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IgnacioMora

DESMONTANDO “COSMOS”. RELACIÓN ENTRE CIENCIA Y POLÍTICA.

DESMONTANDO “COSMOS”. RELACIÓN ENTRE CIENCIA Y POLÍTICA.

 

 

 

Cuando en 1980 se estrenó la serie “Cosmos” producida por la televisión pública de California KCET, fue algo que en España tuvo un alcance ciertamente extraordinario en el momento en que solo la televisión pública TVE emitía programas en nuestro país.

Pero el éxito del programa estuvo en que , por primera vez, se trataba la historia de la ciencia de una forma amable, entretenida y, hasta cierto punto, rigurosa, y, sobre todo, el carisma personal y la gran facilidad de comunicar de su presentador y creador Carl Sagan, de sobra conocido. Las nuevas técnicas de efectos especiales que ya despuntaban, el grabarse en un formato específico para televisión, contribuyeron también a hacer de este programa algo que inspiró e influyó en la trayectoria profesional y de estudios de muchos jóvenes que en aquellos lejanos años 80 vimos la serie.

Si embargo, la originalidad, la frescura, las innovaciones plásticas y visuales de sus capítulos y, sobre todo, la temática y la forma de exponerlos por parte del presentador estrella, no son originales de esta serie ni de Sagan . Veamos esto más en detalle.

En 1908 nació en Lozt (actualmente Polonia, entonces parte del imperio ruso) Jacob Bronowski, en una familia adinerada de comerciantes de importación/exportación entre Polonia y Gran Bretaña. Con la Primera Guerra Mundial su familia se trasladó a Alemania al ser Lozt tomada por los rusos pero muy pronto iniciaron un nuevo exilio tras la derrota alemana y se trasladaron a Gran Bretaña. Jacob llegó a Londres con 12 años, en 1920, donde ya en la escuela primaria destacó por sus habilidades matemáticas y más en la secundaria, lo que le permitió entrar en Cambridge en 1928 y hacer estudios de matemáticas, en los que se graduó en 1933, el mismo año en el que obtuvo la nacionalidad británica. Sin entrar mucho en detalles de su biografía, Bronowski , mientras daba clase de matemáticas en una institución menor, el Hull University College, empezó a trabajar para el gobierno en diferentes cometidos, pero lo que nos interesa en este artículo es que , ya en una temprana fecha como 1946, entró a colaborar con la BBC haciendo programas en los que , junto con otros autores, intentaba divulgar los conocimientos científicos entre el público general. A parte de profesor y colaborador del gobierno en diversos proyectos, fue divulgador científico y también se caracterizó por tener un profundo interés por las humanidades, escribiendo sobre teatro, literatura e historia.

Para la BBC produjo, entre 1969 y 1972 la serie documental “El ascenso del hombre” en donde se hacía un repaso de los principales hechos científicos y filosóficos que jalonaron la historia de la humanidad y que tuvieron una especial relevancia para el avance del conocimiento humano. Esta serie fue presentada y lanzó al estrellato a Jacob Bronowski y lo hizo ser admirado, tanto en el Reino Unido como en otros países donde se emitió el programa. Entre sus productores estaban Adriam Malone y Jhon Kennard que pocos años después se fueron a Los Ángeles y allí los fichó la KCET (la televisión pública de California) y, es de suponer, que aportaron la idea de cómo debía ser una serie de divulgación científica, pues el resultado, Cosmos, tiene enormes similitudes con ”El ascenso del hombre”. La idea era presentar hechos científicos con rigurosidad pero de forma amena y con imágenes plásticas muy llamativas para ser aceptado por un espectador medio, culto pero no científico. Se le añade un discurso filosófico muy somero sobre la naturaleza del ser humano y de su conocimiento, ensalza las cualidades intelectuales del mismo, pero también los peligros que dicho conocimiento puede tener si lo utilizan mal los hombres (no olvidemos que estamos en plena Guerra Fría y la amenaza atómica tenía en vilo a la Humanidad) y se hacen recreaciones dramatizadas sobre la vida de grandes científicos del pasado que aportaron importantes conocimientos al acervo cultural. Ambas series, la de Bronowski y Sagan, nada mas terminar de emitirse, publicaron un libro con los contenidos de las mismas que también fueron grandes éxitos de ventas.

En las primeras páginas de su libro, Bronowski ya hace una declaración de intenciones y se puede considerar una buena introducción a la Geografía: “ el hombre no es una mera figura del paisaje: es un modelador del paisaje. En cuerpo y alma es un auténtico explorador de la naturaleza , el animal ubicuo, que no encontró, si no que hizo su hogar en cada continente” (pág 11). No sé si este polaco británico leyó o tuvo conocimiento de un germano-americano, estudiante en Alemania, que fue el geógrafo Carl Sauer. Para éste la geografía era el estudio de los paisajes, que eran dinámicos, y sus elementos no son aislados si no que todos se influyen mutuamente y se caracterizan porque es el hombre el que los modela y el que los crea, modificándolos y adaptando el medio natural a sus necesidades, pero siempre desde una perspectiva condicionada por la cultura que posea cada pueblo o los habitantes de una región. Por eso, al estudio de los paisajes humanizados los llama “geografía cultural”, que se puede definir como la forma de ocupar un territorio según las diferentes culturas presentes o pasadas en él.

Cada cultura da a las personas una forma diferente de ver el entorno , de apreciarlo o de actuar sobre él, de ahí que los paisajes que los seres humanos hacen sean considerados “culturales”, pues todas las personas actuamos según la cultura que poseamos y a la que pertenecemos. “Es un modelador del paisaje” nos dice Bronowski, no solamente un elemento más del mismo. Al final vemos que todas las ciencias están interrelacionadas y que el saber científico forma parte de la cultura humana, igual que las religiones o la literatura.

Según relata en una entrevista Bronowski, entendía así la ciencia, como una creación humana producto de la inteligencia, la misma que nos proporciona el arte, la belleza, la poesía. La línea que divide los conocimientos humanísticos y los científicos no es clara, ambos son fruto del ascenso del hombre en la escala evolutiva y están relacionados entre sí. Por este motivo hizo una serie centrada en el ser humano. Esta obra televisiva va a tener una continuidad en EE.UU. cuando la televisión pública del estado de California (KCET) decida hacer una cosa parecida por la influencia de un productor de la BBC que trabajó en El ascenso del hombre : Adrián Malone que se había trasladado a EE.UU en 1977 y muy pronto ficharía por la KCET que pretendía hacer una serie de divulgación científica de calidad. (POUNDSTONE 1999)

Este nuevo programa educativo se lo van a encargar a una persona singular y algo excéntrica pero que tenía una capacidad de comunicar enorme y ese fue Carl Sagan. En ese momento contaba con 43 años de edad y era un científico de valía reconocida (había participado en el proyecto voayager de la NASA) pero también algo controvertido dentro de la comunidad académica de aquellos años, precisamente por su afán de explicar la ciencia de forma sencilla y abierta al público.

Como astrobiólogo (entonces no existía ese término, pero hoy día lo calificaríamos así), Sagan empezó coqueteando con el fenómeno OVNI en su búsqueda de vida extraterrestre. Al comprobar que ese camino le cerraba muchas puertas, lo abandonó y luego abominó de él. En todas sus intervenciones televisivas, artículos o libros, quiso dejar muy claro que no creía en esas fantasías ni en fenómenos paranormales , que no tenían cabida en la ciencia. Era un querer borrar unas ideas de su pasado que luego le molestaron. Sin querer entrar aquí a pormenorizar la vida de tan insigne autor, por el que siento una gran admiración, pues para eso ya hay libros publicados y su propia autobiografía, tenemos que reseñar que su serie de TV, Cosmos ya no se centra tanto en el ser humano si no en lo que le rodea, por eso la va a llamar Cosmos y, matiza, que es una visión personal de la Naturaleza y de cómo el hombre adquiere su conocimiento. Copia de Bronowski la trayectoria de los seres humanos por conocer el entorno que les rodea, la realidad exterior a uno mismo de forma objetiva pasando de explicaciones míticas y fantasiosas a otras más racionales hasta llegar al método científico actual; desde la Grecia clásica (donde sitúa el comienzo de la ciencia) hasta el presente (era el año 1978) y los principales hitos del conocimiento científico.

Ni que decir tiene que la serie televisiva es una delicia para los que amamos la ciencia y su divulgación. Tampoco es este el lugar de comentar una producción de la que se ha hablado tanto durante años . El motivo de escribir estas páginas es poner de relieve un aspecto menos conocidos del Dr. Sagan que demuestra como muchas veces la formación científica no te evita caer en una sucesión de ideas vagas por el mero hecho de destacar y seguir estando en el candelero mediático.

Tras el éxito de “Cosmos”, Sagan empezó a perder notoriedad. Los medios de comunicación son así: te dan una enorme fama mientras estás en pantalla pero cuando dejas de salir en la TV y pasa un tiempo, la gente se olvida de ti y tu notoriedad decae de forma enorme. Carl Sagan recibió las mejores críticas y premios del sector pero en la comunidad científica más ortodoxa y académica seguían sin calar hondo sus propuestas. Su fama mediática también podía molestar y su carrera como comunicador mediático empezó a declinar a mediados de los años 80. Para salvar este retroceso en su popularidad, se sumó a una nueva teoría medioambiental que ya empezaba a estar en boga: “el invierno nuclear”.

Nos decía este constructo mental que en caso de una guerra atómica (no olvidemos que en los años 80 aún seguíamos en la guerra fría ) entre las dos superpotencias , se produciría una expulsión a la atmósfera de millones de toneladas de partículas de polvo y gases similar a la que se produce cuando impacta un gran meteorito contra el planeta o en erupciones volcánicas de gran magnitud y catastróficas.

Esta nube de polvo y gases reduciría la entrada de radiación solar que llega a la superficie terrestre durante varios años con lo que ésta se enfriaría debido a que no emitiría tanta radiación infrarroja (que es la que calienta el aire) y esto provocaría graves desastres ecológicos (1).

La teoría surgió a partir de los estudios de los norteamericanos Paul J. Crutzen y Jhon Birks (CRUTZEN y BIRKS 1982) y los rusos Kondratiev y Nikloski. Era sabido que las décadas de los años 60 y 70 del siglo XX fueron, a escala global, algo más frías que la media de los años anteriores de ese siglo. Este enfriamiento pudo ser explicado por los autores arriba mencionados, como el resultado de las explosiones termonucleares de gran potencia que la Unión Soviética y los EE.UU. hicieron a finales de los años 50 y principio de los 60 con las pruebas de las llamadas “Bombas H” basadas en la fusión del hidrógeno.

Estas explosiones provocan una bola de fuego que es capaz de alcanzar la estratosfera y su elevada temperatura crea una reacción entre el nitrógeno y el oxígeno atmosférico, generando óxidos de nitrógeno (NOx) que es un gas reflectante de la radiación solar. Esto, junto a la emisión de polvo, hizo ver que se producía un enfriamiento de la Tierra y supusieron que un masivo lanzamiento de estos artefactos en una guerra, seguiría la misma pauta y nuestro planeta se enfriaría de forma brusca en muy pocos años creando el efecto del “invierno nuclear”. Pero los cálculos que se hicieron entre 1980 y 1982, solo teniendo en cuenta la armas atómicas, no explicaban correctamente en pequeño enfriamiento terrestre de los años 60 y 70, por lo que hubo que buscar un nuevo factor que contribuyese a ello. Una vez más se echó mano de un volcán, en este caso de la erupción que, entre diciembre de 1963 y Enero de 1964, tuvo el volcán Monte Agung en Indonesia (isla de Bali) que fue una de las más virulentas del siglo.

Fue el matemático y físico soviético Vladimir Alexandrov en 1983, quien creó los modelos matemáticos e informáticos que permitieron predecir qué pasaría en caso de guerra nuclear según los megatones que se lanzaran las potencias y en ello tuvo un gran apoyo de su país que además le otorgó los privilegios de poder salir al extranjero (eso si, dejando a su mujer y a su hija en la URSS) y participar en investigaciones en los mejores centros sobre el clima y en congresos y conferencias internacionales. En este sentido, se le mandó a EE.UU. a estudiar en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas en Colorado (EE.UU.U durante tres ocasiones: 1978, 1980 y 1982. Debió ser en esta última estancia en América cuando tomó contacto con Carl Sagan, que ya era mundialmente conocido, y hablaron de las catástrofes medioambientales que una guerra nuclear traería a la Tierra y los desastres para la especie humana que podría verse sometida a una crisis de subsistencia sin parangón en la historia. Ambos acudieron al Vaticano (un soviético y un judío agnóstico) para convencer la Papa Juan Pablo II del problema antes mencionado.

En realidad fue un norteamericano, Richard Turco (TURCO et al. 1983), quien publicó en ese año de 1983, un artículo en “Science” sobre el tema. Enseguida los soviéticos pusieron a Alexandrov a trabajar junto el matemático Stanchicov y los dos crearon un modelo matemático para calcular las consecuencias que una guerra nuclear tendría sobre el clima de la Tierra. Muy pronto la KGB lanzó en occidente la idea que subyacía en este estudio : una guerra atómica entre las dos superpotencias aniquilaría la mayor parte de la vida en el planeta.

¿Querían los soviéticos tanto la paz mundial como entonces propagaban los medios afines?. La respuesta es si porque a principios de los años 80 el presidente norteamericano Ronald Reagan hablaba de crear un sistema de defensa estratégica llamado “guerra de las galaxias” que le daría una supremacía muy grande en caso de dicho conflicto. EE.UU. ya había puesto a trabajar a la industria tecnológica y armamentística en ello.

En la primera mitad de la década de los 80, la URSS atravesaba una grave crisis económica al desviar gran parte de sus recursos a la industria militar y retraerlos de otras actividades productivas. Además, desde un punto de vista político, la antigua Rusia, estaba dominada por la “gerontocracia” del PCUS. En los primeros 5 años de la década, tras la muerte de Bresniev en 1982, se sucedieron tres jefes del Kremlin: el antiguo jefe del KGB Yuri Andropov (1982-84) y Konstantin Chernienko (1984-85) hasta que en 1985 fue elegido secretario general del PCUS Mijail Gorvachov. Es en este delicado periodo de la historia soviética cuando se van desarrollar los acontecimientos de los que hablamos.

Cuando el presidente Reagan pone en marcha la iniciativa estratégica , en Moscú surgen las alarmas y se encienden todas las luces rojas de la seguridad pues los dirigentes comunistas saben que su economía no soportaría la carga de igualar la tecnología americana y más si tenemos en cuenta que, desde 1979, la URSS estaba interviniendo militarmente en Afganistán con resultados desastrosos.

La Unión Soviética hubiera necesitado tal inversión de dinero para poder igualar a la tecnología americana y crear su propio sistema de defensa antimisiles, que no podía afrontar de ninguna manera sin precipitarse a un colapso económico. Por ello el KGB pone en marcha una campaña para desacreditar los planes estadounidenses, apostando por la paz entre los pueblos y propagando la idea de que el conflicto entre los dos bloques de poder (capitalista y comunista) usando armas nucleares, solo podría traer la desaparición de gran parte de la vida terrestre y un cambio climático brutal y devastador que acabaría con toda la humanidad.

Se crean comités por la paz en todo el mundo occidental con financiación poco clara pero cuya finalidad era influir en políticos de Alemania, EE.UU., Gran Bretaña, Canadá etc. para que se opusieran a la idea del escudo antimisiles norteamericano y no dejar a la URSS en desventaja, puede que definitiva, en esta ocasión. Para ello el KGB se vale de Alenxandrov que tenía buenas relaciones con occidente. Se le envía a todo congreso y reunión científica que haya en occidente para divulgar su idea del “invierno nuclear” y establecer contactos con todo científico o periodista proclive a estas ideas. Sin una base teórica sólida y sin datos de observación suficientes, se consiguió difundir la idea de que un conflicto armado entre EE.U../ URSS supondría la aniquilación de la humanidad.

Carl Sagan fue uno de los que abrazaron esta postura y durante los últimos años de su vida defendió la idea catastrofista de que la guerra entre las superpotencias acarrearía el desastre definitivo para la especie humana, también se supo muy pronto que los fundamentos teóricos de esta hipótesis así con las simulaciones matemáticas que proporcionaban los modelos de Aleksandrov y Stenchukov, no eran válidos y que el invierno nuclear no sería tan catastrófico como propugnaban sus defensores, con lo que la Unión Soviética perdió una de sus bazas para presionar a EE.UU. y hacerles desistir de sus intenciones armamentísticas. . Sagan y Turco tuvieron que publicar, en 1990, una rectificación reconociendo los fallos y sus conclusiones fueron que la bajada de temperaturas sería de 2ºC y no supondría un desastres para los humanos. Esto dio alas a los críticos de Sagan y le cerró la puerta de la Academia Nacional de Ciencias, algo que sufrió en los últimos años de su vida. (POUNDSTONE, 1999)

En definitiva, la ciencia no es algo objetivo, aséptico y totalmente racional sino que, como toda obra humana, es percibida de forma interesada ideológica y cultural. La banalización de la ciencia, la creencia de que es infalible y que nos sacará de todos los males hace que sea un instrumento de manipulación perfecto. Cualquier idea que queramos difundir en nuestro beneficio solo tenemos que revestirla de “científica”, hacer que la apoyen algunos renombrados investigadores y académicos, pera que la población la acepte sin cuestionarse nada.

La ciencia es una construcción mental de los seres humanos. Forma parte de la cultura y según ésta así percibimos la realidad. Las personas no podemos dejar de lado nuestra parte emocional aunque nos enfrentemos a problemas científicos como demuestra el hecho de que la hipótesis de “invierno nuclear” fuese aceptada por Carl Sagan a pesar de que desde el principio había voces que avisaban de la endeblez del modelo matemático. Nos idicaría esto que la ciencia también está sujeta a los prismas de las ideologías y de las ideas preconcebidas. El llamado “sesgo de confirmación” existe y entre diferente estudios científicos aceptamos aquél que se adapta mejor a lo que pensamos y deseamos que sean las cosas. Sagan abrazó la hipótesis del “invierno nuclear” en consonancia con sus ideas ecologistas que intentaban salvar al planeta de las acciones humanas nocivas. Decidió aceptar esta idea en un momento, 1983, en que podría otorgarle de nuevo fama y notoriedad, sin analizar bien si el fundamento teórico era correcto. Aceptó la propuesta de Alexandrov porque era la que más le convenía sin adoptar el espíritu crítico que tanto había proclamado.

No se dio cuenta (por lo menos no a tiempo) que estaba siendo manipulado por la “inteligencia” soviética para frenar el avance tecnológico de EE.UU. en beneficio de la URSS que no podía alcanzarlos. Personas así, bien intencionadas, que quieren defender al planeta de un desastre causado por las ambiciones políticas, es lo que llaman “tontos útiles” en la jerga marxista. Ayudaban a la URSS (muchas veces sin saberlo) creyendo que apoyaban una causa noble y enriquecedora.

Vladimir Alexandrov sí sabía a quien estaba ayudando y era consciente que el modelo matemático en el que se basaba el “invierno nuclear” era imperfecto y no contemplaba toda la casuística que podía darse, aunque las autoridades del telón de acerolo obligaban a ir por el mundo predicando la teoría catastrofista de forma entusiasta y convencida y, lo más importante, persuadir a científicos occidentales del desastre que supondría la guerra atómica y presionasen a sus gobiernos y a la opinión pública para que abandonasen planes como “la guerra de las galaxias” que podrían en peligro la hegemonía soviética en beneficio de la norteamericana con la excusa de salvar el medio ambiente y la paz del mundo.

La afición desmedida de Alexandrov al alcohol y su cada vez mayor desapego a la teoría en ciernes, llevaron a los servicios secretos soviéticos a temer que pudiera decir la verdad y descubrir el engaño. No sabemos exactamente cuál fue su destino, peri¡o despareció de forma misteriosa durante su estancia en España para participar en una conferencia de que celebró en Córdoba (por cierto, organizada por el PCE que gobernaba entonces en esa ciudad andaluza, y que estaba dentro de un evento llamado “Encuentro de ciudades no nucleares”) en 1985.

Tras pronunciar su conferencia, regresó a Madrid en el coche oficial del ayuntamiento cordobés pero, poco antes de llegar a su hotel madrileño, se bajó del vehículo a unos metros del hotel en el que estaba hospedado, (nadie sabe si para ir caminando después del viaje desde Córdoba o para tomarse una copa en un pub cercano), el caso es que desapareció en ese trayecto y nadie lo ha vuelto a ver desde entonces. La mayor información la tenemos en un artículo del diario “El País” (2).

Estas historias demuestran que la ciencia y los científicos no son inmunes a las maquinaciones de los políticos ni a la visión sesgada que de la realidad nos pueden dar nuestras ideas preconcebidas o la ideología política que tengamos. Interpretamos esa realidad no como fríamente se nos presenta con datos objetivos, si no que la vemos según las ideas que ya tenemos y tendemos a apartar aquellos datos que no concuerdan con ellas.

Todo el método científico , base de la ciencia actual, no es más que un intento de poder percibir la realidad tal y como es y conocer el mundo exterior a nosotros (la “res extensa” que llamaba Descartes) de forma objetiva. Si bien el método es correcto, este empeño no se ha logrado del todo. Los humanos seguimos basándonos, para conocer el mundo, en las ideas que vamos elaborando de él, a veces trasmitidas a través de la cultura por medio de la socialización, a veces por nuestras propias experiencias que interiorizamos y nos van configurando una visión de la realidad peculiar de cada uno de nosotros.



Los regímenes totalitarios son los que más han manipulado la ciencia en beneficio de una ideología concreta de la que había que convencer al pueblo y para el que la palabra ciencia es algo casi sagrado, con mucha credibilidad. Desde las teorías racistas que pretendían apoyarse en conceptos antropológicos y biológicos para justificar que unas razas eran superiores a otras, hasta el caso Lysenko en la Rusia soviética de Stalin que elaboró una teoría evolutiva que se ajustaba mejor al marxismo-leninismo y a su concepto de hombre nuevo que surge cuando la infraestructura económica cambia y la clase opresora desaparece. No olvidemos que, a finales del s. XIX, el marxismo llamó a su corpus teórico” socialismo científico” que se consideraba el único con visos de realidad y digno de ser estudiado. Al fin y al cabo, el marxismo no pasa de ser un sistema filosófico que está muy lejos de cumplir todos los requisitos del método científco.

Abundando sobre lo que hemos dicho más arriba, no debemos olvidar que durante el periodo stalinista en la URSS, se potenció desde el poder las teorías fabulosas del pseudocientífico Trofim Lysenko (1898-1976) que, con gran desconocimiento de la genética, pensaba que las especies vegetales podían modificarse sometiéndolas a ciertas condiciones que les hacían adquirir caracteres perdurables. Sometiendo a semillas de vegetales comestibles (leguminosas y cereales) a temperaturas muy bajas y luego hibridando las que seguían vivas con otras que no habían sido sometidas a este proceso, pensaba conseguir plantas resistentes a las bajas temperaturas siberianas y crear así campos de cultivos donde antes sólo la estepa podía prosperar. Estos postulados pesudocientíficos fueron convenientes al régimen soviético que, a base de propaganda, exaltaba los logros de la ciencia soviética como algo que iba a mejorar las condiciones de vida del pueblo campesino ruso. Nadie podría decir que “el rey va desnudo”, las críticas a la versión oficial eran reprimidas y castigadas como fue el caso del prestigioso botánico y genetista Nikolai Vavilov. Las ideas de Lysenko hubieron de ser aceptadas por los biólogos so pena de caer en desgracia para el régimen, cosa que podría suponer el encarcelamiento y la muerte.

En el otro espectro político, la Alemania nazi, se intentó llevar a cabo la llamada “Ciencia aria” en contraposición a la “ciencia judía” como si tal cosa pudiera ser cierta. Los estudios raciales y la supuesta superioridad de los arios, se intentó incluir en el campo de la antropología y de la historia y reputados científicos intentaron demostrar esas teorías que justificarían la eliminación de pueblos considerados “impuros o degradados”.

Es algo parecido a lo que hemos comentado del caso Vavilov. Desde la cúpula del poder establecido se difunden una directrices de aquello que debe decir la ciencia sobre determinados temas (biológicos, históricos, ecológicos…) y sí surgen personas que disienten de ellos, con razón o sin ella (la ciencia siempre tiene que considerar las críticas, pues de ello surge su avance) se las reprime. Antes era una represión física que incluían la tortura y la muerte, hoy sería una represión psicológica consistente en echarte del mundo académico, insultarte en los medios de comunicación y apartarte de todo debate abierto sobre el tema en el que tengas tu propia opinión. En la actualidad, a toda persona que disienta del discurso oficial sobre un tema medioambiental, histórico, biológico, se le llama “negacionista” haciendo referencia a un término que en Alemania indica a las personas que niegan el holocausto, y que allí, con su sistema legal, es delito igual que la apología del nazismo, pero que en otros países de Europa, incluida España, significa que se niegan cosas que están aceptadas por la ciencia “oficial” y por los poderes políticos.

























NOTAS







  1. Años después, esto le va a servir a W. Álvarez para explicar la causa de la desaparición de los dinosaurios tras el impacto del meteorito del Yucatán a finales del periodo Cretácico.



  1. Manuel Ansede y María R. Sahuquillo: “El científico soviético que desapareció en el Madrid de la Movida” en el diario El País, del 11 de Enero de 2019. (sección Materia/Ciencia).



















BIBLIOGRAFÍA.



    - ANSEDE, M. y SAHUQUILLO M. R. : “El científico soviético que desapareció en el Madrid de la Movida” en diario El País del 11 de enero de 2019 (sección Materia/Ciencia)



  • BRONOWSKI, J. El ascenso del hombre. Ed. Capitán Swing, Madrid 2016 (Existe otra edición en español publicada en México en 1985).

  • CRUTZEN, J.P. y BRIKS, J. : "The Atmosphere after a nuclear war: Twiligth a Noon" en AMBIO. A journal of the Human Environment. Nº 11, pp. 114-125, Junaury 1982. DOI 10 1007 978-3-319-27460-7-5.



  • POUNDSTONE, W. Carl Sagan. Una vida en el cosmos. Ed. Akal, Madid 2015. (La edición original en inglés es de 1999).

     

  • RID, Th. Desinformación y guerra política. Historia de un siglo de falsificaciones y engaños. Ed. Crítica, Barcelona 2021 (Reseñado en el diario El Mundo en su sección Papel el 28/3/2022).

 

  • SAGAN, C. Cosmos .Ed. Planeta, Barcelona 1980.



  • SAGAN, C. Miles de millones. Pensamientos de vida y muerte en la antesala del milenio. Ed. Ediciones B, Barcelona 1998.





  • SAGAN, C y TURCO, R. Un efecto imprevisto. El invierno nuclear. En Biblioteca de Divulgación Científica nº 36 de la revista Muy Interesante , Madrid 1991.



  • TURCO, R.P., ACKERMAN, T. P. , POLLACK, J.B. Y SAGAN, C. : “Nuclear winter: global consecuences of multple nuclear explosion” en Science (4630) pp. 1283-1292, New York, 1983. PMID 17773320.

     

  • TURCO, R.P., TOON, O.B., ACKERMAN, T.P., POLLACK, J.B. y SAGAN, C. : "Climate andsmoke: an apprasial of nuclear winter". en Science, nº 247, pp. 166-176, New York 1990. PMID 11538069.

     





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