1575
El año 1575 fue para la corte del “rey Prudente” un año algo excepcional, pues el mayor imperio del mundo, que era España, donde no se ponía el Sol, tuvo que declarar la quiebra de la Hacienda y el abandono de los pagos que el Estado debía hacer por la deuda pública (los juros). Aunque nos parezca lejano, fue un año complicado y a la vez con situaciones que no nos son tan lejanas habida cuenta del momento de crisis económica que atravesamos. Queríamos mantener un imperio con una economía débil, sustentada en el reino de Castilla, magro de recursos y de población; además, la construcción de El Escorial, que desde 1563 hasta 1584 estuvo en obras, requería unos recursos abundantes, si bien eran las guerras para mantener la hegemonía en los Países Bajos lo que más vaciaba las arcas del Estado.
Para la fecha con la que hemos iniciado este artículo, la gran residencia-monasterio de El Escorial no estaba aún terminada, el monarca había trasladado ya dependencias allí, en las zonas que los constructores habían ido terminando y habilitando para la residencia real. Entre ellas se encontraba la biblioteca, destinada a ser una de las más importantes de la Cristiandad y por lo tanto del mundo. Es bien sabida la afición del rey a los libros, así como a todo tipo de saberes y conocimientos, incluidos aquellos que se consideraban ocultos. Será en el año de 1575 en el que se produzcan dos hechos, aparentemente inconexos, pero que tendrán una especial relevancia para la cultura española.
En primer lugar, el encargo al sacerdote extremeño Benito Arias Montano de organizar la biblioteca del monasterio y en segundo lugar, el nombramiento de geógrafo real al flamenco Abraham Ortelio. Ambos intelectuales son de sobra conocidos por los historiadores que han tratado sobre este periodo y su valía intelectual es incuestionable. No se trata aquí de hacer una semblanza biográfica de ambos personajes, pues se puede encontrar en cualquier enciclopedia y hay ya una amplia bibliografía sobre ellos, pero sí hay un detalle que une a ambos y que debió ser un vínculo muy grande entre los dos sabios, si bien el nexo de su amistad era peligroso para aquellos tiempos en los que la Inquisición vigilaba todos los movimientos de los intelectuales y del las gentes del común en aras de una mayor unidad de la Santa Madre Iglesia. Este nexo se trata de la amistad que tuvieron ambos con el impresor y tipógrafo flamenco Plantino, un extraño individuo que había pertenecido a la familia Charitatis una secta cristiana que defendía que el ser humano debe escuchar la voz de Dios en el interior de su propio corazón, explorar su interior para conocer a la divinidad, que es común para todos independientemente de la confesión a la que se pertenezca.
Plantino tenía un taller de imprenta en Amberes que había alcanzado un gran prestigio por la calidad de sus obras e impresiones. Arias Montano lo debió conocer hacia 1568 cuando viajó hasta la ciudad flamenca con el encargo de imprimir la Biblia Regia con la que Felipe II quería imitar a la Políglota Complutense de la que quedaban escasos ejemplares en el imperio. El encargo a Arias Montano se debió a su gran prestigio como teólogo y erudito (había participado en el Concilio de Trento). Fue a su regreso de Amberes, siete años después, cuando recibió el encargo de la biblioteca escurialense y también en ese año de 1575 Abraham Ortelio había acabado de imprimir, en los talleres de Georg Braum, su obra cumbre Theatrum orbis terrarum, un atlas que era el más avanzado de la época y que sirvió de modelo en décadas posteriores, si bien sus obras posteriores : Parengon et nomenclator ptolomeicus (1579) e Itinerarium per nonnullas Gallicae Belgium partes (1584) fueron publicadas por Plantino, con lo cual es incuestionables que ambos conocían al impresor.
Arias Montano y Ortelio, que debieron conocerse en la ciudad flamenca de Amberes, entablaron una estrecha amistad en El Escorial y a su vez ambos estaban muy bien considerados por el monarca, con lo que su carrera era muy prometedora pero ambos abandonaros la corte escurialense en 1584, retirándose el primero de la vida pública (tras el abandono de la corte se fue a su finca de Peña Alajar, Huelva, lugar muy querido por él para su solaz y esparcimiento) y el segundo volviendo a su tierra natal para continuar su labor de cartógrafo y de coleccionista de antigüedades. Curiosamente los dos murieron el mismo año que el rey: 1598. Ortelio, tras su salida de Madrid tuvo tiempo de publicar su Thesaurus geographicus en 1587 y nuevas ediciones del Theatrum... que, al contrario que en España, tuvo muy buena acogida en Europa.
La cuestión radica en saber el motivo por el que estos dos eruditos, amantes del saber, de los conocimientos de su época, amigos y estando en un puesto en la corte envidiable, dejaron todo esto a la vez y siguieron sus caminos en la vida alejados del mundanal ruido de un sitio tan significado como la corte del rey prudente. No existe documentación sobre el tema. Los documentos de la época que hacen referencia a estos sabios hablan de sus logros, sus obras, incluso encontramos algunas críticas, en concreto a la obra de Ortelio por parte de la intelectualidad española, pues tras su llegada a España y la presentación de su obra, apenas hay referencias de él en autores españoles de finales del s. XVI y tras su salida de nuestro país, su huella fue muy leve en la geografía española si bien su Theatrum orbis terrarum, en sucesivas ediciones se siguió publicando hasta 1612 y ha quedado como prototipo de cómo se debe estructurar un atlas geográfico. Benito Arias Montano ha tenido un mayor reconocimiento, tanto en su época como en posteriores, pues ya era reconocida su valía intelectual antes de ser nombrado bibliotecario de El Escorial pues había impresionado con sus conocimientos desde muy joven, no obstante, tanto él como su amigo Abraham Ortelio salieron de forma rápida y casi simultánea de la corte de Flipe II, este es el tema al que queremos dar respuesta en el presente artículo.
Creo que la clave está en recordar que ambos habían conocido a Plantino y que también supieron de las ideas de la familia Charitatis durante su estancia en Amberes, que no olvidemos era la ciudad natal de Ortrelio y donde entablaron conocimiento, amistad y una admiración mutua que perduraría en sus años escurialenses. Durante los primeros años de la corte en este monasterio de la sierra madrileña, el monarca había manifestado una actitud “abierta” hacia ciertos saberes ocultos que a él le interesaban como la astrología y la alquimia, pues es sabido que llamó esta corte a alquimistas europeos en el vano intento de conseguir la piedra filosofal.
La salida de la corte de Benito Arias Montano en 1584 tiene algo de misterio. La explicación que la historiografía más académica otorga a este hecho está en relación con su oposición a la política que España seguía en los Países Bajos y que conocía muy bien por su estancia allí durante los trabajos de publicación de la Biblia Regia. En una carta escrita a una amigo señala que ante la actuación española en aquellas tierras : se sentía horrorizado “por la soberbia de nuestra nación española que es intolerable” (Herry Kamen 2004, pág. 548) e igualmente este autor indica que el rey Felipe : criticó a algunos de sus consejeros más eminentes, como Arias Montano, por su inclinación a la postura neerlandesa (Herry Kamen 2004, pág. 576). Si bien esta posición ante la política española en Flandes pudo influir en su salida de la corte, es más probable que se deba a que su amado monarca encargó al Cardenal Arzobispo de Toledo don Gaspar de Quiroga en 1583 un nuevo índice de libros prohibidos: Index et Catalogus librorum pohibitorum que parece indicar una vuelta a la más estricta ortodoxia religiosa por parte del rey, y esto amenazaría a dos personajes de la corte que habían gozado de una libertad grande en un ambiente de humanismo y admiración por la sabiduría y conocimientos que había auspiciado un monarca tan contradictorio y controvertido como Felipe II. y también de las inevitables envidias que su valía y preponderancia en la corte causaban entre otros intelectuales, la mayoría del estamento eclesiástico. El mismo motivo pudo haber impulsado a Abraham Ortelio a abandonar nuestro país en el mismo año que Arias Montano y uno después que el Arzobispo de Toledo tomara preponderancia en la corte. El prelado, con su intento de volver a poner barreras a la difusión del conocimiento, pudo hacer pensar a Arias Montano y a Ortelio que podrían ser puestos en el punto de mira de la Inquisición y del clericalismo más intransigente y, por lo tanto, tener problemas por estar en puestos tan destacados, así la salida de la corte y su retirada a sus lugares de origen a sus actividades favoritas pasarían más desapercibidos podrían continuar con su afán de conocimiento y sabiduría.
BILIOGRAFÍA:
BECARES BOTAS, Vicente: Arias Montano y Plantino. El libro flamenco en la España de Felipe II. Universidad de León. León 1999.
BUISSERET, David: La revolución cartográfica en Europa, 1400-1800: La representación de los nuevos mundos en la Europa del Renacimiento. Paidos Ibérica. Barcelona 2004.
CHARLO BREA, Luis: Correspondencia con Benito Arias Montano. CSIC, Madrid 2007.
FONTÁN, Antonio: Príncipes y humanistas. Marcial Pons, Madrid 2008.
HANSEL, Sylvaine: Benito Arias Montano: Humanismo y arte en España. Universidad de Huelva. Huelva 1999.
KAMEN, Henrry: Imperio. La forja de Esapaña como potencia mundial. Suma de letras. Madrid 2004.
VV.AA.: Benito Arias Montano y los humanistas de su tiempo. Editora Regional de Extremadura, 2006.