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IgnacioMora

LA IDENTIDAD ÉTNICA DE ESPAÑA

 

 

 

 

   Se ha considerado a España, por parte de una historiografía anclada en las ideas de Américo Castro, como un crisol de culturas y de pueblos que desde la antigüedad componen nuestro suelo: fenicios, cartagineses, griegos y romanos se fundieron con el sustrato ibérico y formaron un conglomerado multiétnico. Esta mezcolanza de razas y culturas llegó a su apogeo en la Edad Media, cuando en la España musulmana coexistieron las tres religiones monoteístas: Cristianismo, Judaísmo e Islamismo. Para los seguidores de esta visión de la historia, nuestro pueblo es una mezcla de razas y culturas que nos tiene que llevar, irremisiblemente, al multiculturalismo y a la diversidad étnica, a la que de forma inevitable está avocada España. ¿Por qué rechazar a los norteafricanos, cuando miles de ellos vinieron con los conquistadores árabes y dejaron sus genes en nuestro país?.. ¿Cómo ser insolidarios con los africanos, si España fue ocupada por oleadas de pueblos procedentes de Africa en la prehistoria y , muy probablemente, estemos emparentados con muchos de los negritos que llegan a nuestras costas en pateras?. ¡Y no hablemos de los indios sudamericanos!., la mayoría tiene sangre española y, además, hay que resarcirlos de la “conquista” tan cruel a la que los sometimos. Esta visión lleva a la conclusión que el pueblo español es tan heterogéneo que no hay ningún tipo de unidad, y por lo tanto, pretender que todos nos rijamos por las mismas leyes es…..sencillamente absurdo. Esta visión heterogénea y mestiza del pueblo español es interesada, sobre todo para aquellos a los que lo “español”. les resulta odioso.

   Pero una vez más la historia se encabezona en demostrar cosas que no pueden afirmarse más de que desde un punto de vista mítico o políticamente interesado. Analicemos la historia con un poco de rigor.

 

   Durante la protohistoria, los pueblos prerromanos de la Península Ibérica (los íberos), pertenecían étnicamente al conjunto de pueblos mediterráneos de raza blanca, que no eran semitas ni indoeuropeos, pues así lo demuestran los estudios antropológicos de los esqueletos encontrados de esa época (pocos, hay que reconocerlo) y la toponimia e inscripciones que de ellos se han encontrado (estaríamos hablando de una primera Edad del Bronce), en los que todavía no aparece una influencia externa marcada, salvo en la costa levantina por donde entró el conocimiento de los metales (yacimiento de El Argar). A finales de la edad del Bronce, surgió, entre los pueblos ibéricos, un sustrato indoeuropeo traído por gentes, que atravesando los Pirineos, eran de este origen y provenían de Centroeuropa (culturas de Halsttat y La Tène). Eran pueblos preceltas y celtas, que introdujeron la metalurgia del hierro (aunque los pueblos del levante ya la conocían por sus contactos con fenicios desde el s. VII a. de C.), y que acabaron mezclándose con los íberos, formando la extensa cultura de los celtíberos, que se extendió por gran parte de la Meseta y del Valle del Ebro. Los romanos usaron la denominación de celtíberos para referirse a los “celtas de Iberia” y llamaban así a los habitantes del interior de la .Península los cual indica, que veían rasgos celtas en estos pueblos aunque con peculiaridades propias heredadas de los antepasados íberos. Sobre este sustrato protohistórico de celtas e íberos se superpuso el de otros pueblos mediterráneos llegados a la Península; pero no todos legaron su influencia con la misma intensidad. Griegos y fenicios se limitaron a contactos comerciales con puntos de la costa y los cartaginesas sólo establecieron relaciones políticas y comerciales con pueblos costeros. Su asentamiento en las tierras peninsulares fue muy somero y venían a reclutar soldados y a comerciar, pero no serían muchos los que se instalaron definitivamente a vivir entre nosotros (no hay toponimia ni textos que lo demuestren ).

 

   De todas las naciones que tomaron contacto con España en la Edad Antigua fueron los romanos, cuya presencia fue larga y productiva desde el punto de vista cultural y étnico, los que dejaron huella en nuestro país de manera más perdurable. El pueblo romano se consideraba, en su historiografía, como descendiente de los latinos a los que habían sometido los Etruscos allá por el s.VIII a de C. y este pueblo a su vez era indoeuropeo, pues su lengua es de esa raíz de idiomas europeos.

 

   La llegada, al final de la etapa romana, de nuevos pueblos indoeuropeos como suevos, vándalos, alanos y por último visigodos, no fue muy numerosa, pues se calcula que de visigodos - los mejor documentados- no llegaron más de 500.000, sobre una población diez veces mayor. Pero tampoco es cierto, como dicen algunos autores franceses (Focillon), que los germanos solo se mezclaban racialmente con ellos, despreciando a otros pueblos, pues en España acabaron integrándose con los hispano romanos y adquiriendo muchas de sus costumbres y, sobre todo, su idioma y sus leyes, caso extraño de pueblo conquistador que se somete a la cultura del conquistado, si bien en este caso Roma era admirada por todos aquellos que la atacaban.

 

   El reino visigodo terminó, debido a sus luchas internas y a su inestabilidad, con la invasión musulmana, que fue la más duradera de todas las que sufrió la Península. Muchos creen ver en ella un importante sustrato racial de nuestro pueblo, pero todos los estudios que se han hecho al respecto, indican que el número de islamistas que llegaron a nuestras costas, fue escaso. En los primeros años de la conquista, con Tarik y Muza al mando, se calculan que alrededor de 300.000 bereberes entraron en España. Fue pues la conquista hecha por pueblos norteafricanos convertidos al Islam, pero muy pronto el gobierno de las nuevas tierras incorporadas al imperio de Damasco quisieron ser gobernadas por árabes, y al llegar éstos, arrinconaron a los bereberes. Sabemos por textos árabes del momento de las rencillas que surgieron entre estas dos etnias, y que luego fueron el germen de los reinos de taifas en el s. XI. La verdad en que la población foránea que llegó en los primeros años de la conquista fue escasa, así nos lo señalan todos los autores que han tratado el tema, y que fue la población hispana la que se convirtió a la nueva religión, más bien por carácter práctico que por firmes convicciones. En la España musulmana, podemos deducir pues, existía, mayoritariamente, una población  blanca-mediterránea, con una gran influencia indoeuropea procedente de los romanos y de los visigodos. Las posteriores invasiones de almorávides y almohades, fueron efímeras y no dejaron mucha huella étnica en los pobladores, pues los mismos hispanoárabes los consideraban unos bárbaros necesarios para frenar el avance de la Reconquista.

  

   En la España cristiana el aporte de gentes extranjeras procedía, mayoritariamente, de Francia y de Europa Occidental y no sólo el Camino de Santiago tuvo que ver en esto, si no también intereses comerciales que llevaron al establecimiento de barrios francos en muchas ciudades de Castilla, Aragón y Navarra.

 

   Quedan por hacer estudios genéticos en los que se vea el grado de parentesco entre la población española y la de otros lugares del Mediterráneo y de Europa central y occidental, pero es indudable que en nuestro país los aportes africanos, aunque los hubo, fueron mínimos y su huella es pequeña.

 

   Somos un pueblo de raza blanca-mediterránea con aportes indoeuropeos, que tiene unas características culturales propias eso si, procedentes de muchos pueblos que han estado en nuestro solar. Indudablemente la influencia árabe en nuestras manifestaciones culturales es grande –empezando por el idioma- y continuando por otras muchas cosas; pero no  hay que confundir origen étnico con cultura. Un mismo pueblo puede tener culturas diferentes según su trayectoria histórica, al igual que dos hermanos, criados en lugares y formas diferentes, pueden tener visiones de la vida y una educación distinta.

 

 

 

 

 

 BIBLIOGRAFÍA.

-CEBRIAN, J.A.: La aventura de los godos, Ed. Esfera de los libros, Madrid 2002.

 

-FOCILLON, H. El año mil, Alianza Editorial, Madrid 1987.

 

-MARCO SIMÓN, F. Los Celtas, Ed. Historia 16, Madrid 1999.

 

-SANTOS YANGUAS, J. Los pueblos de la España antigua (2 tomos), Ed. Historia 16, Madrid 1997.

 

-WATT, W. M. La España islámica, Alianza Editorial, Madrid 1984.

 

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