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IgnacioMora

LA GUERRA DE UCRANIA A LA LUZ DE HUNTINGTON, TOYNBEE Y SPENGLER.

LA GUERRA DE UCRANIA A LA LUZ DE HUNTINGTON, TOYNBEE Y SPENGLER.

 

 

Ninguno de ellos está ya vivo. Por sus fechas de nacimiento, Spengler sería el más viejo, pues nació en 1880 (aunque fue el que más pronto murió con 56 años en 1936) y el más joven el norteamericano Samuel Huntington que vino al mundo en 1927 y falleció en 2008, pero los tres fueron historiadores y preocupados por aquellos mecanismos que mueven a los seres humanos a crear naciones, estados, imperios y culturas que luego, invariablemente, terminan y dan paso a otros periodos históricos. Todos se dieron cuenta que las grandes civilizaciones que se ha sucedido a lo largo de la historia de la Humanidad han desparecido y, aunque han dejado una huella indeleble, ya son meros recuerdos en los libros de historia, en documentales o en películas que, muchas veces, ni siquiera conocen bien la realidad de esos periodos históricos. Cabría preguntarse ¿qué queda del Egipto faraónico, del imperio romano, o de los poderosos Mayas, Incas o Aztecas?.

Los autores que encabezan el título del presente artículo meditaron hace muchos años sobre este particular y sus conclusiones influyeron en muchos pensadores posteriores de temas políticos y sociales, pero en la actualidad no se recogen en casi ningún estudio, pues las conclusiones a las que llegan no concuerdan con las tendencias que el progresismo ha impuesto en las universidades y quiere implantar en la sociedad.

Cuando Spengler afirma que una civilización termina cuando los valores morales de su clase dirigente se corrompen, no puede ser del agrado de los políticos que gobiernan los países actualmente. O bien que, de forma inevitable, nuestra civilización occidental está en su fase final pues es un estadio de desarrollo por el que tienen que pasar todas las civilizaciones, puede dar lugar a que los ciudadanos de los países de este ámbito cultural piensen que sus dirigentes, sabiendo esto, no están actuando bien.

Si el mundo occidental ha estado dominado, durante los últimos 200 años, por países anglosajones (primero por Gran Bretaña y luego Estados Unidos) estamos viendo como este poder económico, político y militar está ensombreciéndose a favor de potencias como China, aunque no se puede cantar victoria –en nuestro caso derrota- pues el mundo occidental siempre ha sacado adelante sus intereses con ingenio y conocimientos. No podemos saber cómo acabará este cambio de hegemonía o si lo habrá pues no tenemos la perspectiva histórica. Lo que sí es seguro es que siempre que ha habido un cambio de potencia hegemónica, se han producido guerras de reajuste por el control del poder mundial.

Huntington aboga por que las próximas guerras (siguientes a 1993) serán entre civilizaciones. Realmente el fin del comunismo en Rusia no supuso “el fin de la historia” pues lo que sucedió tras el golpe de estado de agosto de 1991 fue que el comunismo mostró su verdadera cara: la nomenclatura del partido único (PCUS) controlaba los medios de producción y la economía del país, sólo que durante la época soviética, lo hacía de forma oculta manteniendo el discurso de que los bienes de la nación eran del pueblo pero, eso sí, a través del Estado que a su vez estaba gobernado por un solitario partido. Simplemente, tras la ilegalización del PCUS en 1991 y la desaparición de la URSS, lo único que hicieron los dirigentes soviéticos fue legalizar algo que desde hacía décadas venían haciendo de forma oculta pero conocida por todos: el aprovechamiento en beneficio propio de los bienes del Estado. El comunismo desapareció pero sus dirigentes siguieron ocupando sus altos puestos en la administración. Salvo casos muy contados, la cúpula del ejército soviético siguió siendo la misma que en la Rusia postsoviética y los que eran de otras nacionalidades se fueron a sus repúblicas con el mismo rango. Los altos funcionarios quedaron en sus puestos y la nomenclatura, no solo conservó sus privilegios, sino que además fue la que se quedó con las empresas más importantes del país.

No solo los altos cargos del partido único se enriquecieron con la privatización de las empresas estatales. Antes de la caída del comunismo, ya existían en la antigua URSS una mafia que, mediante sobornos y amenazas a los funcionarios del Estado, controlaba una parte importante del comercio de bienes de consumo (era el llamado “mercado negro”) que era con el que se abastecía la población de productos básicos, habida cuenta del fracaso que supuso, desde finales de los años 20, la colectivización forzada de las tierras y la planificación centralizada de la economía.

Por lo tanto, el fracaso del golpe de estado del verano de 1991, no conllevó la desaparición de las antiguas élites que habían dirigido el país desde la revolución de octubre de 1917, sino que éstas se transformaron en poseedoras, a título privado, de los bienes de la nación o naciones en las que se descompuso la Unión Soviética. Los antiguos altos mandos comunistas y los jefes de los grupos mafiosos preexistentes se hicieron con las riendas de la economía de la Rusia postsoviética. Esto no estuvo exento de conflictos y tensiones y los asesinatos, amenazas y guerras entre grupos de poder estuvieron a la orden del día durante los primeros años tras la caída de la URSS, durante el caótico gobierno de Boris Yelstein . Putin vino a poner orden en esta situación pactando la paz con los principales grupos que se habían hecho con el poder de la economía a cambio de apoyarlos institucionalmente desde el aparato del Estado. No supuso la desaparición de la economía planificada y el triunfo del capitalismo con el consiguiente “fin de la historia” como proclamó Fukuyama, sino que representó una transformación del comunismo ortodoxo marxista-leninista en una forma nueva en la que se hace un simulacro de democracia y economía liberal, pero en realidad hay una dictadura encubierta de partido único y personalista (se deshace de los opositores, dificulta la acción de otros partidos o directamente los ilegaliza y controla a los medios de comunicación) y los medios de producción caen en manos de una minoría cercana y, a su vez, sostenedora del régimen.

Pero la verdadera intención de este artículo es saber qué visión tuvieron los grandes teóricos de la Historia sobre la situación actual del conflicto en Europa que nos parece incomprensible que haya sucedido en un continente que pasó por la Segunda Guerra Mundial y que superó los horrores que ella provocó aunque indudablemente, dejaron secuelas de resentimiento y mal sabor de boca en muchas naciones, principalmente en aquellas como Polonia y Checoslovaquia que lucharon denodadamente por librarse del terror nazi y luego fueron incluidas en el área de influencia soviética y, por lo tanto, cayeron bajo la más brutal dictadura comunista.

Huntintong (1993) establece 9 tipos de civilizaciones (ahora no es el momento de detallar) y dice que los conflictos se producirán donde cocasen estas civilizaciones y ya nos advirtió que entre Rusia y Ucrania pasa la línea de la “civilización ortodoxa” y la “occidental”. Todos sabemos que la Rusia de Putin no puede tener a 400 Km. De Moscú la frontera con un país en el que exista una democracia plena, un sistema económico capitalista y que respete las libertades individuales . Lo más peligroso para el régimen autocrático ruso es la existencia de una nación, en lo que considera su territorio histórico, con una democracia plena y liberal por el peligro de contagio que podría darse en su pueblo.

La peligrosidad de los misiles de la OTAN es igual desde la frontera de Ucrania que desde la de Polonia o, no digamos ya, desde la de Lituania o Letonia y, no olvidemos que la posible pertenencia de Ucrania a la OTAN ha sido el argumento esgrimido por Moscú para la invasión. ¿Por qué iba a ser más amenazante una Ucrania atlantista que una Polonia o los países bálticos?. La respuesta es que hay otros motivos que van más allá de las cuestiones meramente militares o estratégicas. A parte de las causas económicas y geoestratégicas, que las hay, uno de los motivos más profundos de este conflicto es que un país cuya población pertenece mayoritariamente a la llamada “civilización ortodoxa” y que posee muchos rasgos de la “oriental”, en concreto, su ausencia de valores democráticos y su tendencia a gobiernos autócratas, no puede tener una buena relación de vecindad con Ucrania que estaría dentro de la “civilización occidental” y, por lo tanto, tendría un mayor aprecio por los derechos humanos y la democracia. En definitiva la guerra de Rusia contra Ucrania sería un ”choque que civilizaciones” en toda regla según las teoría de Huntintong más que un conflicto geoestratégico o económico.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el de las llamadas “potencias regionales”. Son Estados que no pueden alcanzar el status de superpotencia y mandar a nivel mundial (ese puesto se lo disputan hoy EE.UU. y China), pero sí quieren ser la nación dominante en un área geográfica determinada. Por ejemplo, en Próximo Oriente Arabia Saudita e Irán se disputan la hegemonía en esa zona. Tal y como pasaba en la antigua Guerra Fría, estas potencias se segundo orden procuran no enfrentarse directamente y lo hacen en otros países a los que quieren meter en su área de influencia, como está sucediendo actualmente en Yemen, en Siria o el Líbano sumidos en eternas guerras civiles entre facciones proiraníes,(Chiitas) y sumníes , cada una apoyada por naciones extranjeras. Indudablemente estos conflictos benefician a Israel, que no quiere que haya una potencia hegemónica en la zona que pueda amenazarlo y, por ello, intenta neutralizar la influencia de Irán y de Arabia, aunque esto sería motivo de un análisis a parte.

El problema en todo este panorama es Rusia. Ya no puede aspirar a ser la primera potencia mundial (desde la desaparición de la URSS ya no posee la capacidad económica y militar para ello) pero tampoco se conforma con serlo a nivel regional aunque no tiene más remedio que conformarse con jugar un papel de gendarme en el antiguo territorio de la antigua Unión Soviética, pues fuera de él, en los países del este de Europa, los que antiguamente fueron sus satélites tras el final de la Segunda Guerra Mundial, ya ha perdido todo el control pues la mayoría son miembros de la U.E. y de la OTAN.

Sin el dominio de las repúblicas exsoviéticas, el Kremlin sabe que nunca podrá llegar, aunque sea en un futuro lejano, a volver a ser una primera potencia mundial. Por ello, la reunificación del antiguo territorio soviético es algo a lo que no puede renunciar en su afán por volver a ser una gran potencia, al menos a nivel regional ya que, de momento, no puede a nivel mundial. Pero el problema radica en cuál es su región de influencia en la que podría ser hegemónica. En un principio, Moscú mira con cada ojo a un sitio. Con uno mira a Europa. Las grandes planicies de Europa Central y oriental siempre las consideró un área para expandirse y, con el otro ojo, mira a Asia donde sus antiguas posesiones están gobernadas por férreas dictaduras propias de la “civilización oriental” y, a las que en el fondo, quiere imitar. Desea, tal y como hizo el antiguo imperio de los zares, dominar también las tierras centroasiáticas de Turkmenistán, Uzbequistán, Tayikistán… y tener un control de esa zona vital a la que ya el geógrafo británico Mackinder (1904) llamó el “área pivote” cuyo dominio facilitaba el gobierno de todo el planeta. Sabemos que las teorías de Mackinder están hoy cuestionadas, pues el mundo ha cambiado mucho desde el momento que las desarrolló, pero son significativas aún para muchos geoestrategas, sobre todo rusos. Esa amplia zona terrestre comprende Siberia y las actuales repúblicas centroasiáticas. Lo primero lo tiene Rusia pero, qué duda cabe, necesita Turkmenistán y Kazajstán para controlar el “área pivote” desde la que dominar el mundo . Será la siguiente zona de actuación del expansionismo ruso como ya sucedió en la época de los zares y de la Unión Soviética después.

Rusia, independientemente de quien la gobierne, siempre ha sabido que su área de expansión territorial es Asia Central. Sería necesario detenernos a estudiar la forma que qué se colonizó este territorio desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX., pero baste recordar que la contienda que desencadenó la primera revuelta importante contra el zar fue la guerra ruso-japonesa de 1905 y que no fue más que un choque de dos imperios en expansión y en ciernes, el ruso y el japonés que tenían los mismos intereses en Asia.

 

Volviendo al tema de las “potencias regionales”, hay que decir que la problemática con ellas surge cuando una de estas naciones pretende dominar su área geográfica circundante, es decir, la región en la que está ubicada, para convertirse así en una “potencia regional”. Estas pretensiones siempre dan lugar a conflictos armados pues, lógicamente, los vecinos no se dejan dominar fácilmente pues tiene sus propios intereses en la zona. A este respecto hay que decir que Marruecos, prácticamente desde su independencia en 1956, está intentando ser el país dominante en el Magreb y el Sahel, territorios que ya controló en la Edad Media con los imperios Almorávide y Almohade. Para este objetivo se encontró con la barrera de Argelia que también quiere ser la potencia hegemónica en la zona y con España, que cerraba su expansión con las plazas de soberanía en el norte, Ceuta y Melilla, el Sahara en el sur y las Canarias en el mar. Por lo tanto, desde Hassan II España y Argelia son los dos enemigos a batir para alcanzar el sueño de ser la potencia hegemónica en el Magreb . Para ello siempre se alió con Francia que frenaba los intereses argelinos y no apoyaba ningún movimiento español que perjudicase los intereses marroquíes. En la actualidad, desde 2020, y dado el debilitamiento de Francia en el contexto internacional, Marruecos ha buscado el apoyo, nada menos, que de EE.UU e Israel, con quien ha establecido relaciones diplomáticas a cambio de sistemas de defensa avanzados.

La aparición de grupos radicales islamistas en el África subsahariana y sus intentos de expansión hacia el norte léase grupos como Boko Haram), ha provocado que los países occidentales más amenazados (sobre todo Francia) intenten poner una barrera a ese movimiento y este escudo no podía ser otro que Marruecos.

En el anteriormente mencionado enfrentamiento soterrado por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y Unión Soviética, una de las fichas que le quedaba a este último país en el tablero internacional era Argelia. La traumática independencia de esta nación de Francia en 1962, tras una larga guerra que dejó profundas huellas en ambos contendientes. Argelia, como sucedió con Cuba tres años antes, tuvo que encontrar apoyos internacionales, en el momento delicado de su nacimiento, en la URSS, segunda potencia mundial en aquél momento. La desaparición de esta potencia en 1991 dejó huérfanos a sus aliados. Algunos se pasaron directamente al mundo capitalista (países del este de Europa) o tuvieron que hacer grandes equilibrios por mantener el poder de sus regímenes y de sus dirigentes, que con uñas y dientes se aferraban –se aferran- a sus cargos, incrementando medidas antidemocráticas y dictatoriales como ha sucedido en Cuba, Argelia o Siria ( en este último país la represión de la familia Al-Assad desencadenó una protesta social tan grande que trajo consigo una guerra civil ).

En el caso de Argelia , que es el que nos ocupa, el deseo ruso de volver a afianzarse como potencia mundial, le ha llevado a reforzar su alianza con el país norteafricano que, además es un gran productor de gas natural y entre este y el propio gas ruso, controla la mayor parte de la producción y distribución del mismo. No solamente con tanques y aviones se controla el mundo o afianzas tu posición, si no que alianzas estratégicas con ciertos países, te lo permiten también. En Siria, al no tener tantos recursos naturales, pero sí una posición estratégica en Próximo Oriente, Rusia interviene directamente con tropas y material en la guerra apoyando a la fracción del gobierno aliado desde la época soviética.

En definitiva, y para concluir esta entrada, diremos que los problemas entre Argelia y Marruecos, que se prolongan desde hace décadas y que afectan directamente a España, no son más que la manifestación de una nueva guerra fría entre Estados Unidos y la actual Rusia por controlar el norte de África y el Estrecho de Gibraltar. Estados Unidos y Rusia quieren tener en la zona una potencia regional que domine el territorio circundante pero que dependa de su patrocinador y le sirva sus intereses en la zona. Desde los años cincuenta del siglo XX, EE.UU. apostó por Marruecos, obligando a Francia y a España a otorgarle la independencia en 1956. La Unión Soviética apostó por Argelia y la apoyó en su guerra de independencia contra Francia que ganó en 1962 con el mismo fin que EE.UU. lo había hecho antes con Marruecos: tener una potencia regional que dominase la zona. Pero ambos países necesitaban, para su propósito, controlar el Sahara Occidental o español, sobre todo Argelia, para tener una salida al Atlántico. Para ello Argelia apoyó al Frente Polisario con el fin de tener un gobierno aliado en aquél territorio que le diese salida al océano y rodear a Marruecos por el este y sur. Para evitarlo el reino alauita tuvo que hacerse con el control del Sahara presionando a España de forma constante, desde la Marcha Verde de 1975 hasta las presiones ejercidas en la actualidad por parte de marruecos y EE.UU. que han terminado por conseguir que el gobierno español, en 2022, aceptase la soberanía marroquí del Sahara después que la presidencia norteamericana lo hiciera, tanto el conservador Donald Trump como el progresista Joe Biden, lo que demuestra que en Estados Unidos la política exterior es una cuestión de Estado e independiente de quien gobierne.

Los conceptos y las ideas que expresaron los autores que encabezan este artículo, pueden servir para explicar la situación actual (años 2022 y 2023) por la que atraviesa el mundo con los conflictos de Próximo Oriente y de Ucrania que tanto daño están haciendo.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

      - GEORGE, P. Fin de siècle en Occident. Déclin ou métamorphose?

        Presses universitaires de France. París 1982.

 

  • HUNTINGTON, S. P. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Ed. Paidos, Buenos Aires 1996.

 

  • MACKINDER H.J. The Geograhpical Pivot of History en The Geograhpica Joural, Londres, abril 1904.

 

  • SPENGLER, O. La decadencia de Occidente.(2 volúmenes 1918 y 1922), Ed. Austral- Espasa, Madrid 2011. En España se publicó por primera vez en 1923 y se decidió hacerlo solo con este nombre, pero en su edición original en Alemania es La decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la Historia Universal.

 

  • TOYNBEE, A. J. Estudio de la Historia (12 volúmenes 1933-1961) Ed. Alianza Editoria, 9ª edición, Madrid 1970. En Gran Bretaña fue editada por Oxford University Press.

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