ARQUEOLOGÍA Y NACIONALISMO. LA JUSTIFICACIÓN HISTÓRICA DE UNA IDEA.
Desde todos los sectores de la derecha española se critica y cuestiona que en el sistema de educación pública de Cataluña, cuya competencia la tiene transferida la Generalidad desde hace décadas, la enseñanza de la Historia se haga de forma tergiversada y tendenciosa con el fin de crear un “relato” en el que Cataluña fue otra cosa de lo que realmente fue y es. En esa historia (con minúscula) los pueblos que habitan la costa mediterránea de la Península Ibérica constituyen una unidad diferenciada del resto de la población ibérica. Sería lo que ellos ( los historiadores nacionalistas) denominan “los países catalanes” y que estarían constituidos por las actuales regiones de Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, junto a la parte mas oriental de Aragón. La “identidad histórica” de estos territorios es que todos formaron parte , durante la Edad Media y gran parte de la Moderna, del Reino de Aragón, pero nunca constituyeron estados independientes aunque sí gozaron de autonomía dentro de la corona aragonesa.
Este “relato” cojea. Si nunca fueron estados independientes ¿cómo pretenden ahora decir que les quitaron su libertad y quieren recuperarla haciendo uso del mas elemental derecho a decidir?. Un estudio de la Historia de España desde los primeros textos escritos de griegos y romanos, pasando por todas las crónicas y documentos medievales etc. etc. no pueden apoyar la tesis del nacionalismo de pertenecer a unos pueblos libres y soberanos, que en un momento de su historia fueron invadidos y sojuzgados por potencias extranjeras y que hoy sólo reclaman su justa libertad. Como esta hipótesis no puede ser sostenida por ningún historiador serio que se ciña a las fuentes y que describa lo que ellas nos dicen, hay que remontarse mas atrás, a la prehistoria y protohistoria donde los documentos históricos son mucho mas escasos e imprecisos. Los textos escritos son de autores griegos y romanos ( Herótoto, entre los primeros y Estrabón, Plinio, Ptolomeo y Avieno, entre los segundos) que, en varios casos escribían de oídas y son ambiguos y de variable interpretación y las fuentes arqueológicas no aportan todo el conocimiento requerido, por lo menos cuando se elabora la teoría que vamos a exponer en el primer tercio del siglo XX.
Previamente me gustaría hacer una visión muy somera de la situación de los estudios arqueológicos en nuestro país a principios del siglo XX. Todos los autores que han tratado sobre los inicios de esta ciencia en España en estos años decisivos para su desarrollo, ponen la atención en dos figuras de especial importancia como son Adolf Schulten (1870-1960) y Hugo Obermaier (1877-1946). Son dos estudiosos alemanes pero de características muy distintas. Mientras que el primero era profesor en la universidad alemana de Erlangen desde 1907 no ejerció aquí ningún cargo académico oficial en España si bien, en una fecha tan temprana como 1905, ya fue nombrado miembro de la Real Academia de la Historia, con lo que es de destacar el reconocimiento que desde muy joven se le profesaba este país.
Schulten, humanista de formación y con grandes conocimientos de filología clásica (se formó en ello durante sus años de estudiante en Alemania), llegó a tierras ibéricas en 1899 y comenzó las excavaciones de Numancia, y posteriormente retornó a España en 1902 para interesarse por Tartessos cuya capital buscó infructuosamente pero, claro está, dio un impulso a los estudios y al conocimiento de este pueblo prerromano español. No quiero extenderme aquí en una semblanza amplia de estos autores que ya existen y son muy conocidos.
Hugo Obermanier tenía una formación mas científica y se había formado en su Alemania natal en geología y paleontología aunque también su formación humanística era muy amplia, pues se había ordenado sacerdote. Con este bagaje llega a España en 1908 de la mano del abate Breuil y participa en las excavaciones de la Cueva del Castillo en Cantabria donde aparece un amplio registro del Paleolítico Superior que empezaron a poner en contexto los hallazgos anteriores de Altamira y de toda la Cornisa Cantábrica. Su figura es importante porque ,a parte de sus investigaciones de campo, desde 1922 ocupa un puesto de catedrático en la Universidad Central de Madrid con una cátedra que se creó ex-profeso llamada Historia Primitiva del Hombre. Este hecho tiene una mayor importancia si tenemos en cuenta que la ley educativa de aquellos años establecía que todos los estudios de doctorado había que hacerlos en la Universidad Central de Madrid, que era la única universidad capacitada para impartir dichos títulos (doctores). Esto implicó que todos los prehistoriadores, historiadores y arqueólogos que se formaban en diferentes centros de España, tenían que acudir a Madrid para obtener el doctorado, y la mayoría estaba, directa o indirectamente bajo la tutela de Obermaier, con lo cual su influencia en todos los arqueólogos españoles fue muy grande. Así pues desde la Universidad Central de Madrid y desde la Real Academia de la Historia estos dos investigadores ejercieron un magisterio muy importante entre los futuros historiadores españolar pues todos beben de sus enseñanzas y de sus libros e investigaciones.
Entrando ya en el tema que nos ocupa, uno de los estudiantes de doctorado de la Universidad Central fue el catalán Pere Bosch Gimpera (1891-1974) que terminó su tesis en 1913, antes que Obermaier fuera profesor de dicho centro y dede 1916 pasó a formar parte de la plantilla de profesores de la Universidad de Barcelona, de donde llegó a ser rector y estuvo en el cargo hasta 1937 cuando marchó al exilio, terminando su andadura profesional y vital de México.
Su titularidad como profesor a una edad tan joven y sin tener gran experiencia en el campo de la investigación ni importantes publicaciones estaría motivada, como apunta María Dolores Fernández-Posse (2015), por su cercanía a las posturas catalanistas de la Lliga Regionalista en la que estaban Pi i Margall y Puig i Cadafalch y que se había convertido en partido político y había obtenido buenos resultados en las elecciones de 1901. Estos miembros de la Lliga habían conseguido que la Universidad de Barcelona se creara una sección de Historia que se le dio, con su oposición correspondiente, a Bosch Gimpera. Fue éste el creador de la hipótesis en la que aún hoy se basan muchos independentistas. Se puede resumir así: en la Iberia prerromana existían en la Península una gran cantidad de pueblos muy heterogéneos y distintos. Esta diversidad y pluralidad se mantiene en la actualidad y es el origen de la España plurinacional. Romanos, visigodos y árabes solo pusieron una unidad forzada y ficticia que se sigue notando hoy día. Se hace la distinción entre los pueblos meseteños (celtíberos e indoeuropeos) y los mediterráneos (íberos) de una mayor cultura y civilización por sus contactos con gentes del mundo oriental, mas refinadas y cultas.
Cuando arqueólogos alemanes del Instituto Frobenius llegan a España a estudiar y copiar las pinturas de arte parietal, en los años 1934 y 1936, en diversos lugares de la geografía peninsular, se entrevistaron con el catedrático de Barcelona Bosch Gimpera para organizar una exposición de sus calcos y dibujos en el Museo de Arqueología de esa capital (García Alonso, 2009) , pero ese intento se frustra por la llegada de la Guerra Civil ese mismo año.
Esta hipótesis que quiere justificar la existencia de una España plurinacional y "nación de naciones" está también apoyada por Anselmo Carretero (1908-2002), ingeniero segoviano que también se exilió en México y que propugnó, desde la historia medieval (de la que su padre, Luis Carretero Nieva), fue profesor, que la supuesta identidad nacional española la impuso el reino de León, que también dominó al de Castilla, que con unas peculiaridades muy distintas, es una región diferenciada del resto de España. Castilla no sería así el núcleo vertebrador de España, si no un territorio que formaría parte del estado español con sus características y peculiaridades como cualquier otra nacionalidad española.
Anselmo Carretero fue un ingeniero industrial especializado en oceanografía, que desde su juventud se afilió al PSOE y abogó siempre por un estado federal en nuestro país. Su afiliación socialista hizo que, tras el triunfo del Frente Popular y durante la Guerra Civil, fuera director general de pesca teniendo así un puesto en el organigrama del gobierno republicano. Según él, lo castellano no es lo español. Casrtilla sería la zona donde existió el sistema de poblamiento de “Villa y tierra” si bien no es sostenible esto , pues fueron muy pocos los territorios con este tipo de poblamiento. En Burgos, centro histórico de esta región, solo hubo “villa y tierra” en unos pocos municipios al sur de la provincia.
La comunidad de “villa y tierra” consiste en tierras comunales otorgadas por los reyes de Castilla en la Edad Media y que incluían distintas aldeas alrededor de una villa mayor y que se subdividían a su vez en 6 sexmos y 8 octavos.
La idea fundamental de Luis y Anselmo Carretero era que lo que hoy llamamos España es la suma de muchas naciones diferentes entre las que Castilla sería una muy contrastada y con peculiaridades propias que la diferenciarían del resto de las “nacionalidades” españolas en concreto del reino de León . La “personalidad” de lo castellano surgiría en el s. XI con las primeras fases de la Reconquista de este pequeño estado desgajado de León, esencias que luego se pervertirían con la adopción por parte de los reyes de Castilla y León de la idea que eran los herederos del reino visigodo y de la supuesta monarquía hispánica. Fernando III, Alfonso X y los Reyes Católicos consiguieron crear reinos de muchos territorios bajo sus coronas y los Austrias y los Borbones formaron un Estado pero no una nación porque España eran muchas naciones algunas de ellas sin estado. Se adoptan las tesis de Pi i Margall , Puig i Cadafalch y Prat de la Riva de que existían naciones sin estado y Calaluña era una de ellas. Anselmo Carretero suma también a Casrtilla y al final concluye que no existe España si no las Españas y , si existe, no es unas nación sino una “nación de naciones” .
Ni que decir tiene que estas ideas, desde el punto de vista de la historiografía moderna y académica, aunando todos los datos que tenemos desde la protohistoria a la Edad Moderna, no se sostiene. Desde los años 70 del s. XX se revisa lo que se sabe de los pueblos prerromanos y se comprueba que no hay una distinción clara entre ellos. Las fuentes clásicas, la lingüistica y la arqueología no coinciden en muchos de estos pueblos y la tradiconal división en tres áreas en la Península, de los íberos, celtas y celtíberos. (Ruiz Zapatero 2017 y Álvarez Sanchís et Al. 2016) no están bien delimitadas ni la afiliación de esos pueblos queda tan clara. Entre los considerados tradicionalmente celtíberos aparecen pueblos indoeuropeos anteriores a los celtas (Vetones, Lusitanos), al igual que entre los pueblos del norte considerados celtas había gentes de un linaje anterior a la llegada del hierro como los cántabros, los astures, incluso en la zona ibérica, la llegada del pueblo de "Los Campos de Urnas" a finales de la Edad de Bronce, incluyó un poso indoeuropeo en las tierras ocupadas por los íberos. Podríamos continuar así durante mucho tiempo con argumentos de muchos historiadores y arqueólogos , pero siempre nos conduciría a establecer que el sustrato indígena prerromano no puede ser la causa de la diversidad regional actual del estado de las autonomías y sus peculiaridades históricas.
En en resto de España los estudios arqueológicos seguían produciéndose y el avance de esta ciencia continuaba . Las universidades españolas no creaban campañas de excavación continuadas y sistemáticas que ampliaran el conocimiento de los periodos del pasado de nuestro país, pero sí la Real Academia de la Historia, como lo demuestran los trabajos del aragonés Juan Cabré Aguiló quien elaboró el Catálogo Monumental de España. Provincia de Teruel en 1908, obra que se estaba haciendo desde el año 1900 y cuya publicación va a terminar en 1960. También va a ser de los primeros que comiencen el estudio sistemático de los yacimientos de la cultura ibérica y celtíbera con amplia documentación gráfica gracias a su formación en bellas artes.
La arqueología española había levantado el vuelo ya en la segunda mitad del siglo XIX con los trabajos de José Ramón Mélida Alinari que desde su cargo de director del Museo Arqueológico Nacional desde 1916, realizó excavaciones en Numancia y Mérida contribuyendo así al desarrollo de la arqueología clásica. Discípulo de éste fue Blas Taracena Aguirre y su sucesor en el Museo Arqueológico Nacional y en las excavaciones numantinas. Existía pues en nuestro país desde finales del s. XIX y el primer tercio del XX un desarrollo de la arqueología, que si bien no era tan profundo como en otros países europeos, pero sí con un carácter científico y objetivo, dentro de lo que lo puede ser la historia en general.
Fue en la década de los años 30 del siglo XX cuando en plena efervescencia de las ideas nacionalistas en Europa que proclamaban "un pueblo, una nación" y las supremacías de unos pueblos sobre otros atribuyéndose en algunos casos, como en el nazismo, orígenes míticos totalmente inventados ( la aparición cuasi sobrenatural de los arios) o intentando reverdecer esplendores pasados como hizo el fascismo italiano con el Imperio Romano, que la historia entró a formar parte de las manipulaciones que las ideas nacionalistas hicieron para acomodar la realidad a su visión del mundo. Es en este contexto en el que hay que situar las obras y las ideas de Luis y Anselmo Carretero y de Pere Bosch Gimpera otorgando a los pueblos prerromanos ibéricos cualidades y características que, ni los textos ni la arqueología han podido probar.
La idea de justificar el nacionalismo por medio de la arqueología y de la historia no solo caló entre sectores de la burguesía catalana . Al finalizar la Guerra Civil aparece una corriente nacionalista , pero de carácter centralista y español, también el la arqueología de esa época, muy al compás de lo que estaba ocurriendo en la Europa de los regímenes totalitarios.
A finales de los años 30 aparece en la escena arqueológica española Julio Martínez Santa-Olalla (1905-1972). Su actuación en el campo de esta ciencia es muy ilustrativa de la influencia del nacionalismo en una materia como la arqueología. Martínez Santa-Olalla se interesa muy pronto en la arqueología y la historia y con 17 años ingresó en la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (García Alonso, 2008). Desde su Burgos natal fue a estudiar a Barcelona y Madrid donde fue discípulo de las grandes figuras que hemos nombrado en este artículo: Bosch Gimpera y H. Obermaier. Pero muy pronto se separa del magisterio de estos dos prehistoriadores y va a iniciar una línea nacionalista en la arqueología española que lo va a hacer singular en esta ciencia. La vida de este autor y su actuación investigadora darían para un artículo a parte por su interés y extensión, pues desde la administración en el gobierno vencedor de la Guerra Civil, va a promover unas actuaciones arqueológicas muy determinadas que manifiestan una ideología clara.
Entre 1927 y 1931 reside en Alemania, primero como lector de español con un beca y luego como profesor de esta lengua. Allí se imbuyó del pensamiento nacionalista que se basaba en las ideas del pueblo ancestral de los germánicos y en un estudio de la historia idealizado y heroico. Volvió a tierras teutónicas en 1934 a dar conferencias invitado por el Instituto de Arqueología Imperial de Alemania.
Hijo de militar se afilió en ese mismo año a la Falange joseantoniana y empezó a desarrollar la idea peculiar de la "arianización" de España. Según esto, la Península Ibérica fue ocupada en la protohistoria, por pueblos de origen indoeuropeo (arios) desede finales de la Edad del Bronce, que fueron los que dejaron el sustrato étnico mas importante en las tierras peninsulares y del que todavía los españoles serían descendientes, acercándonos así al admirado pueblo alemán.
Así el pueblo de los Campos de Urnas (finales de la Edad del Bronce) y los celtas (ya en la Edad del Hierro) serían los primeros basamentos del edificio de los pueblos ibéricos, a los que habría que sumarles una parte de la población romana (lo Latinos eran también un pueblo indoeuropeo itálico) y, naturalmente los visigodos, pueblo germánico donde los haya.
Desde su puesto de Comisario General de Excavaciones, dirigió los trabajos de excavación de Castiltierra donde existe una importante necrópolis visigoda que estaba siendo excavada desde 1930 y Martínez Santa-Olalla lo hace a partir de 1941 (García Alonso, 2008) donde inició las excavaciones conjuntas con investigadores alemanes cercanos o miembros de la Ahnenerbe, la sociedad para la investigación de la herencia ancestral alemana, organismos que dependía directamente de las SS y de su jefe H. Himmler.
Indudablemente aunque no se negaba la presencia en suelo hispánico de íberos y árabes, eran mucho menos estudiados en estos primeros años de la post-guerra. La finalidad declarada de las excavaciones patrocinadas por esa Comisaría General era mostrar a los alemanes que en España había elementos germánicos y era el lugar donde unos de estos reinos (el visigodo) tuvo su mayor florecimiento.
Sin entrar mucho en desglosar la biografía de Martínez Santa-Olalla, que daría para otro artículo diferente, podemos entrever que la arqueología y la búsqueda de restos materiales que documenten el pasado, ha sido objeto de utilización por ideologías políticas que tenían y tienen un marcado cariz nacionalista y ha querido ser utilizada para justificar ideas poco científicas. El uso de la Historia para convencer a la ciudadanía que ciertas actuaciones políticas tienen razón de ser se basa, la mayor parte de las veces, en interpretaciones falsas y tendenciosas de las fuentes que sirven para el conocimiento histórico. La Historia no está fuera de peleas ideológicas que tienen muchos partidos y grupos políticos en la actualidad.
Concluiremos pues afirmando que la arqueología, como cualquier otra ciencia, ha sido susceptible de servir para difundir ideologías y posturas políticas que no tienen que ver con los postulados verdaderamente científicos que ha de poseer una ciencia. Se alejan de la objetividad aquellos que tratan de justificar unas posturas nacionalistas basadas en el estudio de la Historia, pues tuercen su objetividad y desmerecen a una ciencia que ha de tener reconocimiento por derecho propio.
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