EL PROYECTO DE BOMBA ATÓMICA ESPAÑOL
En julio de 2023 estrenaron en los cines de todo el mundo la película “Oppenheimer” dirigida por Robert Nolan e interpretada por Cillian Murphy que ha tenido un gran éxito a nivel mundial. El largometraje está basado en un magnífico libro de 2005 titulado “Prometeo americano. El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer” escrito por los periodistas Kai Bird y Martin J. Scherwin y que fue merecedor de un premio Pulitzer. Como es natural no se va a hacer en esta entrada del blog una crítica cinematográfica ni literaria de la obra. Vamos a tratar aquí algunos aspectos tangenciales que trajo como consecuencia la fabricación de armas nucleares que, de alguna manera, afectaron a nuestro país.
Los aspectos técnicos y científicos que supuso este hecho ya están reflejados en las dos obras que he mencionado, así como la tragedia personal que para Oppenheimer supuso su participación en el “Proyecto Manhattan”. Se trata en este artículo de ver cómo la política que siguió EE.UU., tras la Segunda Guerra Mundial, influyó en el hecho que da título a este trabajo: la construcción de un arma atómica por parte de España que la introdujera en el club atómico mundial, que entonces era muy reducido. Este proyecto, llamado “Islero” fue llevado a cabo entre 1963 y 1973 y no llegó a completarse por motivos políticos que más tarde comentaremos. Todo está documentado en diversos trabajos y libros de los que, los más importantes, pasamos a expresar en la bibliografía. Se trata el presente trabajo de un artículo divulgativo que pretende contar este hecho, no muy conocido, de la historia de la ciencia española. Si fue una pretensión fantasiosa y por encima de las posibilidades de la ciencia española o, por el contrario, estuvo a punto de poder realizarse demostrando que nuestros científicos e ingenieros tenían un nivel comparable al de otros países y eran perfectamente válidos para llevar esa tarea a término, es algo que han de juzgar ustedes, que tan amablemente leen esta entrada.
La historia de la energía nuclear en España comenzó en octubre de 1948 cuando un grupo de militares y científicos españoles se reunieron en el Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada con el fin de constituir el organismo denominado Junta de Investigaciones Atómicas, al que no se le dio demasiada publicidad por las suspicacias que este tipo de estudios levantaba en otras potencias. Así pues, desde un principio, la investigación nuclear española recayó en manos militares. El Jefe del Estado siempre confió en el Jefe del Alto Estado Mayor del Ejército para esta misión lo cual indica que el desarrollo de este tipo de investigaciones tuvo una finalidad militar que era la construcción de una bomba. Y es aquí donde entra en escena la primera de las figuras protagonistas de este acontecimiento: José María Otero de Navascués, Marqués de Hermosilla y militar de la armada española, donde llegó al empleo de contraalmirante. Desde los 15 años ingresó en la Academia de Artillería de la Armada y con 21 años, en 1928, se graduó como teniente. Debido a sus buenas notas y a su gran interés por la ciencia, consiguió que la Junta para la Ampliación de Estudios le otorgara una beca para estudiar en el Instituto Politécnico de Zurich y, posteriormente, en el Instituto de Óptica de Berlín donde permaneció hasta 1932 que regresó a su país. En este tiempo llegó a conocer a figuras tan destacadas de la física como Werner Heisenberg (que trabajaría en la fabricación de la bomba atómica alemana, aunque sin conseguirlo, durante la Segunda Guerra Mundial) y a Otto Hahn) quien demostraría, pocos años después(1938)que el átomo podía fisionarse y desprender energía. Al comenzar la Guerra Civil no combatió con ningún bando pues se refugió en el consulado de Noruega temiendo ser represaliado por las milicias republicanas que se hicieron dueñas de la ciudad y no se conoció actividad suya durante el conflicto. Una vez terminado éste, el gobierno del bando vencedor lo reincorporó a la Armada debido a su categoría de militar, a su conocido catolicismo y a su condición de aristócrata.
Tras finalizar la guerra, fue nombrado jefe del laboratorio de óptica de la Armada donde, en 1942, realizó uno de sus principales descubrimientos: la llamada miopía nocturna, que le permitió construir lentes e instrumentos ópticos que hicieron que la visión nocturna aumentara un 66%, según reconocen algunos de sus biógrafos (Pérez Fernández, 2016), en colaboración con el Instituto de Óptica Daza de Valdés del CSIC.
Su gran capacidad para el aprendizaje de idiomas (inglés, francés y alemán)le permitió visitar instituciones científicas de otros países: en 1947 viaja a EE.UU. acompañado del físico y matemático Armando Durán donde visitan Universidades y el laboratorio Nacional de Argonne en Chicago dedicado a la investigación del uso pacífico de la energía atómica. Su misión, a parte de recabar información de los avances en energía nuclear que allí se hacían, era allanar el camino para que jóvenes físicos españoles se formaran allí y traer así los conocimientos pertinentes a España.
En 1948 se traslada a Alemania para entrevistarse con Werner Heisenberg con el fin de pedirle asesoramiento en el desarrollo de la energía nuclear en España, incluso le llegó a ofrecer que trabajara en nuestro país, cosa que el alemán rechazó pero no se negó a colaborar (Sánchez Ron, 2020).
Pero el hecho que nos ocupa aquí se produce en 1963 cuando el jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, teniente general Agustín Muñoz Grandes, le encarga comenzar las investigaciones para la construcción de la primera bomba atómica española. En ese momento, Otero de Navascués era contralmirante de la Armada y presidente de la Junta de Energía Nuclear, que se había creado en 1951 como órgano independiente para desarrollar la energía nuclear con usos pacíficos. Este encargo revistió un carácter discreto. Se intentaba usar las instituciones ya existentes pero ampliándolo a un ámbito militar que no debía ser conocido.
Cuando a José María Otero se le encomendó en 1963 el Proyecto Islero (así lo bautizó él, con el nombre delo toro que mató al mítico Manolete)), nombró como director técnico a Guillermo Velarde, otra figura clave en esta historia. Ingeniero del Ejército del Aire se encontraba en ese momento ampliando estudios en EE.UU. en el Laboratorio Nacional de Argonne donde estudiaba el uso pacífico de la energía nuclear (fruto de las gestiones de Otero de Navascués había hecho unos años antes en EE.UU.). Como buen militar que era, ante la llamada de un superior, regresó a España y se puso a trabajar a las ordenes del contraalmirtante Otero. El trabajo que se realizó en el Proyecto Islero hay que ponerlo en un contexto que tiene tres puntos de atención:
- En 1961 Francia había construido su bomba atómica y se había convertido en el 4º país en tenerla (tras EE.UU., la URSS y Gran Bretaña). España no podía dejar de ver esto como una amenaza, teniendo en cuenta que Marruecos se había independizado en 1956 y era un fiel aliado francés. Además, la independencia del protectorado español en Marruecos aún dejaba flecos por resolver como eran los temas de Sidi Ifni, Sahara, Ceuta y Melilla. Es decir, teníamos un vecino al norte con el arma nuclear y un vecino al sur íntimo aliado del primero, que tenía potenciales puntos de conflicto con nosotros (como así fue).
- Desde 1951 el armamento atómico se compone de las llamadas armas termonucleares, más conocidas como "bombas H" por tratar se artefactos basados en la fusión del hidrógeno. España se planteó construir un prototipo similar, si bien su construcción requería un nivel técnico superior, pues había que hacer una bomba de implosión de plutonio sobre una masa de deuterio o tritio (isótopos del hidrógeno con uno o dos neutrones en el núcleo) y que son los indicados para realizar la fusión nuclear que es lo que genera la enorme liberación de energía de estos artefactos.
- En este momento, el mundo occidental se encontraba en una situación muy peligrosa dentro de la "guerra fría", tras la crisis de los misiles de Cuba de 1962 que a punto estuvo de provocar la Tercera Guerra Mundial y el apocalipsis nuclear tan temido. La "guerra fría" estaba alcanzando su momento culminante.
El "Proyecto Islero" tenía que empezar por construir un pequeño reactor nuclear cuya finalidad sería producir plutonio, elemento esencial para la construcción de la bomba H, que era la que se perseguía. El barrio madrileño de Moncloa, donde tenía sus instalaciones la JEN, fue el elegido para ello (nótese la incongruencia de poner una central nuclear en el centro de Madrid) y de forma discreta se empezó a trabajaren la idea.
Como ya se ha dicho, el jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, teniente general Agustín Muñoz Grandes, encargó a Otero iniciar los primeros pasos para tener la bomba atómica española. La JEN empezó dos proyectos en paralelo: por un lado el “pacífico” y del que se hablaba y que era la construcción de un reactor de fisisón para la producción de energía eléctrica en colaboración con la empresa privada, pero a ningún entendido se le escapa que una central nuclear produce una cantidad de plutonio resultado de la desintegración del U-235. En este aspecto se contó con una discreta colaboración de científicos franceses que ya había hechos el reactor Charles de Gaulle. En España culminaría esta colaboración con la puesta en funcionamiento de la primera central atómica española en 1968, la de Zorita de los Canes en Guadalajara. La segunda línea de investigación, la más oculta, fue precisamente la que nos ocupa aquí: la construcción de la bomba.
A este respecto, lo primero que tuvo que hacer Guillermo Velarde junto con sus colaboradores, fue hacer los cálculos que permitieran saber la cantidad de deuterio y tritio que había que usar así como la presión y la temperatura que se ha de alcanzar con la implosión de la bomba de plutonio que desencadenaría la fusión de los isótopos de hidrógeno de la bomba H. En estos estudios no se llegaba a conclusiones válidas pues, aunque se conocían los principios del funcionamiento de la bomba H desde que Eduard Teller, la diseñara e hiciera su primera prueba en 1952, su mecanismo de ignición era una pequeña bomba de plutonio en forma de esfera que rodeaba a la masa de hidrógeno (en sus dos forma isotópicas)y provocaba la fusión. Este sistema requería de una alta eficacia de la implosión del plutonio, para que con poca cantidad, provocase la fusión del hidrógeno. Este mecanismo de ignición era algo muy secreto que apenas se conocía y que EE.UU. mantenía totalmente oculto.
En este aspecto el “proyecto Islero” contó con un hecho fortuito que ayudó a resolver el problema. El 17 de enero de 1966, sobre la localidad de Palomares (Almería), un bombardero estratégico B-29 de la USAF que regresaba de Italia a EE.UU. inició una maniobra de reabastecimiento en vuelo con un avión cisterna KC-135, que había salido de Morón de la Frontera y que fue fallida con la consecuencia de que las dos aeronaves chocaron en vuelo y se destruyeron con el resultado de 7 tripulantes muertos (los 4 del KC-135 y 3 de los 8 del B-29). Esta última aeronave transportaba 4 bombas termonucleares que cayeron, 3 en tierra, que fueron pronto recuperadas y una en el mar que se tardó varios meses en encontrar gracias a la ayuda de un pescador de la zona.
Este accidente permitió a la JEN acceder a la zona a la que cayeron las bombas para delimitar las áreas contaminadas y la cantidad de radiación que había medida en bequereles (Bq). La JEN , a petición del ministro del Ejército teniente general Muñoz Grandes, envió al entonces comandante Guillermo Velarde (que recordemos, ya estaba en el proyecto Islero desde hacía tres años cuando Otero de Navascués lo trajo de EE.UU) para analizar la zona afectada y "colaborar" con las autoridades americanas. En esas inspecciones, Velarde encontró espuma de poliestileno que, dedujo, servría para envolver la bomba de plutonio con el fin de incrementar la temperatura tras la explosión de la misma y permitir la fusión del hidrógeno. Junto a sus colaboradores, ya en Madrid, creó un sistema de ignición como el usado por los norteamericanos y llamado "proceso Teller-Ulam" en honor a sus dos creadores, el físico Eduard Teller y el matemático Stanislav Ulam que lo habían ideado en 1951 y que, básicamente, consistía en iniciar la fusión nuclear con una previa explosión de fisión, de pequeña potencia pero con un recubrimiento especial para retener la mayor cantidad posible de rayos X y conseguir una mayor eficacia.
Nunca sabremos hasta qué punto España estuvo cerca de conseguir su bomba atómica. Suponemos que los cálculos de Velarde y sus colaboradores eran correctos, pero nunca se hizo una prueba para comprobarlo. La consecuencia concreta fue la inauguración en diciembre de 1968 de la Central de Zorita de los Canes en Guadalajara (llamada José Cabrera)y en los años setenta, las de Valdellós y Santa María de Garoña, pero su utilización con fines militares fue retenida por la jefatura del Estado por los problemas de política exterior que esto podría causar. Es conocido que en 1973 el almirante Luis Carrero Blanco, a la sazón presidente del gobierno, quiso reactivar el proyecto de bomba atómica ( De ANDRÉS MARTÍN, 2005 y SÁNCHEZ RON, 2020) y que esto provocó un rotundo rechazo por parte de la administración norteamericana cuya política exterior encabezaba Henry Kissinger quien visitó nuestro país los días 18 y 19 de diciembre de 1973, un día antes del asesinato del presidente del gobierno, con el que también tuvo un encuentro. Las especulaciones sobre este crimen han sido muchas pero no hay documentación que nos haga decantarnos por alguna de ellas, por lo que no vamos a entrar en especulaciones conspirativas.
Lo cierto es que tras la muerte del almirante Carrero, el proyecto de construcción de la bomba española se para y no vuelve a aparecer en ninguna documentación oficial y tras el fallecimiento de Franco no se volvió a intentar y España se quedó fuera del "club atómico" con lo que su capacidad de disuasión de posibles enemigos se redujo. La presión norteamericana en los últimos y delicadísimos años del franquismo y en los primeros gobiernos de la democracia, que dependían del apoyo internacional para existir y la grave situación económica de los años 70 (crisis de 1973), hicieron que la idea de construir una bomba atómica española se abandonase definitivamente.
BIBLIOGRAFÍA
- DE ANDRÉS MARTÍN, J.R., José María Otero de Navascués: la baza nuclear y científica del mundo hispánico durante la Guerra Fría. Ed. U.A.T., México 2005.
- PÉREZ FERNÁNDEZ-TURÉGANO, C., José María otero de Navascués, un marino comprometido con el desarrollo nuclear en España. Ed. Sociedad Nuclear Española, Madrid 2016.
- SÁNCHEZ ROM, J.M., El país de los sueños perdidos. Ed. Taurus, Madrid 2020.
- VELARDE PINACHO, G., Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares. Ed. Guadalmazán, Madrid 2016.
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