOGRAFÍA ESPAÑOLA DE POSTGUERRA
Como ya vimos en un artículo anterior (“La geografía nazi”) en Alemania, durante el periodo de 1933 a 1945, la geografía, como las demás ciencias, fueron mediatizadas por la ideología nacionalsocialista que pretendía dar unos conocimientos dogmáticos a todas las áreas del saber -incluida la física- basados en unas creencias irracionales y no demostradas con pruebas objetivas que pudieran hacerlas creíbles desde un punto de vista científico.
Recordemos a este respecto la creación de la Ahnenerbe, cuya finalidad era demostrar que había existido una raza superior de la que descendían los arios o germanos actuales.
Esta irracionalidad que invadió la ciencia germana, como es lógico, no pudo ser total y completa. En Alemania, al mismo tiempo que Haushofer y Hess predicaban su visión del mundo y sus ideas raciales, Albertch Penck seguía dando clases en Berlín y Habert Wilhelmy había obtenido una habilitación como profesor en Kiel y fue docente en dicha universidad entre 1939 y 1942, cuando fue movilizado por el ejército. Hugo Struz publicaría en 1941 la primera versión de su famosa clasificación química de los minerales en aquella convulsa Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Esto indica que la ciencia seguía existiendo, y con muy buen nivel en esos momentos de dominio del partido nacionalsocialista.
Lo mismo sucedería con Herman Lautensach que, con una amplia formación en áreas científicas como física y química, se doctoró en geografía en 1910 con A. Penck y ejerció su labor docente en diversas universidades alemanas desde 1935, si bien hay que destacar que colaboró con el mas influyente geógrafo del momento Karl Haushofer en la revista Geopolitik.
Los grandes historiadores de ese país seguían impartiendo su magisterio al margen de las ideas de la Ahnenerbe y los científicos Heissemberg y von Braun desarrollaban su labor con un método científico riguroso durante los años en los que los fieles de la cruz gamada gobernaban el país a su antojo.
En España, tras la finalización de la Guerra Civil, el dilema en el que se encontraban las autoridades vencedoras era enorme, sobre todo a nivel político pero también cultural, pues no olvidemos que la cultura se dirige y se domina desde la política.
La situación en 1939 era que había elementos del régimen que querían seguir, de forma clara y decidida, la política cultural de la Alemania del Tercer Reich, de la que tantas ayudas habían recibido durante la guerra y otros vencedores que con una ideología netamente conservadora, valoraban más los logros de Inglaterra y Estados Unidos en cuanto a realizaciones culturales se trataba, pero sin olvidar la simpatía que estos países tuvieron por la causa republicana.
Esta dicotomía se va a reflejar también en la ciencia española en general y en la geografía en particular. La creación del CSIC en 1939 implicó que los elementos mas católicos del régimen se hicieron con el control de la mayor institución científica de España. Su primer presidente, José Ibáñez Martín, también lo era de la Asociación Católica de Propagandistas con lo que ya podemos suponer que su actuación tendría un sesgo hacia la visión del mundo propia de esa religión, lo cual no menoscaba su capacidad como organizador. El secretario general de esta institución fue el magnífico científico (era farmacéutico y químico, introductor de los estudios de edafología en España) don José María Albareda pero que, como sacerdote, tuvo siempre una estrecha vinculación al Opus Dei.
En el seno del CSIC se crea, en 1940, el Instituto Juan Sebastián Elcano de geografía, que existió hasta 1986, cuando pasó a denominarse Instituto de Geografía Aplicada y luego Instituto de Economía y Geografía. Igualmente este centro estuvo dirigido por personas del ámbito católico, teniendo a don Antonio Melón y Ruiz de Gordejuela como director en su primera etapa y a don José Manuel Casas Torres en su periodo final cuando ya otros aires corrían por las instituciones políticas españolas (el PSOE gobernaba de manera absoluta nuestro país desde 1982).
También, dentro del CSIC, se constituyó, en 1942, La Estación de Estudios Pirenaicos, que en 1948 pasó a denominarse Instituto de Estudios Pirenaicos, con sede en Jaca (Huesca) y en Zaragoza. Fue en este Instituto oscense donde empezaron a formarse los primeros investigadores en Geografía que España tuvo tras la contienda civil, y que serían los que ocupen las primeras cátedras de esta materia en la universidad española, como fue el caso de José Manuel Casas Torres y Joaquín Bosque Maurel, que encontraron en la Universidad de Zaragoza sus primeros acomodos docentes si bien este último sólo estudió allí , pero muy pronto fue catedrático de geografía en Granada y Madrid.
Es precisamente este último autor (Bosque Maurel, 1986) , con quien llegamos a conocer bien la obra y labor del gran geógrafo portugués Orlando Ribeiro y cómo introdujo la geografía científica en su país después de haber ampliado estudios en París y habiendo adquirido, por lo tanto, una fuerte influencia de la llamada "escuela francesa de geografía" que se centra en el estudio de la región como base de la unidad de la geografía, y que Robeiro va a ampliar al concepto de "paisaje" como resultado de la integración de todos los elementos físicos y humanos que componen el territorio.
Orlando Ribeiro, como gran conocedor de la geografía portuguesa , fue un estrecho colaborador de Herman Lautensach que a su vez fue un estudioso de Portugal y su medio ambiente. Ya entre 1932 y 1937 escribió su obra "Portugal" y en 1934 publicó "España y Portugal" dentro de la obra "Manual de Ciencias Geográficas". Cuando el alemán desarrolla, de forma más completa, su concepción de paisaje geográfico, fue en su libro "La transformación geográfica:estudios de sistemática del paisaje" (1953), ya ha visitado Portugal y España en diversas ocasiones. es pues, a través del portugués Ribeiro y del alemán Lautensach que entra en España el concepto de paisaje geográfico (vegetación, clima, hidrografía y actividades humanas, com hábitat, explotación del territorio...) que se unen en un lugar, la región, y que forman los diferentes paisajes que componen nuestro planeta.
La influencia de Lautensach en la geografía portuguesa y española, incluso podríamos decir que en la europea, ha sido indiscutible y sin embargo, en la literatura geográfica española no ha estado lo suficientemente representado como su importancia haría suponer.
Sus estudios del paisaje y de los componentes del mismo, son grandes aportaciones en la mas clara tradición científica de la geografía germánica. También su aptitud como maestro fue muy apreciada por todos los que trabajaron con él.
En prehistoria, aunque algunas de sus ideas puedan ser cuestionadas, todos los especialistas reconocen el peso de Adolf Schulten y Hugo Obermaier han tenido en esa ciencia en nuestro país; sin embargo en geografía, si bien ningún experto cuestiona las aportaciones de Lautensach, su obra y sus teorías no están representadas en la universidad española tanto como sus aportaciones al estudio de los paisajes lo harían suponer, máxime si tenemos en cuenta que este concepto es hoy unos de los ejes en los que se centran los estudios geográficos que se hacen en España.
En los planes de estudio de las diversas asignaturas del grado geografía que se imparte en la universidades españolas , apenas está citado en la bibliografía más utilizada, sus obras no se ha reeditado y se cita escasamente en muchos trabajos de investigación. Veamos las causas, a nuestro juicio, de este relativo "olvido" al que se ha sometido al autor alemán en nuestro país.
En sus obras Portugal escrita entre 1932 y 1937 y España y Portugal (1934) y, sobre todo, La transformación geográfica: estudio de sistemática del paisaje (1953) en donde ejemplifica muchas de sus ideas y afirmaciones en los países ibéricos, como es natural después de que Portugal fuese su tema de tesis de doctorado. El Estudio de los paisajes, que tuvo su continuidad en su discípulo portugués Orlando Ribeiro demuestra, a juicio de estos dos autores, que la nación lusitana aunque está en la Península Ibérica y comparte con España clima, vegetación, red hidrográfica y relieve, no posee los mismos paisajes pues el elemento humano que los forman no es el mismo. La ocupación del territorio no se hizo de la misma manera en ambos países. Las prácticas agrícolas y ganaderas, el hábitat rural, la explotación el medio ambiente, no comparten las mismas características que en las diferentes regiones españolas. La historia, las actuaciones políticas han creado diferentes paisajes entre Portugal y España. Por lo tanto,de los estudios de Lautensach y Ribeiro se concluye que Portugal ha conseguido, en cuanto a sus paisajes geográficos, una diferenciación con respecto a España y, por o tanto, tiene sentido su individualidad y especificidad como país diferenciado de su vecino ibérico.
Estas conclusiones no debieron gustar mucho a la geografía oficial española que siempre consideró a la Península Ibérica como un todo, como una unidad relativamente homogénea que podría formar un único país si no fuera por la vicisitudes históricas que los separaron en la Edad Media. Esta separación, la creación de un reino separado de los que van a llevar el peso político y económico de la Península (Castilla y Aragón ), la proyección marítima de Portugal, etc. etc. formaron una singularidad que le hizo no integrarse en lo que, transcurrido el tiempo, sería el reino de España y se justifica así su separación y diferenciación no nación independiente.
La idea de una posible unidad ibérica que subyacía en algunos congresos de geografía hispano-lusos, como gustaba nombrar la prensa de la época de los años 50 y 60, nunca consiguieron aunar la visión de los geógrafos de ambos países en contemplar un sólo país en donde políticamente hay dos.
Después de la Segunda Guerra Mundial las afinidades políticas y culturales de nuestro país con la Alemania hitlerina trataron de borrarse o diluirse de la forma más discreta posible . Martínez de Santa Olalla, director general de excavaciones y partidario durante años de un acercamiento de la arqueología española a la que practicaba la Anhenerbe buscando el origen ario de los pueblos alemán y español, fue retirado de los puestos de influencia académica hasta que, en 1956, fue apartado de su cargo oficial por el ministro de educación pero ya, previamente, desde la finalización de la Guerra Mundial, su influencia en la vida académica española fue reduciéndose de forma paulatina, con la no consecución de una cátedra en Madrid que había ocupado su maestro Hugo Obermaier y que fue otorgada a Pedro Boch Gimpera en 1955 , la no reedición de sus obras.
La influencia de elementos católicos a partir de finales de los años 50, sobre todo después de las revueltas estudiantiles de 1956, demostraron que ciertas políticas aperturistas no daban el resultado apetecido.
El mayor acercamiento de H. Lautensach a las posturas portuguesas y el acercamiento de los investigadores españoles a las escuelas geográficas francesa y norteamericana (Gª regional y gª cuantitativa respectivamente), fueron arrinconando la obra de Lautensach hasta ser un autor poco conocido hoy, incluso entre los geógrafos que tienen a los paisajes como centro de sus estudios. No se ha olvidado completamente al autor germano en nuestro país, pero teniendo en cuenta que la actual geografía se mueve entorno al estudio del paisaje, nos parece que los trabajos de Herman Lutensach debería de ser más difundidos en España y en los estudios de geografía.
BIBLIOGRAFÍA.
- BOSQUE MAUREL, J. Orlando Ribeiro, geógrafo ibérico en Anales de Geografía de la Universidad Complutense. Nº 6. Ed. Universidad Complutense, Madrid 1986.
- CASTILLO MARTOS M. y RUBIO MAYORAL J.L. Enseñanza, ciencia e idelología en España (1890-1950). Ed. Diputación Provincial de Sevilla y Vitela gestión Cultural. Sevilla 2017.
- LAUTENSACH H. Geografía de España y Portugal. Ed. Vicens Vives, Barcelona 1967.
- MEDEROS MARTÍN, A. Julio Martínez de Santa Olalla y la interpretación aria de la prehistoria de España (1939-1945).Boletín del Seminario de Arte y Arqueología. Tomos 69-70 (pp. 13-56) Logroño 2003/04.
Versión digital en http://dialmet.unirioja.es/artículo.
- MELÓN Y RUIZ DE GORDEJUELA, A. La Península Ibérica en Herman Lautensach. en Estudios Geográficos, vol. 26, nº 96, pp. 131-141. Madrid 1965.
- RIBEIRO, O., LAUTENSACH, H. y DEVEAU S. Geografía de Portugal. Vol I (A posiçao geográfica e o territorio). Ed. Joao Sá da Costa, Lisboa 1987.
- VILÁ VALENTÍ, J. Cuarenta años de obras geográficas acerca del conjunto de España y la Península Ibérica (1952-1991). Versión digital en PDF en www.raco.cat
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