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IgnacioMora

LA GUERRA DE UCRANIA A LA LUZ DE HUNTINGTON, TOYNBEE Y SPENGLER.

LA GUERRA DE UCRANIA A LA LUZ DE HUNTINGTON, TOYNBEE Y SPENGLER.

 

 

Ninguno de ellos está ya vivo. Por sus fechas de nacimiento, Spengler sería el más viejo, pues nació en 1880 (aunque fue el que más pronto murió con 56 años en 1936) y el más joven el norteamericano Samuel Huntington que vino al mundo en 1927 y falleció en 2008, pero los tres fueron historiadores y preocupados por aquellos mecanismos que mueven a los seres humanos a crear naciones, estados, imperios y culturas que luego, invariablemente, terminan y dan paso a otros periodos históricos. Todos se dieron cuenta que las grandes civilizaciones que se ha sucedido a lo largo de la historia de la Humanidad han desparecido y, aunque han dejado una huella indeleble, ya son meros recuerdos en los libros de historia, en documentales o en películas que, muchas veces, ni siquiera conocen bien la realidad de esos periodos históricos. Cabría preguntarse ¿qué queda del Egipto faraónico, del imperio romano, o de los poderosos Mayas, Incas o Aztecas?.

Los autores que encabezan el título del presente artículo meditaron hace muchos años sobre este particular y sus conclusiones influyeron en muchos pensadores posteriores de temas políticos y sociales, pero en la actualidad no se recogen en casi ningún estudio, pues las conclusiones a las que llegan no concuerdan con las tendencias que el progresismo ha impuesto en las universidades y quiere implantar en la sociedad.

Cuando Spengler afirma que una civilización termina cuando los valores morales de su clase dirigente se corrompen, no puede ser del agrado de los políticos que gobiernan los países actualmente. O bien que, de forma inevitable, nuestra civilización occidental está en su fase final pues es un estadio de desarrollo por el que tienen que pasar todas las civilizaciones, puede dar lugar a que los ciudadanos de los países de este ámbito cultural piensen que sus dirigentes, sabiendo esto, no están actuando bien.

Si el mundo occidental ha estado dominado, durante los últimos 200 años, por países anglosajones (primero por Gran Bretaña y luego Estados Unidos) estamos viendo como este poder económico, político y militar está ensombreciéndose a favor de potencias como China, aunque no se puede cantar victoria –en nuestro caso derrota- pues el mundo occidental siempre ha sacado adelante sus intereses con ingenio y conocimientos. No podemos saber cómo acabará este cambio de hegemonía o si lo habrá pues no tenemos la perspectiva histórica. Lo que sí es seguro es que siempre que ha habido un cambio de potencia hegemónica, se han producido guerras de reajuste por el control del poder mundial.

Huntington aboga por que las próximas guerras (siguientes a 1993) serán entre civilizaciones. Realmente el fin del comunismo en Rusia no supuso “el fin de la historia” pues lo que sucedió tras el golpe de estado de agosto de 1991 fue que el comunismo mostró su verdadera cara: la nomenclatura del partido único (PCUS) controlaba los medios de producción y la economía del país, sólo que durante la época soviética, lo hacía de forma oculta manteniendo el discurso de que los bienes de la nación eran del pueblo pero, eso sí, a través del Estado que a su vez estaba gobernado por un solitario partido. Simplemente, tras la ilegalización del PCUS en 1991 y la desaparición de la URSS, lo único que hicieron los dirigentes soviéticos fue legalizar algo que desde hacía décadas venían haciendo de forma oculta pero conocida por todos: el aprovechamiento en beneficio propio de los bienes del Estado. El comunismo desapareció pero sus dirigentes siguieron ocupando sus altos puestos en la administración. Salvo casos muy contados, la cúpula del ejército soviético siguió siendo la misma que en la Rusia postsoviética y los que eran de otras nacionalidades se fueron a sus repúblicas con el mismo rango. Los altos funcionarios quedaron en sus puestos y la nomenclatura, no solo conservó sus privilegios, sino que además fue la que se quedó con las empresas más importantes del país.

No solo los altos cargos del partido único se enriquecieron con la privatización de las empresas estatales. Antes de la caída del comunismo, ya existían en la antigua URSS una mafia que, mediante sobornos y amenazas a los funcionarios del Estado, controlaba una parte importante del comercio de bienes de consumo (era el llamado “mercado negro”) que era con el que se abastecía la población de productos básicos, habida cuenta del fracaso que supuso, desde finales de los años 20, la colectivización forzada de las tierras y la planificación centralizada de la economía.

Por lo tanto, el fracaso del golpe de estado del verano de 1991, no conllevó la desaparición de las antiguas élites que habían dirigido el país desde la revolución de octubre de 1917, sino que éstas se transformaron en poseedoras, a título privado, de los bienes de la nación o naciones en las que se descompuso la Unión Soviética. Los antiguos altos mandos comunistas y los jefes de los grupos mafiosos preexistentes se hicieron con las riendas de la economía de la Rusia postsoviética. Esto no estuvo exento de conflictos y tensiones y los asesinatos, amenazas y guerras entre grupos de poder estuvieron a la orden del día durante los primeros años tras la caída de la URSS, durante el caótico gobierno de Boris Yelstein . Putin vino a poner orden en esta situación pactando la paz con los principales grupos que se habían hecho con el poder de la economía a cambio de apoyarlos institucionalmente desde el aparato del Estado. No supuso la desaparición de la economía planificada y el triunfo del capitalismo con el consiguiente “fin de la historia” como proclamó Fukuyama, sino que representó una transformación del comunismo ortodoxo marxista-leninista en una forma nueva en la que se hace un simulacro de democracia y economía liberal, pero en realidad hay una dictadura encubierta de partido único y personalista (se deshace de los opositores, dificulta la acción de otros partidos o directamente los ilegaliza y controla a los medios de comunicación) y los medios de producción caen en manos de una minoría cercana y, a su vez, sostenedora del régimen.

Pero la verdadera intención de este artículo es saber qué visión tuvieron los grandes teóricos de la Historia sobre la situación actual del conflicto en Europa que nos parece incomprensible que haya sucedido en un continente que pasó por la Segunda Guerra Mundial y que superó los horrores que ella provocó aunque indudablemente, dejaron secuelas de resentimiento y mal sabor de boca en muchas naciones, principalmente en aquellas como Polonia y Checoslovaquia que lucharon denodadamente por librarse del terror nazi y luego fueron incluidas en el área de influencia soviética y, por lo tanto, cayeron bajo la más brutal dictadura comunista.

Huntintong (1993) establece 9 tipos de civilizaciones (ahora no es el momento de detallar) y dice que los conflictos se producirán donde cocasen estas civilizaciones y ya nos advirtió que entre Rusia y Ucrania pasa la línea de la “civilización ortodoxa” y la “occidental”. Todos sabemos que la Rusia de Putin no puede tener a 400 Km. De Moscú la frontera con un país en el que exista una democracia plena, un sistema económico capitalista y que respete las libertades individuales . Lo más peligroso para el régimen autocrático ruso es la existencia de una nación, en lo que considera su territorio histórico, con una democracia plena y liberal por el peligro de contagio que podría darse en su pueblo.

La peligrosidad de los misiles de la OTAN es igual desde la frontera de Ucrania que desde la de Polonia o, no digamos ya, desde la de Lituania o Letonia y, no olvidemos que la posible pertenencia de Ucrania a la OTAN ha sido el argumento esgrimido por Moscú para la invasión. ¿Por qué iba a ser más amenazante una Ucrania atlantista que una Polonia o los países bálticos?. La respuesta es que hay otros motivos que van más allá de las cuestiones meramente militares o estratégicas. A parte de las causas económicas y geoestratégicas, que las hay, uno de los motivos más profundos de este conflicto es que un país cuya población pertenece mayoritariamente a la llamada “civilización ortodoxa” y que posee muchos rasgos de la “oriental”, en concreto, su ausencia de valores democráticos y su tendencia a gobiernos autócratas, no puede tener una buena relación de vecindad con Ucrania que estaría dentro de la “civilización occidental” y, por lo tanto, tendría un mayor aprecio por los derechos humanos y la democracia. En definitiva la guerra de Rusia contra Ucrania sería un ”choque que civilizaciones” en toda regla según las teoría de Huntintong más que un conflicto geoestratégico o económico.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el de las llamadas “potencias regionales”. Son Estados que no pueden alcanzar el status de superpotencia y mandar a nivel mundial (ese puesto se lo disputan hoy EE.UU. y China), pero sí quieren ser la nación dominante en un área geográfica determinada. Por ejemplo, en Próximo Oriente Arabia Saudita e Irán se disputan la hegemonía en esa zona. Tal y como pasaba en la antigua Guerra Fría, estas potencias se segundo orden procuran no enfrentarse directamente y lo hacen en otros países a los que quieren meter en su área de influencia, como está sucediendo actualmente en Yemen, en Siria o el Líbano sumidos en eternas guerras civiles entre facciones proiraníes,(Chiitas) y sumníes , cada una apoyada por naciones extranjeras. Indudablemente estos conflictos benefician a Israel, que no quiere que haya una potencia hegemónica en la zona que pueda amenazarlo y, por ello, intenta neutralizar la influencia de Irán y de Arabia, aunque esto sería motivo de un análisis a parte.

El problema en todo este panorama es Rusia. Ya no puede aspirar a ser la primera potencia mundial (desde la desaparición de la URSS ya no posee la capacidad económica y militar para ello) pero tampoco se conforma con serlo a nivel regional aunque no tiene más remedio que conformarse con jugar un papel de gendarme en el antiguo territorio de la antigua Unión Soviética, pues fuera de él, en los países del este de Europa, los que antiguamente fueron sus satélites tras el final de la Segunda Guerra Mundial, ya ha perdido todo el control pues la mayoría son miembros de la U.E. y de la OTAN.

Sin el dominio de las repúblicas exsoviéticas, el Kremlin sabe que nunca podrá llegar, aunque sea en un futuro lejano, a volver a ser una primera potencia mundial. Por ello, la reunificación del antiguo territorio soviético es algo a lo que no puede renunciar en su afán por volver a ser una gran potencia, al menos a nivel regional ya que, de momento, no puede a nivel mundial. Pero el problema radica en cuál es su región de influencia en la que podría ser hegemónica. En un principio, Moscú mira con cada ojo a un sitio. Con uno mira a Europa. Las grandes planicies de Europa Central y oriental siempre las consideró un área para expandirse y, con el otro ojo, mira a Asia donde sus antiguas posesiones están gobernadas por férreas dictaduras propias de la “civilización oriental” y, a las que en el fondo, quiere imitar. Desea, tal y como hizo el antiguo imperio de los zares, dominar también las tierras centroasiáticas de Turkmenistán, Uzbequistán, Tayikistán… y tener un control de esa zona vital a la que ya el geógrafo británico Mackinder (1904) llamó el “área pivote” cuyo dominio facilitaba el gobierno de todo el planeta. Sabemos que las teorías de Mackinder están hoy cuestionadas, pues el mundo ha cambiado mucho desde el momento que las desarrolló, pero son significativas aún para muchos geoestrategas, sobre todo rusos. Esa amplia zona terrestre comprende Siberia y las actuales repúblicas centroasiáticas. Lo primero lo tiene Rusia pero, qué duda cabe, necesita Turkmenistán y Kazajstán para controlar el “área pivote” desde la que dominar el mundo . Será la siguiente zona de actuación del expansionismo ruso como ya sucedió en la época de los zares y de la Unión Soviética después.

Rusia, independientemente de quien la gobierne, siempre ha sabido que su área de expansión territorial es Asia Central. Sería necesario detenernos a estudiar la forma que qué se colonizó este territorio desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX., pero baste recordar que la contienda que desencadenó la primera revuelta importante contra el zar fue la guerra ruso-japonesa de 1905 y que no fue más que un choque de dos imperios en expansión y en ciernes, el ruso y el japonés que tenían los mismos intereses en Asia.

 

Volviendo al tema de las “potencias regionales”, hay que decir que la problemática con ellas surge cuando una de estas naciones pretende dominar su área geográfica circundante, es decir, la región en la que está ubicada, para convertirse así en una “potencia regional”. Estas pretensiones siempre dan lugar a conflictos armados pues, lógicamente, los vecinos no se dejan dominar fácilmente pues tiene sus propios intereses en la zona. A este respecto hay que decir que Marruecos, prácticamente desde su independencia en 1956, está intentando ser el país dominante en el Magreb y el Sahel, territorios que ya controló en la Edad Media con los imperios Almorávide y Almohade. Para este objetivo se encontró con la barrera de Argelia que también quiere ser la potencia hegemónica en la zona y con España, que cerraba su expansión con las plazas de soberanía en el norte, Ceuta y Melilla, el Sahara en el sur y las Canarias en el mar. Por lo tanto, desde Hassan II España y Argelia son los dos enemigos a batir para alcanzar el sueño de ser la potencia hegemónica en el Magreb . Para ello siempre se alió con Francia que frenaba los intereses argelinos y no apoyaba ningún movimiento español que perjudicase los intereses marroquíes. En la actualidad, desde 2020, y dado el debilitamiento de Francia en el contexto internacional, Marruecos ha buscado el apoyo, nada menos, que de EE.UU e Israel, con quien ha establecido relaciones diplomáticas a cambio de sistemas de defensa avanzados.

La aparición de grupos radicales islamistas en el África subsahariana y sus intentos de expansión hacia el norte léase grupos como Boko Haram), ha provocado que los países occidentales más amenazados (sobre todo Francia) intenten poner una barrera a ese movimiento y este escudo no podía ser otro que Marruecos.

En el anteriormente mencionado enfrentamiento soterrado por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y Unión Soviética, una de las fichas que le quedaba a este último país en el tablero internacional era Argelia. La traumática independencia de esta nación de Francia en 1962, tras una larga guerra que dejó profundas huellas en ambos contendientes. Argelia, como sucedió con Cuba tres años antes, tuvo que encontrar apoyos internacionales, en el momento delicado de su nacimiento, en la URSS, segunda potencia mundial en aquél momento. La desaparición de esta potencia en 1991 dejó huérfanos a sus aliados. Algunos se pasaron directamente al mundo capitalista (países del este de Europa) o tuvieron que hacer grandes equilibrios por mantener el poder de sus regímenes y de sus dirigentes, que con uñas y dientes se aferraban –se aferran- a sus cargos, incrementando medidas antidemocráticas y dictatoriales como ha sucedido en Cuba, Argelia o Siria ( en este último país la represión de la familia Al-Assad desencadenó una protesta social tan grande que trajo consigo una guerra civil ).

En el caso de Argelia , que es el que nos ocupa, el deseo ruso de volver a afianzarse como potencia mundial, le ha llevado a reforzar su alianza con el país norteafricano que, además es un gran productor de gas natural y entre este y el propio gas ruso, controla la mayor parte de la producción y distribución del mismo. No solamente con tanques y aviones se controla el mundo o afianzas tu posición, si no que alianzas estratégicas con ciertos países, te lo permiten también. En Siria, al no tener tantos recursos naturales, pero sí una posición estratégica en Próximo Oriente, Rusia interviene directamente con tropas y material en la guerra apoyando a la fracción del gobierno aliado desde la época soviética.

En definitiva, y para concluir esta entrada, diremos que los problemas entre Argelia y Marruecos, que se prolongan desde hace décadas y que afectan directamente a España, no son más que la manifestación de una nueva guerra fría entre Estados Unidos y la actual Rusia por controlar el norte de África y el Estrecho de Gibraltar. Estados Unidos y Rusia quieren tener en la zona una potencia regional que domine el territorio circundante pero que dependa de su patrocinador y le sirva sus intereses en la zona. Desde los años cincuenta del siglo XX, EE.UU. apostó por Marruecos, obligando a Francia y a España a otorgarle la independencia en 1956. La Unión Soviética apostó por Argelia y la apoyó en su guerra de independencia contra Francia que ganó en 1962 con el mismo fin que EE.UU. lo había hecho antes con Marruecos: tener una potencia regional que dominase la zona. Pero ambos países necesitaban, para su propósito, controlar el Sahara Occidental o español, sobre todo Argelia, para tener una salida al Atlántico. Para ello Argelia apoyó al Frente Polisario con el fin de tener un gobierno aliado en aquél territorio que le diese salida al océano y rodear a Marruecos por el este y sur. Para evitarlo el reino alauita tuvo que hacerse con el control del Sahara presionando a España de forma constante, desde la Marcha Verde de 1975 hasta las presiones ejercidas en la actualidad por parte de marruecos y EE.UU. que han terminado por conseguir que el gobierno español, en 2022, aceptase la soberanía marroquí del Sahara después que la presidencia norteamericana lo hiciera, tanto el conservador Donald Trump como el progresista Joe Biden, lo que demuestra que en Estados Unidos la política exterior es una cuestión de Estado e independiente de quien gobierne.

Los conceptos y las ideas que expresaron los autores que encabezan este artículo, pueden servir para explicar la situación actual (años 2022 y 2023) por la que atraviesa el mundo con los conflictos de Próximo Oriente y de Ucrania que tanto daño están haciendo.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

      - GEORGE, P. Fin de siècle en Occident. Déclin ou métamorphose?

        Presses universitaires de France. París 1982.

 

  • HUNTINGTON, S. P. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Ed. Paidos, Buenos Aires 1996.

 

  • MACKINDER H.J. The Geograhpical Pivot of History en The Geograhpica Joural, Londres, abril 1904.

 

  • SPENGLER, O. La decadencia de Occidente.(2 volúmenes 1918 y 1922), Ed. Austral- Espasa, Madrid 2011. En España se publicó por primera vez en 1923 y se decidió hacerlo solo con este nombre, pero en su edición original en Alemania es La decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la Historia Universal.

 

  • TOYNBEE, A. J. Estudio de la Historia (12 volúmenes 1933-1961) Ed. Alianza Editoria, 9ª edición, Madrid 1970. En Gran Bretaña fue editada por Oxford University Press.

DESMONTANDO “COSMOS”. RELACIÓN ENTRE CIENCIA Y POLÍTICA.

DESMONTANDO “COSMOS”. RELACIÓN ENTRE CIENCIA Y POLÍTICA.

 

 

 

Cuando en 1980 se estrenó la serie “Cosmos” producida por la televisión pública de California KCET, fue algo que en España tuvo un alcance ciertamente extraordinario en el momento en que solo la televisión pública TVE emitía programas en nuestro país.

Pero el éxito del programa estuvo en que , por primera vez, se trataba la historia de la ciencia de una forma amable, entretenida y, hasta cierto punto, rigurosa, y, sobre todo, el carisma personal y la gran facilidad de comunicar de su presentador y creador Carl Sagan, de sobra conocido. Las nuevas técnicas de efectos especiales que ya despuntaban, el grabarse en un formato específico para televisión, contribuyeron también a hacer de este programa algo que inspiró e influyó en la trayectoria profesional y de estudios de muchos jóvenes que en aquellos lejanos años 80 vimos la serie.

Si embargo, la originalidad, la frescura, las innovaciones plásticas y visuales de sus capítulos y, sobre todo, la temática y la forma de exponerlos por parte del presentador estrella, no son originales de esta serie ni de Sagan . Veamos esto más en detalle.

En 1908 nació en Lozt (actualmente Polonia, entonces parte del imperio ruso) Jacob Bronowski, en una familia adinerada de comerciantes de importación/exportación entre Polonia y Gran Bretaña. Con la Primera Guerra Mundial su familia se trasladó a Alemania al ser Lozt tomada por los rusos pero muy pronto iniciaron un nuevo exilio tras la derrota alemana y se trasladaron a Gran Bretaña. Jacob llegó a Londres con 12 años, en 1920, donde ya en la escuela primaria destacó por sus habilidades matemáticas y más en la secundaria, lo que le permitió entrar en Cambridge en 1928 y hacer estudios de matemáticas, en los que se graduó en 1933, el mismo año en el que obtuvo la nacionalidad británica. Sin entrar mucho en detalles de su biografía, Bronowski , mientras daba clase de matemáticas en una institución menor, el Hull University College, empezó a trabajar para el gobierno en diferentes cometidos, pero lo que nos interesa en este artículo es que , ya en una temprana fecha como 1946, entró a colaborar con la BBC haciendo programas en los que , junto con otros autores, intentaba divulgar los conocimientos científicos entre el público general. A parte de profesor y colaborador del gobierno en diversos proyectos, fue divulgador científico y también se caracterizó por tener un profundo interés por las humanidades, escribiendo sobre teatro, literatura e historia.

Para la BBC produjo, entre 1969 y 1972 la serie documental “El ascenso del hombre” en donde se hacía un repaso de los principales hechos científicos y filosóficos que jalonaron la historia de la humanidad y que tuvieron una especial relevancia para el avance del conocimiento humano. Esta serie fue presentada y lanzó al estrellato a Jacob Bronowski y lo hizo ser admirado, tanto en el Reino Unido como en otros países donde se emitió el programa. Entre sus productores estaban Adriam Malone y Jhon Kennard que pocos años después se fueron a Los Ángeles y allí los fichó la KCET (la televisión pública de California) y, es de suponer, que aportaron la idea de cómo debía ser una serie de divulgación científica, pues el resultado, Cosmos, tiene enormes similitudes con ”El ascenso del hombre”. La idea era presentar hechos científicos con rigurosidad pero de forma amena y con imágenes plásticas muy llamativas para ser aceptado por un espectador medio, culto pero no científico. Se le añade un discurso filosófico muy somero sobre la naturaleza del ser humano y de su conocimiento, ensalza las cualidades intelectuales del mismo, pero también los peligros que dicho conocimiento puede tener si lo utilizan mal los hombres (no olvidemos que estamos en plena Guerra Fría y la amenaza atómica tenía en vilo a la Humanidad) y se hacen recreaciones dramatizadas sobre la vida de grandes científicos del pasado que aportaron importantes conocimientos al acervo cultural. Ambas series, la de Bronowski y Sagan, nada mas terminar de emitirse, publicaron un libro con los contenidos de las mismas que también fueron grandes éxitos de ventas.

En las primeras páginas de su libro, Bronowski ya hace una declaración de intenciones y se puede considerar una buena introducción a la Geografía: “ el hombre no es una mera figura del paisaje: es un modelador del paisaje. En cuerpo y alma es un auténtico explorador de la naturaleza , el animal ubicuo, que no encontró, si no que hizo su hogar en cada continente” (pág 11). No sé si este polaco británico leyó o tuvo conocimiento de un germano-americano, estudiante en Alemania, que fue el geógrafo Carl Sauer. Para éste la geografía era el estudio de los paisajes, que eran dinámicos, y sus elementos no son aislados si no que todos se influyen mutuamente y se caracterizan porque es el hombre el que los modela y el que los crea, modificándolos y adaptando el medio natural a sus necesidades, pero siempre desde una perspectiva condicionada por la cultura que posea cada pueblo o los habitantes de una región. Por eso, al estudio de los paisajes humanizados los llama “geografía cultural”, que se puede definir como la forma de ocupar un territorio según las diferentes culturas presentes o pasadas en él.

Cada cultura da a las personas una forma diferente de ver el entorno , de apreciarlo o de actuar sobre él, de ahí que los paisajes que los seres humanos hacen sean considerados “culturales”, pues todas las personas actuamos según la cultura que poseamos y a la que pertenecemos. “Es un modelador del paisaje” nos dice Bronowski, no solamente un elemento más del mismo. Al final vemos que todas las ciencias están interrelacionadas y que el saber científico forma parte de la cultura humana, igual que las religiones o la literatura.

Según relata en una entrevista Bronowski, entendía así la ciencia, como una creación humana producto de la inteligencia, la misma que nos proporciona el arte, la belleza, la poesía. La línea que divide los conocimientos humanísticos y los científicos no es clara, ambos son fruto del ascenso del hombre en la escala evolutiva y están relacionados entre sí. Por este motivo hizo una serie centrada en el ser humano. Esta obra televisiva va a tener una continuidad en EE.UU. cuando la televisión pública del estado de California (KCET) decida hacer una cosa parecida por la influencia de un productor de la BBC que trabajó en El ascenso del hombre : Adrián Malone que se había trasladado a EE.UU en 1977 y muy pronto ficharía por la KCET que pretendía hacer una serie de divulgación científica de calidad. (POUNDSTONE 1999)

Este nuevo programa educativo se lo van a encargar a una persona singular y algo excéntrica pero que tenía una capacidad de comunicar enorme y ese fue Carl Sagan. En ese momento contaba con 43 años de edad y era un científico de valía reconocida (había participado en el proyecto voayager de la NASA) pero también algo controvertido dentro de la comunidad académica de aquellos años, precisamente por su afán de explicar la ciencia de forma sencilla y abierta al público.

Como astrobiólogo (entonces no existía ese término, pero hoy día lo calificaríamos así), Sagan empezó coqueteando con el fenómeno OVNI en su búsqueda de vida extraterrestre. Al comprobar que ese camino le cerraba muchas puertas, lo abandonó y luego abominó de él. En todas sus intervenciones televisivas, artículos o libros, quiso dejar muy claro que no creía en esas fantasías ni en fenómenos paranormales , que no tenían cabida en la ciencia. Era un querer borrar unas ideas de su pasado que luego le molestaron. Sin querer entrar aquí a pormenorizar la vida de tan insigne autor, por el que siento una gran admiración, pues para eso ya hay libros publicados y su propia autobiografía, tenemos que reseñar que su serie de TV, Cosmos ya no se centra tanto en el ser humano si no en lo que le rodea, por eso la va a llamar Cosmos y, matiza, que es una visión personal de la Naturaleza y de cómo el hombre adquiere su conocimiento. Copia de Bronowski la trayectoria de los seres humanos por conocer el entorno que les rodea, la realidad exterior a uno mismo de forma objetiva pasando de explicaciones míticas y fantasiosas a otras más racionales hasta llegar al método científico actual; desde la Grecia clásica (donde sitúa el comienzo de la ciencia) hasta el presente (era el año 1978) y los principales hitos del conocimiento científico.

Ni que decir tiene que la serie televisiva es una delicia para los que amamos la ciencia y su divulgación. Tampoco es este el lugar de comentar una producción de la que se ha hablado tanto durante años . El motivo de escribir estas páginas es poner de relieve un aspecto menos conocidos del Dr. Sagan que demuestra como muchas veces la formación científica no te evita caer en una sucesión de ideas vagas por el mero hecho de destacar y seguir estando en el candelero mediático.

Tras el éxito de “Cosmos”, Sagan empezó a perder notoriedad. Los medios de comunicación son así: te dan una enorme fama mientras estás en pantalla pero cuando dejas de salir en la TV y pasa un tiempo, la gente se olvida de ti y tu notoriedad decae de forma enorme. Carl Sagan recibió las mejores críticas y premios del sector pero en la comunidad científica más ortodoxa y académica seguían sin calar hondo sus propuestas. Su fama mediática también podía molestar y su carrera como comunicador mediático empezó a declinar a mediados de los años 80. Para salvar este retroceso en su popularidad, se sumó a una nueva teoría medioambiental que ya empezaba a estar en boga: “el invierno nuclear”.

Nos decía este constructo mental que en caso de una guerra atómica (no olvidemos que en los años 80 aún seguíamos en la guerra fría ) entre las dos superpotencias , se produciría una expulsión a la atmósfera de millones de toneladas de partículas de polvo y gases similar a la que se produce cuando impacta un gran meteorito contra el planeta o en erupciones volcánicas de gran magnitud y catastróficas.

Esta nube de polvo y gases reduciría la entrada de radiación solar que llega a la superficie terrestre durante varios años con lo que ésta se enfriaría debido a que no emitiría tanta radiación infrarroja (que es la que calienta el aire) y esto provocaría graves desastres ecológicos (1).

La teoría surgió a partir de los estudios de los norteamericanos Paul J. Crutzen y Jhon Birks (CRUTZEN y BIRKS 1982) y los rusos Kondratiev y Nikloski. Era sabido que las décadas de los años 60 y 70 del siglo XX fueron, a escala global, algo más frías que la media de los años anteriores de ese siglo. Este enfriamiento pudo ser explicado por los autores arriba mencionados, como el resultado de las explosiones termonucleares de gran potencia que la Unión Soviética y los EE.UU. hicieron a finales de los años 50 y principio de los 60 con las pruebas de las llamadas “Bombas H” basadas en la fusión del hidrógeno.

Estas explosiones provocan una bola de fuego que es capaz de alcanzar la estratosfera y su elevada temperatura crea una reacción entre el nitrógeno y el oxígeno atmosférico, generando óxidos de nitrógeno (NOx) que es un gas reflectante de la radiación solar. Esto, junto a la emisión de polvo, hizo ver que se producía un enfriamiento de la Tierra y supusieron que un masivo lanzamiento de estos artefactos en una guerra, seguiría la misma pauta y nuestro planeta se enfriaría de forma brusca en muy pocos años creando el efecto del “invierno nuclear”. Pero los cálculos que se hicieron entre 1980 y 1982, solo teniendo en cuenta la armas atómicas, no explicaban correctamente en pequeño enfriamiento terrestre de los años 60 y 70, por lo que hubo que buscar un nuevo factor que contribuyese a ello. Una vez más se echó mano de un volcán, en este caso de la erupción que, entre diciembre de 1963 y Enero de 1964, tuvo el volcán Monte Agung en Indonesia (isla de Bali) que fue una de las más virulentas del siglo.

Fue el matemático y físico soviético Vladimir Alexandrov en 1983, quien creó los modelos matemáticos e informáticos que permitieron predecir qué pasaría en caso de guerra nuclear según los megatones que se lanzaran las potencias y en ello tuvo un gran apoyo de su país que además le otorgó los privilegios de poder salir al extranjero (eso si, dejando a su mujer y a su hija en la URSS) y participar en investigaciones en los mejores centros sobre el clima y en congresos y conferencias internacionales. En este sentido, se le mandó a EE.UU. a estudiar en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas en Colorado (EE.UU.U durante tres ocasiones: 1978, 1980 y 1982. Debió ser en esta última estancia en América cuando tomó contacto con Carl Sagan, que ya era mundialmente conocido, y hablaron de las catástrofes medioambientales que una guerra nuclear traería a la Tierra y los desastres para la especie humana que podría verse sometida a una crisis de subsistencia sin parangón en la historia. Ambos acudieron al Vaticano (un soviético y un judío agnóstico) para convencer la Papa Juan Pablo II del problema antes mencionado.

En realidad fue un norteamericano, Richard Turco (TURCO et al. 1983), quien publicó en ese año de 1983, un artículo en “Science” sobre el tema. Enseguida los soviéticos pusieron a Alexandrov a trabajar junto el matemático Stanchicov y los dos crearon un modelo matemático para calcular las consecuencias que una guerra nuclear tendría sobre el clima de la Tierra. Muy pronto la KGB lanzó en occidente la idea que subyacía en este estudio : una guerra atómica entre las dos superpotencias aniquilaría la mayor parte de la vida en el planeta.

¿Querían los soviéticos tanto la paz mundial como entonces propagaban los medios afines?. La respuesta es si porque a principios de los años 80 el presidente norteamericano Ronald Reagan hablaba de crear un sistema de defensa estratégica llamado “guerra de las galaxias” que le daría una supremacía muy grande en caso de dicho conflicto. EE.UU. ya había puesto a trabajar a la industria tecnológica y armamentística en ello.

En la primera mitad de la década de los 80, la URSS atravesaba una grave crisis económica al desviar gran parte de sus recursos a la industria militar y retraerlos de otras actividades productivas. Además, desde un punto de vista político, la antigua Rusia, estaba dominada por la “gerontocracia” del PCUS. En los primeros 5 años de la década, tras la muerte de Bresniev en 1982, se sucedieron tres jefes del Kremlin: el antiguo jefe del KGB Yuri Andropov (1982-84) y Konstantin Chernienko (1984-85) hasta que en 1985 fue elegido secretario general del PCUS Mijail Gorvachov. Es en este delicado periodo de la historia soviética cuando se van desarrollar los acontecimientos de los que hablamos.

Cuando el presidente Reagan pone en marcha la iniciativa estratégica , en Moscú surgen las alarmas y se encienden todas las luces rojas de la seguridad pues los dirigentes comunistas saben que su economía no soportaría la carga de igualar la tecnología americana y más si tenemos en cuenta que, desde 1979, la URSS estaba interviniendo militarmente en Afganistán con resultados desastrosos.

La Unión Soviética hubiera necesitado tal inversión de dinero para poder igualar a la tecnología americana y crear su propio sistema de defensa antimisiles, que no podía afrontar de ninguna manera sin precipitarse a un colapso económico. Por ello el KGB pone en marcha una campaña para desacreditar los planes estadounidenses, apostando por la paz entre los pueblos y propagando la idea de que el conflicto entre los dos bloques de poder (capitalista y comunista) usando armas nucleares, solo podría traer la desaparición de gran parte de la vida terrestre y un cambio climático brutal y devastador que acabaría con toda la humanidad.

Se crean comités por la paz en todo el mundo occidental con financiación poco clara pero cuya finalidad era influir en políticos de Alemania, EE.UU., Gran Bretaña, Canadá etc. para que se opusieran a la idea del escudo antimisiles norteamericano y no dejar a la URSS en desventaja, puede que definitiva, en esta ocasión. Para ello el KGB se vale de Alenxandrov que tenía buenas relaciones con occidente. Se le envía a todo congreso y reunión científica que haya en occidente para divulgar su idea del “invierno nuclear” y establecer contactos con todo científico o periodista proclive a estas ideas. Sin una base teórica sólida y sin datos de observación suficientes, se consiguió difundir la idea de que un conflicto armado entre EE.U../ URSS supondría la aniquilación de la humanidad.

Carl Sagan fue uno de los que abrazaron esta postura y durante los últimos años de su vida defendió la idea catastrofista de que la guerra entre las superpotencias acarrearía el desastre definitivo para la especie humana, también se supo muy pronto que los fundamentos teóricos de esta hipótesis así con las simulaciones matemáticas que proporcionaban los modelos de Aleksandrov y Stenchukov, no eran válidos y que el invierno nuclear no sería tan catastrófico como propugnaban sus defensores, con lo que la Unión Soviética perdió una de sus bazas para presionar a EE.UU. y hacerles desistir de sus intenciones armamentísticas. . Sagan y Turco tuvieron que publicar, en 1990, una rectificación reconociendo los fallos y sus conclusiones fueron que la bajada de temperaturas sería de 2ºC y no supondría un desastres para los humanos. Esto dio alas a los críticos de Sagan y le cerró la puerta de la Academia Nacional de Ciencias, algo que sufrió en los últimos años de su vida. (POUNDSTONE, 1999)

En definitiva, la ciencia no es algo objetivo, aséptico y totalmente racional sino que, como toda obra humana, es percibida de forma interesada ideológica y cultural. La banalización de la ciencia, la creencia de que es infalible y que nos sacará de todos los males hace que sea un instrumento de manipulación perfecto. Cualquier idea que queramos difundir en nuestro beneficio solo tenemos que revestirla de “científica”, hacer que la apoyen algunos renombrados investigadores y académicos, pera que la población la acepte sin cuestionarse nada.

La ciencia es una construcción mental de los seres humanos. Forma parte de la cultura y según ésta así percibimos la realidad. Las personas no podemos dejar de lado nuestra parte emocional aunque nos enfrentemos a problemas científicos como demuestra el hecho de que la hipótesis de “invierno nuclear” fuese aceptada por Carl Sagan a pesar de que desde el principio había voces que avisaban de la endeblez del modelo matemático. Nos idicaría esto que la ciencia también está sujeta a los prismas de las ideologías y de las ideas preconcebidas. El llamado “sesgo de confirmación” existe y entre diferente estudios científicos aceptamos aquél que se adapta mejor a lo que pensamos y deseamos que sean las cosas. Sagan abrazó la hipótesis del “invierno nuclear” en consonancia con sus ideas ecologistas que intentaban salvar al planeta de las acciones humanas nocivas. Decidió aceptar esta idea en un momento, 1983, en que podría otorgarle de nuevo fama y notoriedad, sin analizar bien si el fundamento teórico era correcto. Aceptó la propuesta de Alexandrov porque era la que más le convenía sin adoptar el espíritu crítico que tanto había proclamado.

No se dio cuenta (por lo menos no a tiempo) que estaba siendo manipulado por la “inteligencia” soviética para frenar el avance tecnológico de EE.UU. en beneficio de la URSS que no podía alcanzarlos. Personas así, bien intencionadas, que quieren defender al planeta de un desastre causado por las ambiciones políticas, es lo que llaman “tontos útiles” en la jerga marxista. Ayudaban a la URSS (muchas veces sin saberlo) creyendo que apoyaban una causa noble y enriquecedora.

Vladimir Alexandrov sí sabía a quien estaba ayudando y era consciente que el modelo matemático en el que se basaba el “invierno nuclear” era imperfecto y no contemplaba toda la casuística que podía darse, aunque las autoridades del telón de acerolo obligaban a ir por el mundo predicando la teoría catastrofista de forma entusiasta y convencida y, lo más importante, persuadir a científicos occidentales del desastre que supondría la guerra atómica y presionasen a sus gobiernos y a la opinión pública para que abandonasen planes como “la guerra de las galaxias” que podrían en peligro la hegemonía soviética en beneficio de la norteamericana con la excusa de salvar el medio ambiente y la paz del mundo.

La afición desmedida de Alexandrov al alcohol y su cada vez mayor desapego a la teoría en ciernes, llevaron a los servicios secretos soviéticos a temer que pudiera decir la verdad y descubrir el engaño. No sabemos exactamente cuál fue su destino, peri¡o despareció de forma misteriosa durante su estancia en España para participar en una conferencia de que celebró en Córdoba (por cierto, organizada por el PCE que gobernaba entonces en esa ciudad andaluza, y que estaba dentro de un evento llamado “Encuentro de ciudades no nucleares”) en 1985.

Tras pronunciar su conferencia, regresó a Madrid en el coche oficial del ayuntamiento cordobés pero, poco antes de llegar a su hotel madrileño, se bajó del vehículo a unos metros del hotel en el que estaba hospedado, (nadie sabe si para ir caminando después del viaje desde Córdoba o para tomarse una copa en un pub cercano), el caso es que desapareció en ese trayecto y nadie lo ha vuelto a ver desde entonces. La mayor información la tenemos en un artículo del diario “El País” (2).

Estas historias demuestran que la ciencia y los científicos no son inmunes a las maquinaciones de los políticos ni a la visión sesgada que de la realidad nos pueden dar nuestras ideas preconcebidas o la ideología política que tengamos. Interpretamos esa realidad no como fríamente se nos presenta con datos objetivos, si no que la vemos según las ideas que ya tenemos y tendemos a apartar aquellos datos que no concuerdan con ellas.

Todo el método científico , base de la ciencia actual, no es más que un intento de poder percibir la realidad tal y como es y conocer el mundo exterior a nosotros (la “res extensa” que llamaba Descartes) de forma objetiva. Si bien el método es correcto, este empeño no se ha logrado del todo. Los humanos seguimos basándonos, para conocer el mundo, en las ideas que vamos elaborando de él, a veces trasmitidas a través de la cultura por medio de la socialización, a veces por nuestras propias experiencias que interiorizamos y nos van configurando una visión de la realidad peculiar de cada uno de nosotros.



Los regímenes totalitarios son los que más han manipulado la ciencia en beneficio de una ideología concreta de la que había que convencer al pueblo y para el que la palabra ciencia es algo casi sagrado, con mucha credibilidad. Desde las teorías racistas que pretendían apoyarse en conceptos antropológicos y biológicos para justificar que unas razas eran superiores a otras, hasta el caso Lysenko en la Rusia soviética de Stalin que elaboró una teoría evolutiva que se ajustaba mejor al marxismo-leninismo y a su concepto de hombre nuevo que surge cuando la infraestructura económica cambia y la clase opresora desaparece. No olvidemos que, a finales del s. XIX, el marxismo llamó a su corpus teórico” socialismo científico” que se consideraba el único con visos de realidad y digno de ser estudiado. Al fin y al cabo, el marxismo no pasa de ser un sistema filosófico que está muy lejos de cumplir todos los requisitos del método científco.

Abundando sobre lo que hemos dicho más arriba, no debemos olvidar que durante el periodo stalinista en la URSS, se potenció desde el poder las teorías fabulosas del pseudocientífico Trofim Lysenko (1898-1976) que, con gran desconocimiento de la genética, pensaba que las especies vegetales podían modificarse sometiéndolas a ciertas condiciones que les hacían adquirir caracteres perdurables. Sometiendo a semillas de vegetales comestibles (leguminosas y cereales) a temperaturas muy bajas y luego hibridando las que seguían vivas con otras que no habían sido sometidas a este proceso, pensaba conseguir plantas resistentes a las bajas temperaturas siberianas y crear así campos de cultivos donde antes sólo la estepa podía prosperar. Estos postulados pesudocientíficos fueron convenientes al régimen soviético que, a base de propaganda, exaltaba los logros de la ciencia soviética como algo que iba a mejorar las condiciones de vida del pueblo campesino ruso. Nadie podría decir que “el rey va desnudo”, las críticas a la versión oficial eran reprimidas y castigadas como fue el caso del prestigioso botánico y genetista Nikolai Vavilov. Las ideas de Lysenko hubieron de ser aceptadas por los biólogos so pena de caer en desgracia para el régimen, cosa que podría suponer el encarcelamiento y la muerte.

En el otro espectro político, la Alemania nazi, se intentó llevar a cabo la llamada “Ciencia aria” en contraposición a la “ciencia judía” como si tal cosa pudiera ser cierta. Los estudios raciales y la supuesta superioridad de los arios, se intentó incluir en el campo de la antropología y de la historia y reputados científicos intentaron demostrar esas teorías que justificarían la eliminación de pueblos considerados “impuros o degradados”.

Es algo parecido a lo que hemos comentado del caso Vavilov. Desde la cúpula del poder establecido se difunden una directrices de aquello que debe decir la ciencia sobre determinados temas (biológicos, históricos, ecológicos…) y sí surgen personas que disienten de ellos, con razón o sin ella (la ciencia siempre tiene que considerar las críticas, pues de ello surge su avance) se las reprime. Antes era una represión física que incluían la tortura y la muerte, hoy sería una represión psicológica consistente en echarte del mundo académico, insultarte en los medios de comunicación y apartarte de todo debate abierto sobre el tema en el que tengas tu propia opinión. En la actualidad, a toda persona que disienta del discurso oficial sobre un tema medioambiental, histórico, biológico, se le llama “negacionista” haciendo referencia a un término que en Alemania indica a las personas que niegan el holocausto, y que allí, con su sistema legal, es delito igual que la apología del nazismo, pero que en otros países de Europa, incluida España, significa que se niegan cosas que están aceptadas por la ciencia “oficial” y por los poderes políticos.

























NOTAS







  1. Años después, esto le va a servir a W. Álvarez para explicar la causa de la desaparición de los dinosaurios tras el impacto del meteorito del Yucatán a finales del periodo Cretácico.



  1. Manuel Ansede y María R. Sahuquillo: “El científico soviético que desapareció en el Madrid de la Movida” en el diario El País, del 11 de Enero de 2019. (sección Materia/Ciencia).



















BIBLIOGRAFÍA.



    - ANSEDE, M. y SAHUQUILLO M. R. : “El científico soviético que desapareció en el Madrid de la Movida” en diario El País del 11 de enero de 2019 (sección Materia/Ciencia)



  • BRONOWSKI, J. El ascenso del hombre. Ed. Capitán Swing, Madrid 2016 (Existe otra edición en español publicada en México en 1985).

  • CRUTZEN, J.P. y BRIKS, J. : "The Atmosphere after a nuclear war: Twiligth a Noon" en AMBIO. A journal of the Human Environment. Nº 11, pp. 114-125, Junaury 1982. DOI 10 1007 978-3-319-27460-7-5.



  • POUNDSTONE, W. Carl Sagan. Una vida en el cosmos. Ed. Akal, Madid 2015. (La edición original en inglés es de 1999).

     

  • RID, Th. Desinformación y guerra política. Historia de un siglo de falsificaciones y engaños. Ed. Crítica, Barcelona 2021 (Reseñado en el diario El Mundo en su sección Papel el 28/3/2022).

 

  • SAGAN, C. Cosmos .Ed. Planeta, Barcelona 1980.



  • SAGAN, C. Miles de millones. Pensamientos de vida y muerte en la antesala del milenio. Ed. Ediciones B, Barcelona 1998.





  • SAGAN, C y TURCO, R. Un efecto imprevisto. El invierno nuclear. En Biblioteca de Divulgación Científica nº 36 de la revista Muy Interesante , Madrid 1991.



  • TURCO, R.P., ACKERMAN, T. P. , POLLACK, J.B. Y SAGAN, C. : “Nuclear winter: global consecuences of multple nuclear explosion” en Science (4630) pp. 1283-1292, New York, 1983. PMID 17773320.

     

  • TURCO, R.P., TOON, O.B., ACKERMAN, T.P., POLLACK, J.B. y SAGAN, C. : "Climate andsmoke: an apprasial of nuclear winter". en Science, nº 247, pp. 166-176, New York 1990. PMID 11538069.

     





EL PROYECTO DE BOMBA ATÓMICA ESPAÑOL

EL PROYECTO DE BOMBA ATÓMICA ESPAÑOL

 

 

 

   En julio de 2023 estrenaron en los cines de todo el mundo la película “Oppenheimer” dirigida por Robert Nolan e interpretada por Cillian Murphy que ha tenido un gran éxito a nivel mundial. El largometraje está basado en un magnífico libro de 2005 titulado “Prometeo americano. El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer” escrito por los periodistas Kai Bird y Martin J. Scherwin y que fue merecedor de un premio Pulitzer. Como es natural no se va a hacer en esta entrada del blog una crítica cinematográfica ni literaria de la obra. Vamos a tratar aquí algunos aspectos tangenciales que trajo como consecuencia la fabricación de armas nucleares que, de alguna manera, afectaron a nuestro país.

Los aspectos técnicos y científicos que supuso este hecho ya están reflejados en las dos obras que he mencionado, así como la tragedia personal que para Oppenheimer supuso su participación en el “Proyecto Manhattan”. Se trata en este artículo de ver cómo la política que siguió EE.UU., tras la Segunda Guerra Mundial, influyó en el hecho que da título a este trabajo: la construcción de un arma atómica por parte de España que la introdujera en el club atómico mundial, que entonces era muy reducido. Este proyecto, llamado “Islero” fue llevado a cabo entre 1963 y 1973 y no llegó a completarse por motivos políticos que más tarde comentaremos. Todo está documentado en diversos trabajos y libros de los que, los más importantes, pasamos a expresar en la bibliografía. Se trata el presente trabajo de un artículo divulgativo que pretende contar este hecho, no muy conocido, de la historia de la ciencia española. Si fue una pretensión fantasiosa y por encima de las posibilidades de la ciencia española o, por el contrario, estuvo a punto de poder realizarse demostrando que nuestros científicos e ingenieros tenían un nivel comparable al de otros países y eran perfectamente válidos para llevar esa tarea a término, es algo que han de juzgar ustedes, que tan amablemente leen esta entrada.

 

La historia de la energía nuclear en España comenzó en octubre de 1948 cuando un grupo de militares y científicos españoles se reunieron en el Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada con el fin de constituir el organismo denominado Junta de Investigaciones Atómicas, al que no se le dio demasiada publicidad por las suspicacias que este tipo de estudios levantaba en otras potencias. Así pues, desde un principio, la investigación nuclear española recayó en manos militares. El Jefe del Estado siempre confió en el Jefe del Alto Estado Mayor del Ejército para esta misión lo cual indica que el desarrollo de este tipo de investigaciones tuvo una finalidad militar que era la construcción de una bomba. Y es aquí donde entra en escena la primera de las figuras protagonistas de este acontecimiento: José María Otero de Navascués, Marqués de Hermosilla y militar de la armada española, donde llegó al empleo de contraalmirante. Desde los 15 años ingresó en la Academia de Artillería de la Armada y con 21 años, en 1928, se graduó como teniente. Debido a sus buenas notas y a su gran interés por la ciencia, consiguió que la Junta para la Ampliación de Estudios le otorgara una beca para estudiar en el Instituto Politécnico de Zurich y, posteriormente, en el Instituto de Óptica de Berlín donde permaneció hasta 1932 que regresó a su país. En este tiempo llegó a conocer a figuras tan destacadas de la física como Werner Heisenberg (que trabajaría en la fabricación de la bomba atómica alemana, aunque sin conseguirlo, durante la Segunda Guerra Mundial) y a Otto Hahn) quien demostraría, pocos años después(1938)que el átomo podía fisionarse y desprender energía. Al comenzar la Guerra Civil no combatió con ningún bando pues se refugió en el consulado de Noruega temiendo ser represaliado por las milicias republicanas que se hicieron dueñas de la ciudad y no se conoció actividad suya durante el conflicto. Una vez terminado éste, el gobierno del bando vencedor lo reincorporó a la Armada debido a su categoría de militar, a su conocido catolicismo y a su condición de aristócrata.

Tras finalizar la guerra, fue nombrado jefe del laboratorio de óptica de la Armada donde, en 1942, realizó uno de sus principales descubrimientos: la llamada miopía nocturna, que le permitió construir lentes e instrumentos ópticos que hicieron que la visión nocturna aumentara un 66%, según reconocen algunos de sus biógrafos (Pérez Fernández, 2016), en colaboración con el Instituto de Óptica Daza de Valdés del CSIC.

Su gran capacidad para el aprendizaje de idiomas (inglés, francés y alemán)le permitió visitar instituciones científicas de otros países: en 1947 viaja a EE.UU. acompañado del físico y matemático Armando Durán donde visitan Universidades y el laboratorio Nacional de Argonne en Chicago dedicado a la investigación del uso pacífico de la energía atómica. Su misión, a parte de recabar información de los avances en energía nuclear que allí se hacían, era allanar el camino para que jóvenes físicos españoles se formaran allí y traer así los conocimientos pertinentes a España.

En 1948 se traslada a Alemania para entrevistarse con Werner Heisenberg con el fin de pedirle asesoramiento en el desarrollo de la energía nuclear en España, incluso le llegó a ofrecer que trabajara en nuestro país, cosa que el alemán rechazó pero no se negó a colaborar (Sánchez Ron, 2020).

Pero el hecho que nos ocupa aquí se produce en 1963 cuando el jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, teniente general Agustín Muñoz Grandes, le encarga comenzar las investigaciones para la construcción de la primera bomba atómica española. En ese momento, Otero de Navascués era contralmirante de la Armada y presidente de la Junta de Energía Nuclear, que se había creado en 1951 como órgano independiente para desarrollar la energía nuclear con usos pacíficos. Este encargo revistió un carácter discreto. Se intentaba usar las instituciones ya existentes pero ampliándolo a un ámbito militar que no debía ser conocido.

Cuando a José María Otero se le encomendó en 1963 el Proyecto Islero (así lo bautizó él, con el nombre delo toro que mató al mítico Manolete)), nombró como director técnico a Guillermo Velarde, otra figura clave en esta historia. Ingeniero del Ejército del Aire se encontraba en ese momento ampliando estudios en EE.UU. en el Laboratorio Nacional de Argonne donde estudiaba el uso pacífico de la energía nuclear (fruto de las gestiones de Otero de Navascués había hecho unos años antes en EE.UU.). Como buen militar que era, ante la llamada de un superior, regresó a España y se puso a trabajar a las ordenes del contraalmirtante Otero. El trabajo que se realizó en el Proyecto Islero hay que ponerlo en un contexto que tiene tres puntos de atención:

 

- En 1961 Francia había construido su bomba atómica y se había convertido en el 4º país en tenerla (tras EE.UU., la URSS y Gran Bretaña). España no podía dejar de ver esto como una amenaza, teniendo en cuenta que Marruecos se había independizado en 1956 y era un fiel aliado francés. Además, la independencia del protectorado español en Marruecos aún dejaba flecos por resolver como eran los temas de Sidi Ifni, Sahara, Ceuta y Melilla. Es decir, teníamos un vecino al norte con el arma nuclear y un vecino al sur íntimo aliado del primero, que tenía potenciales puntos de conflicto con nosotros (como así fue).

 

- Desde 1951 el armamento atómico se compone de las llamadas armas termonucleares, más conocidas como "bombas H" por tratar se artefactos basados en la fusión del hidrógeno. España se planteó construir un prototipo similar, si bien su construcción requería un nivel técnico superior, pues había que hacer una bomba de implosión de plutonio sobre una masa de deuterio o tritio (isótopos del hidrógeno con uno o dos neutrones en el núcleo) y que son los indicados para realizar la fusión nuclear que es lo que genera la enorme liberación de energía de estos artefactos.

 

- En este momento, el mundo occidental se encontraba en una situación muy peligrosa dentro de la "guerra fría", tras la crisis de los misiles de Cuba de 1962 que a punto estuvo de provocar la Tercera Guerra Mundial y el apocalipsis nuclear tan temido. La "guerra fría" estaba alcanzando su momento culminante.

 

El "Proyecto Islero" tenía que empezar por construir un pequeño reactor nuclear cuya finalidad sería producir plutonio, elemento esencial para la construcción de la bomba H, que era la que se perseguía. El barrio madrileño de Moncloa, donde tenía sus instalaciones la JEN, fue el elegido para ello (nótese la incongruencia de poner una central nuclear en el centro de Madrid) y de forma discreta se empezó a trabajaren la idea.

 

Como ya se ha dicho, el jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, teniente general Agustín Muñoz Grandes, encargó a Otero iniciar los primeros pasos para tener la bomba atómica española. La JEN empezó dos proyectos en paralelo: por un lado el “pacífico” y del que se hablaba y que era la construcción de un reactor de fisisón para la producción de energía eléctrica en colaboración con la empresa privada, pero a ningún entendido se le escapa que una central nuclear produce una cantidad de plutonio resultado de la desintegración del U-235. En este aspecto se contó con una discreta colaboración de científicos franceses que ya había hechos el reactor Charles de Gaulle. En España culminaría esta colaboración con la puesta en funcionamiento de la primera central atómica española en 1968, la de Zorita de los Canes en Guadalajara. La segunda línea de investigación, la más oculta, fue precisamente la que nos ocupa aquí: la construcción de la bomba.

 

A este respecto, lo primero que tuvo que hacer Guillermo Velarde junto con sus colaboradores, fue hacer los cálculos que permitieran saber la cantidad de deuterio y tritio que había que usar así como la presión y la temperatura que se ha de alcanzar con la implosión de la bomba de plutonio que desencadenaría la fusión de los isótopos de hidrógeno de la bomba H. En estos estudios no se llegaba a conclusiones válidas pues, aunque se conocían los principios del funcionamiento de la bomba H desde que Eduard Teller, la diseñara e hiciera su primera prueba en 1952, su mecanismo de ignición era una pequeña bomba de plutonio en forma de esfera que rodeaba a la masa de hidrógeno (en sus dos forma isotópicas)y provocaba la fusión. Este sistema requería de una alta eficacia de la implosión del plutonio, para que con poca cantidad, provocase la fusión del hidrógeno. Este mecanismo de ignición era algo muy secreto que apenas se conocía y que EE.UU. mantenía totalmente oculto.

 

En este aspecto el “proyecto Islero” contó con un hecho fortuito que ayudó a resolver el problema. El 17 de enero de 1966, sobre la localidad de Palomares (Almería), un bombardero estratégico B-29 de la USAF que regresaba de Italia a EE.UU. inició una maniobra de reabastecimiento en vuelo con un avión cisterna KC-135, que había salido de Morón de la Frontera y que fue fallida con la consecuencia de que las dos aeronaves chocaron en vuelo y se destruyeron con el resultado de 7 tripulantes muertos (los 4 del KC-135 y 3 de los 8 del B-29). Esta última aeronave transportaba 4 bombas termonucleares que cayeron, 3 en tierra, que fueron pronto recuperadas y una en el mar que se tardó varios meses en encontrar gracias a la ayuda de un pescador de la zona.

 

Este accidente permitió a la JEN acceder a la zona a la que cayeron las bombas para delimitar las áreas contaminadas y la cantidad de radiación que había medida en bequereles (Bq). La JEN , a petición del ministro del Ejército teniente general Muñoz Grandes, envió al entonces comandante Guillermo Velarde (que recordemos, ya estaba en el proyecto Islero desde hacía tres años cuando Otero de Navascués lo trajo de EE.UU) para analizar la zona afectada y "colaborar" con las autoridades americanas. En esas inspecciones, Velarde encontró espuma de poliestileno que, dedujo, servría para envolver la bomba de plutonio con el fin de incrementar la temperatura tras la explosión de la misma y permitir la fusión del hidrógeno. Junto a sus colaboradores, ya en Madrid, creó un sistema de ignición como el usado por los norteamericanos y llamado "proceso Teller-Ulam" en honor a sus dos creadores, el físico Eduard Teller y el matemático Stanislav Ulam que lo habían ideado en 1951 y que, básicamente, consistía en iniciar la fusión nuclear con una previa explosión de fisión, de pequeña potencia pero con un recubrimiento especial para retener la mayor cantidad posible de rayos X y conseguir una mayor eficacia.

 

Nunca sabremos hasta qué punto España estuvo cerca de conseguir su bomba atómica. Suponemos que los cálculos de Velarde y sus colaboradores eran correctos, pero nunca se hizo una prueba para comprobarlo. La consecuencia concreta fue la inauguración en diciembre de 1968 de la Central de Zorita de los Canes en Guadalajara (llamada José Cabrera)y en los años setenta, las de Valdellós y Santa María de Garoña, pero su utilización con fines militares fue retenida por la jefatura del Estado por los problemas de política exterior que esto podría causar. Es conocido que en 1973 el almirante Luis Carrero Blanco, a la sazón presidente del gobierno, quiso reactivar el proyecto de bomba atómica ( De ANDRÉS MARTÍN, 2005 y SÁNCHEZ RON, 2020) y que esto provocó un rotundo rechazo por parte de la administración norteamericana cuya política exterior encabezaba Henry Kissinger quien visitó nuestro país los días 18 y 19 de diciembre de 1973, un día antes del asesinato del presidente del gobierno, con el que también tuvo un encuentro. Las especulaciones sobre este crimen han sido muchas pero no hay documentación que nos haga decantarnos por alguna de ellas, por lo que no vamos a entrar en especulaciones conspirativas.

 

Lo cierto es que tras la muerte del almirante Carrero, el proyecto de construcción de la bomba española se para y no vuelve a aparecer en ninguna documentación oficial y tras el fallecimiento de Franco no se volvió a intentar y España se quedó fuera del "club atómico" con lo que su capacidad de disuasión de posibles enemigos se redujo. La presión norteamericana en los últimos y delicadísimos años del franquismo y en los primeros gobiernos de la democracia, que dependían del apoyo internacional para existir y la grave situación económica de los años 70 (crisis de 1973), hicieron que la idea de construir una bomba atómica española se abandonase definitivamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                    BIBLIOGRAFÍA

 

 

 - DE ANDRÉS MARTÍN, J.R., José María Otero de Navascués: la baza nuclear y científica del mundo hispánico durante la Guerra Fría. Ed. U.A.T., México 2005.

 

- PÉREZ FERNÁNDEZ-TURÉGANO, C., José María otero de Navascués, un marino comprometido con el desarrollo nuclear en España. Ed. Sociedad Nuclear Española, Madrid 2016.

 

- SÁNCHEZ ROM, J.M., El país de los sueños perdidos. Ed. Taurus, Madrid 2020.

 

- VELARDE PINACHO, G., Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares. Ed. Guadalmazán, Madrid 2016.

 

 

ARQUEOLOGÍA E IMPERIALISMO. EL CASO DEL INSTITUTO FROBENIUS DE ALEMANIA

ARQUEOLOGÍA E IMPERIALISMO. EL CASO DEL INSTITUTO FROBENIUS DE ALEMANIA

El objetivo del presente estudio es aclarar las relaciones que hubo, a finales del s. XIX y principios del XX, entre la actividad científica y el imperialismo que habían iniciado las potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Alemania y los EE.UU., que desde 1898 había iniciado su expansión colonial por América del Sur aunque si bien, de manera muy distinta a como lo hacían los europeos).

No se trata aquí de disertar sobre el fenómeno colonial y la expansión imperialista consustancial al desarrollo del capitalismo en la Segunda Revolución Industrial; si no de hacer patente un hecho que para la Historia de la Ciencia fue muy importante : la expansión colonial siempre iba precedida y seguida de expediciones científicas que deberían asegurar un mejor dominio del territorio. No olvidemos, que a mediados del siglo XIX, una parte importante de África, Asia y Oceanía estaba inexplorada .

El surgimiento de las primeras sociedades geográficas (Londres 1830, París 1821, Berlín 1828) sirvió para conocer las peculiaridades de aquellos territorios que se querían conquistar o incluir dentro del área de influencia de una metrópoli. Conocer el relieve, el clima, los ríos, plantas y animales que pueblan una región del mundo podría facilitar su dominio de alguna manera. Descubrir sus recursos naturales también sería necesario a la hora de explotarlo económicamente. Las pretensiones sobre un país igualmente podían justificarse si allí se hacían investigaciones sobre historia, costumbre y peculiaridades del pueblo o pueblos que lo habitaban. La geografía, la etnografía, la arqueología, que nacieron como tales ciencias durante el s. XIX , fueron herramientas que utilizaron los poderes políticos de las naciones que pretendían construirse imperios coloniales.

Expediciones geográficas que descubrían nuevos espacios inexplorados por los europeos, que levantaban mapas, misiones arqueológicas que buscaban en el pasado de los pueblos su cultura y sus peculiaridades, estudios etnográficos para conocer mejor a los habitantes de un país, sirvieron como forma de acercarse a esos territorios, de influir , de tener, para llegado el caso, instrumentos que les permitieran gobernar y dominar extensas áreas de otros continentes que les dieran poder y prestigio.

Todo esto fue patente en Alemania en las postrimerías del s. XIX cuando se convocó el Congreso de Berlín de 1885 en el que este país reivindicó su derecho a tener un imperio colonial como Francia y Gran Bretaña y, que a la larga, motivó multitud de conflictos que acabaron desembocando en la Primera Guerra Mundial .

Uno de los puntos fundamentales del acuerdo con el que se clausuró dicho congreso en 1885, fue el de “ocupación efectiva” que era algo muy ambiguo . Las potencias colonialistas no siempre podían ocupar con sus ejércitos ciertas áreas de los continentes a colonizar . La logística, el coste en hombres y en dinero y los recelos que en otras potencias podía provocar el desplazamiento de tropas a miles de kilómetros de la metrópoli, podían hacer aconsejable entrar en esos territorios con fines científicos y de exploración que eran mucho más vendibles ante la opinión pública: Livingtone y Stanley en la cuenca del río Congo así lo hicieron y la adquisición de este país por el rey Leopoldo de Bélgica también requirió de este último explorador para completarse.

El Congreso de Berlín de 1885 indica que Alemania se incorpora tarde a esta carrera por conseguir territorios en ultramar . Aunque su sociedad geográfica es de las más antiguas de Europa, no cumplía bien los deseos expansionistas de las clases altas alemanas y, a partir de 1885, es el ejército imperial del kaiser quien se va a dedicar a estas labores de exploración y documentación pero con fines más utilitarios y más encaminados a expandir la influencia alemana fuera del continente europeo.

Aparecen así, dentro de la geografía alemana, figuras como las de Kral Haushoffer que en 1887 inició su carrera militar y, dentro del ejército, muy pronto va a ser enviado a Japón, China, India y Corea. En 1918 cursó estudios de geografía en Munich. Esto no impidió que fuese movilizado en la Primera Guerra Mundial y alcanzase el grado de general al finalizar la misma y luego, a ser desmovilizado, retornó a su labor docente como profesor de geografía en la Universidad de Munich, donde conoció al dirigente del partido nazi Rudof Hess, como ya vimos en otra entrada de este blog (Véase LA GEOGRAFÍA NAZI) .

En esta misma línea de militares exploradores, nos encontramos con Leo Frobenius (1873-1938) que, hijo de militar prusiano, él mismo fue oficial en la Primera Guerra Mundial y como tal participó en expediciones a África y Próximo Oriente que tenían como finalidad levantar a los pueblos de estas zonas contra sus colonizadores británicos, franceses e italianos. Para ello llegó a Eritrea (febrero de 1915) intentando convencer a los Italianos para atacar Sudán y arrebatárselo a los ingleses. No consiguió su propósito , pero esta misión fue “tapada” como una expedición científica puesto que este explorador ya había viajado a África en 1904. Las expediciones de Frobenius antes y durante la Gran Guerra están consideradas como científicas, pero también con una finalidad política (Da Riva 2017, Kuba 2020) que era asegurar y ampliar las posesiones alemanas en África tras el mencionado congreso berlinés. Así, no es de extrañar que el primer viaje a África de Frobenius sea en 1904 (Wikipedia) y que el primer país visitado fuera el Congo Belga, sin olvidar que el país vecino de Camerún había caído en el saco alemán tras el reparto del continente que se hizo en Berlín en 1885.

La pérdida del efímero imperio por parte de Alemania en 1918 impulsó a Frobenius, ya desmovilizado del ejército, a crear si Instituto de Investigación sobre la Morfología de la Cultura en 1920 (Forschungsinstitut für Kulturmorfologie ) que denominaremos FK para abreviar tan complicadas palabras germanas. Fue fundado en Munich pero ya con una finalidad puramente cultural : investigar las cultura de los pueblos africanos y, aparentemente, alejado de intenciones expansionistas e imperialistas.

La pérdida de las colonias impulsó dentro de Alemania la idea de que la influencia cultural y económica en países menos desarrollados podía crear un a nueva forma de imperio que reportaría beneficios a la metrópoli sin tantas inversiones en infraestructuras ni en tropas para mantener el control territorial . Esta idea consistía de ejercer una influencia cultural sobre los países, es algo que está hoy totalmente en auge y más con el fenómeno de la globalización .

La Alemania de la República de Weimar había perdido mucho de su prestigio militar y político que tuvo entre 1885 y 1914, pero seguía siendo una potencia en el campo de la cultura y de la ciencia. Max Plnac, Albert Einstein, Wernwr Heisembreg, Arnold Schroedinger vivieron y trabajaron en ese país durante el periodo de entreguerras, si bien Einstein lo abandonó en 1933 por las causas que ya conocemos .

Después de la Primera Guerra Mundial a Alemania se le cerraron muchos lugares donde la arqueología podía realizar una gran labor científica. Egipto y Próximo Oriente habían pasado a ser protectorados británico y francés y el estudio de sus ruinas y de su pasado estaba destinado a investigadores de esas metrópolis para mayor gloria de su prestigio cultural. Fueron muy contados los permisos de excavación que las autoridades de países como Egipto o Irak dieron a instituciones que no fueran británicas o estadounidenses.

El FK , aunque era conocido y admirado en Alemania por sus colecciones de arte étnico africano (las había reunido Frobenius en sus viajes a este Continente) , no era reconocido a nivel mundial por tratarse de una institución totalmente privada, hasta que en 1925 Frobenius trasladó su institución a Frankfurt y consiguió adcribirlo a la universidad de esa ciudad (actualmente universidad J.W. Goethe) y darle así un carácter oficial y de más renombre.

Pero la institución de Frobenius seguía teniendo dificultades para operar en Oriente Medio y África Oriental por lo que en los años treinta tuvo que dirigir sus expediciones a países con los que Alemania tenía una mejor relación, sobre todo cultural. En este contexto se entienden las expediciones a Val Camonica en Italia, a Libia y a España, donde vinieron en dos ocasiones (García Alonso, 2009) en 1934 y 1936. La primera de ellas se produce en un periodo de la Segunda República en el que gobernaba la derecha con la coalición del Partido Radical y la CEDA y no se veía con malos ojos el régimen que se había instaurado en Alemania a partir de 1933 pero, sobre todo por el contacto que Leo Frobenius tenía con su compatriota Hugo Obermaier a la sazón catedrático de “Historia primitiva del hombre” en la Universidad Central de Madrid. Es significativo que en la segunda expedición, la de 1936, ya tienen que tomar contacto con otro de los grandes prehistoriadores españoles: Pedro Bosch Gimpera catedrático en Barcelona, pues ya, con el Frante Polular en el poder, Obermaier va a estar mal visto por las nuevas autoridades españolas surgidas tras las elecciones de febrero del 36, llegando incluso a perder su cátedra ese mismo año.

La primera expedición a suelo ibérico la realizaron los miembros del FK entre el 30 de junio al 8 de agosto de 1934 y estuvo compuesta por 7 personas (García Alonso, 2009) y su trabajo consistió en fotografiar y dibujar las pinturas rupestres de la Roca de los Moros (Cogull, Lérida) y Barranco de Valtorta (Castellón) donde hay varios enclaves con pinturas de estilo levantino español. La existencia de estos enclaves había llegado a Frobenius a través de las lecturas del Abate Breuil y de Hugo Obermaier.

El segundo viaje a España se produjo del 24 de abril al 17 de junio de 1936 y la expedición estuvo compuesta por 6 personas y, como vemos, terminó un mes antes de que empezara la Guerra Civil sin poder concretar la exposición en Barcelona de sus trabajos patrocinada por Bosch Gimpera , como en un principio se había acordado. El objeto de estudio se centró en los yacimientos de la Cornisa Cantábrica visitando la cueva de El Castillo, La Pasiega y Altamira en Cantabria.

La institución de Frobenius tuvo ayudas financieras del gobierno alemán, pues no olvidemos que el organismo al que quedó adscrita, la J.W. Goethe Universitat de Frankfurt era un organismo público. Durante el periodo de dominio nazi (1933-45), el FK no dejó de realizar sus actividades a pesar de que tras fallecer Frobenius en 1938, fue intervenida por el gobierno , pues el sucesor natural de éste, Adolf E. Jensen no fue admitido por las autoridades por estar casado con un judía (wikipedia, entrada correspondiente a este autor). De todas formas su labor se redujo durante la Segunda Guerra Mundial pero se reanudó al finalizar la misma. Lo que parece más seguro es que en la década de los años 30, Alemania tenía un gran interés en incrementar su influencia en España a la que veían muy inestable debido a los gobiernos republicanos y a su falta de adecuación a la democracia como había sucedido con la extinta República de Weimar en ese país.

Ya Ángel Viñas (1977) nos hizo ver que durante la Primera Guerra Mundial, los servicios de información del ejército alemán , dirigidos por el almirante W. Canaris, habían actuado en España. Tras el final de la contienda, en la década de los años 20, debido a las limitaciones que imponía en Tratado de Varsalles, la industria, la tecnología y la ingeniería alemanas se consideraban desaprovechadas. Turquía, la Unión Soviética y también España intentaron utilizar estos conocimientos para mejorar la flota de guerra que deseaba reforzarse con la construcción de nuevos buques a raíz de la Ley Miranda de 1915.

A tenor de esta colaboración, llega a nuestro país en 1922 Wilhen Canaris, cuya misión es concretar los términos de la ayuda germana a la armada española. Pero no olvidemos que este oficial, que ya estuvo en España en 1916, en plena contienda con el grado de teniente de navío, fue también un informante privilegiado del ministerio de exteriores alemán:

“Se conserva en los archivos del Ministerio de Negocios Extranjeros de Bonn un ejemplar de un informe de Canaris sobre ’Situación y ambiente políticos en España’ en el que el joven oficial se extiende en consideraciones sobre ’aliadófilos’ y ’germanófilos’ españoles y en el que, entre otras cosas, pasa revista a las posibilidades de ampliar la propaganda alemana en España” (Viñas Martínez 1977, pág. 30).

La conclusión a la que llega Canaris, que fue compartida por otros agentes alemanes, es que en nuestro país la causa germana era la preferida por las clases altas , cultas, la Iglesia y el ejército. No es de extrañar pues que en Alemania se considerase a España un país amigo.

Finalizada la guerra se pensó que la mejor forma de tener influencia era a través de la cultura y la colaboración técnica. Es en este contexto en el que hay que situar las expediciones del Instituto Frobenius en 1934 y 1936. La finalidad principal era el estudio del arte rupestre , primero en la zona levantina y en segundo lugar, ya en 1936, el arte franco-cantábrico pero como segundo objetivo, estas expediciones tenían la pretensión de extender la influencia de la cultura alemana entre la intelectualidad española. No olvidemos que durante el primer tercio del s. XX la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) mandó a la mayor parte de sus becarios a estudiar a Alemania. Sería innumerable la lista de intelectuales españoles que estudiaron en el país centroeuropeo, pero desde luego Bosch Gimpera y Martínez de Santa-Olalla lo fueron y apreciaron siempre la cultura germana (García Alonso, 2009) .

En la obra citada se especifica, con mucha documentación y de forma detallada, estos dos viajes alemanaes a la Península Ibérica. La finalidad del presente artículo es reseñar nuestra opinión de que ambas expediciones se encuadran en una campaña de mayor calado como era difundir los logros de la ciencia alemana por el mundo. El F.K va a tener un periodo de esplendor en la década de los 30 a raíz de la llegada al poder del partido nazi , que se va a servir de él para introducir misiones en otros países amigos como Italia (la expedición a Val Camonica probablemente fue la más importante de las realizadas por la institución en aquellos años previos a la Segunda Guerra Mundial) , a Libia, a Próximo Oriente o a África Oriental (www.frobenius-institut.de).

El estudio del pasado de los pueblos del mundo así como el presente desde un punto de vista antropológico y la difusión de estas investigaciones son un medio de ejercer la influencia cultural de unos países sobre otros y Alemania, durante el periodo de entreguerras, lo va a utilizar para recuperar parte de su prestigio internacional perdido tras la derrota en la Primera Guerra Mundial.

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

- DA RIVA, Rocío. (2017). Arqueología, etnólogos y espías, la misión de Leo Frobenius en Arabia y Eritrea, 1914-1915. Ed. Bellaterra, Barcelona.

 

- GARCÍA ALONSO, Francisco (2009). Las investigaciones de Leo Frobenius y el Forschunginstitut für Kulturmorphologie sobre el arte rupestre en España. (1934-1936) en Revista Pyrenae, nº 40, vol, 1, pp, 175-221, Barcelona.

- KUBA, Richard. (2020). Las expediciones de Leo Frobenius entre ciencia y política: Nigeria 1910-1912. en Bérose-Encycñopedie internationl des histoires de l’anthropologie. París.

- VIÑAS MARTÍN, Ángel (1977) . La Alemania nazi y el 18 de julio. Alianza Editoria, Madrid.

- (2001) . Franco, Hitler y el estallido de la Guerra Civil: Antecedentes y consecuencias. Alianza Editorial, Madrid.

 

En Internet:
- www.wikipedia.org

- www.frobenius-institu.de

SEGUNDA REPÚBLICA Y REVOLUCIÓN

SEGUNDA REPÚBLICA Y REVOLUCIÓN

 

Ha existido desde hace mucho tiempo en la historiografía española la idea, con respecto a la Segunda República, que los partidos de derecha eran aquellos que añoraban la monarquía perdida de Alfonso XIII que se fue dejando el campo abierto a los firmantes del Pacto de San Sebastián para implantar un gobierno provisional republicano.

En los libros de texto de bachillerato ( Balanzá, M et al, 1987; Sánchez Pérez, 2009) nos siguen diciendo que las formaciones de esta tendencia son los monárquicos alfonsinos, los carlistas, el Partido Agrario, Acción popular (de inspiración católica) y Falange Española, y entre los de centro y de izquierdas encontraríamos al Partido Radical de Lerroux, el P. Progresista de Alcalá Zamora , Izquierda Republicana de Manuel Azaña y, claro está, a los partidos que sí son netamente de izquierdas como PSOE, PCE, CNT, Esquerra Republicana y el Partido Radical-socialista de Marcelino Domingo.

Es evidente que aquellos que extrañaban la figura del rey, como Calvo Sotelo, se encuadrarían dentro de la derecha, pero en un país donde la trayectoria democrática desde 1876 era muy deficiente y con un número de partidos muy pequeños, la llegada de la república con su proliferación de partidos, implicaba que la mayoría de éstos basaban su éxito en la personalidad y el carisma de sus líderes. Muchos ciudadanos se orientaban políticamente según su afinidad con un político que había creado un partido “ad hoc” para concurrir a unas Cortes que, con la Constitución de 1931, se plagaron de pequeños partidos que se solapaban en su ideología y que su único aglutinador era el líder. De esta forma, para entender la evolución política de la Segunda República,hay que ver la trayectoria y biografía de esos prohombres que cubrían el espectro político en las diferentes etapas de este periodo.

Así, el gobierno provisional que hubo entre el 14 de abril y el 9 de diciembre de 1931, tuvo como presidente del gobierno a Manuel Azaña que era un hombre que pertenecía a la burguesía liberal, culto y ambicioso pero de una ideología que no se puede calificar precisamente de izquierda. Los ministros que conformaron este gobierno procedían en su totalidad de las clases medias-altas y alta: a parte del antiguo periodista y notario Azaña, aparece el abogado y terrateniente cordobés Niceto Alcalá Zamora , el ex-ministro monárquico Maura de familia noble, Fernando de los Ríos y Álvaro de Albornoz también procedentes de una familia adinerada asturiana. Tras la aprobación de la Constitución en Diciembre de 1931 y la formación de un nuevo gobierno, da comienzo el periodo del bienio progresista y de nuevo nos encontramos con Alcalá Zamora, en este caso ya como presidente de la República, y a Azaña como jefe de gobierno y con un consejo de ministros muy parecido al anterior, es decir, compuesto por miembros de una burguesía de clase media procedente de profesiones liberales (abogacía, periodismo) que en ningún momento comulgaba con posturas extremistas de inspiración marxista. Era el caso de Casares Quiroga, A. Lerroux, M. Domingo, A. de Albornoz. Solamente Indalecio Prieto y Largo Caballero llegaron a la política procedentes del PSOE y la UGT.

Es también sabido que el ala más izquierdista del socialismo español, la encabezada por Largo Caballero, sí tenía una inspiración marxista, pero era dentro del Partido Comunista, que se había creado en 1921 y que formaba parte de la Tercera Internacional, en donde el marxismo había alcanzado su máximo desarrollo en España.

Los marxistas españoles, así como muchos miembros de la Internacional, vieron el la llegada del la Segunda República una de las fases de la revolución proletaria de la que habló Marx. Se trataría del dominio de la burguesía , lo que en la terminología marxista-leninista se denominó la “república burguesa”, nombre que el el marxismo y el anrquismo español se refirieron al sistema político nacido en 1931 como consta en discursos, artículos y escritos de sus principales representantes. Muchos la asimilaban con la Revolución de Febrero en Rusia que llevó al poder a Kerensky. Sus similitudes eran que se había suprimido la monarquía secular y corrupta, se había instaurado un régimen republicano encabezado por la burguesía progresista, pero burguesía al fin y al cabo y por lo tanto, representante de los intereses del capitalismo. La laicidad de la enseñanza, la ley del divorcio o la secularización de los cementerios, lo veían como algo apropiado pero que, indudablemente, no era el fin último a conseguir pues, según la teoría merxista-leninista, sería realizar una revolución a llevase a la clase trabajadora al poder e implantar así la “dictadura del proletariado”.

En discursos, artículos de prensa e intervenciones en Cortes, los dirigentes del PCE siempre atacaron a la República acusándola de burguesa y contraria a los intereses de la clase obrera. El Partido Comunista nunca tuvo una importante representación parlamentaria. Así en las Cortes constituyentes de 1931 no obtuvieron ningún escaño, en las constituidas en noviembre de 1933 obtuvo solo un diputado y en las de febrero de 1936, cuando ganó la coalición de izquierdas del Frente Popular, el PCE obtuvo 17 diputados (Tamames, 1988). Por eso nunca vieron al sistema democrático de la Segunda República como algo que les permitiría alcanzar el poder de forma pacífica y democrática. Mas bien lo veían como una etapa transitoria en la que la sociedad se descompondría y facilitaría la labor de los revolucionarios. En los años treinta del siglo XX, antes de que la "Eescuela de Frankfurt” estableciera sus premisas entre la izquierda marxista, la postura leninista de hacer una revolución violenta por medio de un partido organizado y a la vanguardia del proletariado era la predominante. Esta era la postura del comunismo españo len la época de la Segunda República y que era común a la mayor parte de los partidos comunistas del mundo. Así pues, ya durante los años treinta, se vio a este régimen republicano como algo a lo que había que atacar . Las actas de las Cortes republicanas de los meses de abril a junio del 36 en las que se recogen las intervenciones de los diputados comunistas, en concreto las de su secretario general José Díaz Ramos y su figura emergente Dolores Ibarruri, están plagadas de términos peyorativos contra una república que no acababa de asentar la democracia en España:

El PCE, fundado a comienzo de los años 20 siguiendo los principios esenciales de la Internacional Comunista (…) Recibió a la República como una dictadura “burguesa-latifundista” y hasta el verano de 1934 la línea del partido fue fiel a la táctica de “frente único” y la teoría del “socialfascismo” y la política de “clase contra clase” (Casanova, 2009, pág. 97).

Igualmente durante el periodo de la Revolución de 1934, cuando los sindicatos más radicales quisieron derribar al gobierno legítimo de la República surgido de las elecciones de 1933, las sesiones en la cortes están plagadas de intervenciones en las que se acusa al gobierno radical-cedista de burgués y represor y en la prensa de partido se hacía mención a la revolución proletaria cuya hora había llegado como llegó la revolución de octubre tras la de febrero en la Rusia de 1917. El fracaso de esta intentona revolucionaria dio lugar al pensamiento de que la desunión de las fuerzas progresistas y su falta de liderazgo y organización habían motivado el desastre, pero que llegaría el momento de resarcirse.

Los contemporáneos de estos acontecimientos por parte de la izquierda siempre tuvieron claro que la República era un medio, un instrumento para alcanzar una revolución que implantase un nuevo estado soviético en España. Anarquistas de la FAI y CNT, comunistas del PCE y del POUM y el ala más radical del PSOE, siempre hablaban en sus discursos en Cortes, en mítines o en cualquier acto público de revolución. Las diferencias ideológicas entre todas estas formaciones eran abismales para ellos, pero tenían en común la idea de que la República tenía que hacer una revolución, no era un régimen en sí mismo, no era algo destinado a perdurar en la Historia de España pues la República habría de ser una fase más en el proceso revolucionario que habría de conducir a España a formar parte de esa Europa que había empezado en 1917 en Rusia y que se había frenado por la tozudez de la Polonia de Pildusky , que había seguido intentándolo con los espartaquistas en la Alemania de Weimar donde los grupos paramilitares habían frenado una revolución que quería llevar a Alemania, en 1918 a la órbita soviética.

Los comunistas españoles vieron el la Segunda república la ocasión de levantar al pueblo contra el gobierno establecido para crear una situación de caos que la llevara al colapso y poder establecer una República Popular, algo muy distinto del espíritu democrático y liberal con el que nació la República española. Pero lo mas curioso de todo esto, como todos los historiadores del periodo reconocen, es que el mayor número de llamadas a la insurrección y a la revolución violenta va a venir de las filas socialistas. Del grupo más radical que era el encabezado por Largo Caballero. La prensa de la época hace referencia a discursos pronunciados por el político socialista en donde se recogen sus palabras en las que siempre resalta el carácter burgués de la república (de la que él fue ministro en diferentes gobiernos, llegando a presidir el consejo de ministros desde el 4 de septiembre de 1936 hasta el 17 de mayo de 1937). De la misma manera este político firmaba artículos en el periódico de su partido “El Socialista” en los que dejaba muy clara su postura de no admitir, bajo ningún concepto, que los partidos de derechas pudieran gobernar con el apoyo popular.

...el Parlamento no es inmutable, no es una institución ante la cual los socialistas tengan que arrodillarse rindiendo culto. Para mí (no sé para otros compañeros) es una de tantas armas que la clase trabajadora debe manejar para obtener sus reivindicaciones”

(Largo Caballero. El Socialista 21/4/1934. Nº 7.867, pág. 1. Discurso pronunciado en el acto de clausura del V Congreso de las JJ.SS.)

La radicalización del discurso de Largo Caballero se produce a partir de 1933 cuando, tras las elecciones de ese año, el gobierno republicano pasó a estar presidido por Alejandro Lerroux del Partido Radical y posteriormente por la coalición de este partido y la CEDA. Fue en este periodo de la historia de la Segunda República cuando la UGT participó, junto con otros sindicatos de clase, en la huelga general que desembocó en la Revolución de Asturias de 1934, en las que anarquista, socialista y, por primera vez, comunistas, proclamaron a “voz en grito” que ya no habrían de tomar el poder de forma democrática por medio de unas elecciones si no de forma violenta al estilo bolchevique en octubre de 1917 y con las armas en la mano.

En definitiva, la tesis central del presente artículo es relacionar las fases de la historia política de la Segunda República con las etapas propias de toda revolución política de la que nos habla Allan Todd (2000) en su libro sobre las revoluciones. Resumiendo las ideas, podemos decir que todo cambio político, social y económico radical y que se produce en poco tiempo, comienza con un primer momento denominado “Difusión de las ideas revolucionarias”. Para el periodo que nos ocupa obviamente estamos tratando de las ideas marxistas y, la primera cuestión que hay que plantearse, es cómo llegaron a nuestro país y cómo se difundieron.

Durante el periodo de vigencia de la I Internacional, entre 1864 y 1876, se produjo en España la llamada “Revolución Gloriosa” de 1868 que habría de apartar a Isabel II del trono y dar lugar a un periodo de nuestra historia convulso , lleno de inseguridades y de transformaciones sociales y políticas. Significativamente a esta etapa se la conoció como el “Sexenio Revolucionario”. Sin entrar en detalle de las polémicas que sucedieron en la Asociación Internacional de Trabajadores, hay que mencionar la agria disputa que se suscitó dentro de esta organización entre Karl Marx y Mijail Bakunin, que dividió al movimiento obrero en las dos tendencias que lo van a dominar a finales del siglo XIX y principios del XX: Socialismo y anarquismo.

En estos conflictivos años del Sexenio Revolucionario, la I Internacional va a mandar como representante a España a Fraga Pellicer, catalán y amigo de Bakunin, por lo que van a ser la ideas de éste (el anarquismo) las que primero van a entrar y a difundir. Será en 1871 cuando llegue a nuestro país Paul Lafargue, yerno de Marx , tras la caída ese año de la Comuna de París y por lo tanto, el socialismo marxista. Otro de los introductores del anarquismo español fue Anselmo Lorenzo que había conocido en Londres a Marx y a Engels pero que se decantó por la postura anarquista y fue uno de los fundadores de la CNT. Así pues, vemos que ya estaban introducidas en España las ideas revolucionaria que tuvieron los principales partidos de izquierda en al Segunda República española.

El segundo paso de estas etapas que conducen a la revolución, en la "rebelión de los privilegiados". Todos los autores citados en la bibliografía (Casanova, 2009; Malerbe et al, 1991; Jackson 1976) coinciden en afirmar que en los últimos años de su reinado, sobre todo desde el desastre de Annual y la implantación de la dictadura de Primo de Rivera, Alfonso XIII había perdido gran parte de los apoyos que tenía en el ejército y la banca. Tas las elecciones de 1931 se le hizo saber, por parte de altos mandos militares, que podría haber revueltas populares contra su persona y que el ejército no garantizaba su seguridad (Malerbe et al. 1991; Casanova 2009). Ante este hecho el monarca comprendió que, no solamente las fuerzas armadas cuyos altos mandos estaban mayoritariamente en manos de nobles, si no también empresarios y banqueros con los que antes había hecho negocios, habían dejado de darle su apoyo. Es decir, los privilegiados durante el régimen de la Restauración dejaron de ver al rey como alguien que podría garantizar sus privilegios en el futuro. Más bien la presencia del monarca, a tenor de los resultados de las elecciones locales del 31, era preocupante pues podría desencadenar disturbios peligrosos. Era preferible una república controlada que, aunque permitiera algunos desmanes, acabara poniendo orden en una sociedad tan desigual y en un momento en el que en el mundo se sufría la crisis económica de 1929.

La tercera fase de las revoluciones de Allan Todd es "la revolución en manos de los moderados". En todos los estudios sobre la Segunda República española, nos encontramos con que las primeras etapas de la misma son:

- Gobierno provisional (1931)

- Bienio progresista (1931-33)

- Gobierno de la derecha (radical- cedista) (1933-36).

En todos estos momentos la nación estuvo presidida por Niceto Alcalá Zamora. No podemos entrar aquí en su biografía detallada, pero son bien conocidas sus posesiones de tierras en su Córdoba natal y su actividad política en los gobiernos de la monarquía. Durante le Bienio Progresista presidió el gobierno Manuel Azaña que provenía de una burguesía acomodada que le permitió estudiar Derecho y ser notario después de haberse dedicado al periodismo e incluso haber tenido veleidades literarias. De la misma extracción social eran la mayoría de los ministros del Gobierno provisional y del Bienio. Se trataba de personas de clases acomodadas que tenían ideas progresistas en determinados aspectos políticos y sociales, como el matrimonio civil, el divorcio, la secularización de la enseñanza... Consideraban que España debía dejar atrás el conservadurismo más rancio y clerical representado por terratenientes, "señoritos" y la Iglesia, y dar cabida a personas con una visión mas racional y "moderna" de la vida. La monarquía, con su secuela de corrupción y el apoyo de los grupos más conservadores y tras la experiencia de la dictadura de 1923-30, no podía ser ya la institución que guiase un cambio social y político en nuestro país. De ahí que apoyasen a la República. La revolución consistía en cambiar leyes que favorecieran el anticlericalismo, la posesión de tierras por parte del campesinado para no depender de los grandes propietarios (los viejos “caciques” de régimen de la Restauración) o la creación de escuelas para dar una educación fuera del ámbito religioso a los jóvenes españoles.

Las leyes y normativa aprobada por los gobiernos y las Cortes entre 1931-33 no parecen indicar que se pretendiera hacer una radical transformación del sistema económico ni de la estructura de la propiedad salvo en el caso de la tierra con la Ley de Reforma Agraria de 1932, Se trata de políticas reformistas que en ningún momento quisieran utilizar la violencia para imponer un cambio total en la sociedad. No digamos cuando en 1933 el gobierno de la república cae en manos de Alejandro Lerroux, hombre claramente de derechas y posteriormente a la coalición del Partido Radica y la CEDA. Los tres periodos que hemos mencionado más arriba serian pues “moderados”, Se correspondería con la fase moderada de la que habla Todd.

No se puede negar que los elementos más radicales y exaltados no estuvieran presentes. Ya hemos visto como anarquistas y comunistas estuvieron presentes en el panorama político de la Segunda República (más los primeros que los segundos), pero hasta 1936 tuvieron un papel muy poco destacado en la política republicana.

Como ha sido resaltado por todos los autores consultados, los anarquistas no participaron en las elecciones y no entraron en el parlamento , negándose también a participar en el gobierno hasta la Guerra Civil. Los comunistas tuvieron muy poca representación e igualmente fue a raíz del levantamiento del 18 de Julio cuando empezaron a tomar preponderancia en el bando republicano, sobre todo cuando las juventudes socialistas y comunistas se unificaron en la JSU y el partido fue el que organizó milicias y comités locales para llenar el vacío del gobierno legítimo de la República en la caótica situación que creó el pronunciamiento militar.

Llegaríamos así a la fase “exaltada” de todo proceso revolucionario . Las elecciones a Cortes de febrero del 36 fueron todo menos transparentes. Esto se debió a la descomposición del gobierno derechista del Partido Radical y de la CEDA. El 29 de Octubre de 1935 Lerroux se vio obligado a dimitir como presidente del Consejo de Ministros por el escándalo del estraperlo (G. Jackson, 1976) y se encarga de formar un nuevo gabinete Joaquín Chapaprieta que anteriormente ocupaba la cartera de Hacienda. No duró mucho en el cargo, escasamente tres meses, pues sus reformas económicas para contener en déficit público fueron bloqueadas por sus socios de la CEDA, que en un principio habían apoyado su elección . El presidente Alcalá Zamora encargó entonces la presidencia del gobierno al centrista Portela Valladares, que tomó posesión de su cargo el 14 de Diciembre del 35 y cuya principal misión fue la convocatoria de elecciones generales que sacasen al país del atolladero en el que lo había metido Lerroux y sus corrupciones.

Portela disolvió el parlamento el 7 de Enero de 1936 y convocó elecciones para el 16 de Febrero y, una vez celebradas éstas, es donde empieza el galimatías del proceso electoral y del recuento de votos que dieron la victoria al Frente Popular. Portela Valladares dimitió como presidente del gobierno el 19 de Febrero, tres días después de los comicios ¡¡sin que hubiera acabado el recuento de votos!! (Álvarez Tardío y Villa García, 2017) y comenzó un periodo en el que muchas juntas electorales locales fueron controladas por miembros de los sindicatos y partidos que habían formado la coalición del Frente Popular sin que hubiera una autoridad que pudiera poner freno a excesos o desmanes. Los gobernadores civiles nombrados por el gobierno Portela Valladares se encontraron en una situación muy comprometida, pues su poder se lo había dado un gobierno que, nada más producirse las elecciones, ya no existía. Si imponían su autoridad podían encontrarse con que el gobierno salido de las Cortes del 36 -que seguro iba a ser del Frente Popular- podía desautorizarlos o incluso actuar penalmente contra ellos, lo que provocó su inhibición y en algunas provincias , su dimisión en otras, que se encontraron, en esos cruciales días sin autoridad y que fue sustituida por partidos y sindicatos obreros. Por supuesto que no vamos a entrar aquí en la agria polémica sobre la limpieza de las elecciones del 36. Lo que es un hecho es que la victoria de la coalición de izquierdas fue proclamada y reconocida de forma generalizada en aquél momento. El mismo Portela, antes de su dimisión, la reconoció y fue este un motivo de su renuncia: el fracaso de su formación centrista en dichas elecciones.

Comienza así una “fase exaltada” donde los elementos anarquistas, comunistas y socialistas van haciéndose con parcelas de poder, sobre todo a nivel local, que van a ser importantísimas durante el conflicto que se avecinaba. Es a partir precisamente del 18 de Julio, cuando en la España republicana se implanta la fase exaltada de la revolución. Todos los autores consultados en la bibliografía dedican un capítulo a la evolución de esa parte del país que siguió siendo fiel al régimen republicano y se coincide que en los primeros meses de la contienda el poder efectivo estaba en manos de los comités locales que disponían de sus propias milicias armadas y que fueron los causantes de las muertes y represión en esa zona hasta que, a principios de 1937, los líderes del Frente Popular acordaron la creación de un ejército popular más disciplinado y acabar así con los desmanes de las milicias.

En Historia los acontecimientos, aunque sigan unas pauta, no pueden repetirse ni ser iguales. La última de las fases de una revolución es “la reacción moderada y la implantación de un poder personal” que deriva en una dictadura. La reacción Thermidoriana del 18 de Brumario en la Revolución Francesa, implantó un directorio para dar fin a la época del Terror y, al final, se acabó imponiendo el poder personal de Napoleón. En la Rusia soviética, la reacción conservadora, tras octubre de 1917, fue una cruenta Guerra Civil que favoreció la consolidación del poder personal de Lenin y luego de su sucesor Josif Stalin. Si la Guerra Civil rusa la hubiera ganado el bando de “los blancos”, los más conservadores y reaccionarios, la dictadura hubiera llegado igual, sólo que hubiera sido de signo distinto.

No siempre la implantación de un poder personal se hace con los elementos propios de la Revolución como Napoleón o Stalin. En el caso de España el resultado se modificó de forma apreciable. Tras el Triunfo del Frente Popular y los primeros conatos de revolución política y social, con un gobierno débil como el de Santiago Casares Quiroga, con quien muchas veces no coincidía el mismo presidente de la República Manuel Azaña, la reacción conservadora no se hizo esperar. EL “Alzamiento” del 17 de julio en Marruecos y en algunas guarniciones peninsulares, no fue más que un intento de frenar la deriva revolucionaria que había tomado la Segunda República. En los primeros días los soldados sublevados llevaban la bandera republicana, que era la que tenían en sus regimientos, pero con el escudo recortado. Para muchos no estaba claro si en realidad estaban luchando por una República más ordenada y derechista o por un régimen nuevo cuya identidad, en las primeras semanas de guerra, nadie conocía. El gobierno de la España Nacional tuvo que dejar claro, apoyándose en la Falange y en su discurso de cambio social, que lo que llegaría tras la contienda, y si esta se ganaba, no sería una continuación del régimen anterior, si no algo nuevo que tampoco se especificó bien en qué consistiría, pero que al final resultó ser una dictadura militar en el más clásico sentido de la palabra. Lo que llamaron los dirigentes “nacionales” una España Nueva, no iba a ser una continuación mejorada de la anterior.

Se produce así una reacción moderada tras la fase exaltada del Frente Popular y los Comités locales, que acaba con la implantación de un poder personal, en este caso, del general Franco que, no olvidemos, entre 1931 y 1936 fue un militar de la República que siguió en activo tras la promulgación de la ley Azaña y que en el momento del Alzamiento, era gobernador militar de Canarias con tropas bajo su mando.

Se cumplen así las etapas características de toda revolución política, por lo que se puede considerar que el periodo de la historia de España entre 1931 y 1939 es una unidad cronológica en la que se intentó llevar a acabo un cambio político y económico que sólo fue a medias. En el aspecto político sí que la situación cambió completamente: la democracia que quería implantar la Segunda República definitivamente fue destruida, pero tampoco se volvió a imponer el sistema monárquico anterior al 14 de abril de 1931, Fue un régimen nuevo nacido de un pronunciamiento militar que ni siquiera tuvo precedentes en el s. XIX, pues los que se produjeron en ese siglo siempre eran intentos de imponer al rey una línea de gobierno determinada; eran insurrecciones breves que no llevaban aparejado un gran derramamiento de sangre, salvo el caso de las Guerras Carlistas, que no fueron intentos de golpe de Estado, si no sublevaciones de parte de la población y de la aristocracia por un rey . Con el final de la Guerra Civil de 1936-39 se instaura en España un régimen nuevo : un reino sin rey.

Ahora bien, este cambio político tan extraño, no se produjo paralelo al económico . La reacción conservadora de la que hemos hablado, lo que verdaderamente quería era frenar el avance y la implantación del comunismo y de la economía planificada que llevaría aparejada la destrucción del sistema económico capitalista. Éste se defendió de la única forma que supo en aquellos momentos históricos de grave crisis económica mundial: apoyando regímenes autoritarios que reprimieses los movimientos obreros más radicales que actuaban ya bajo inspiración soviética, interviniendo en economía para apoyar al sistema económico imperante. Estos intentos de salvar al capitalismo de su destrucción tras la crisis del 29 y el avance de los partidos marxistas afines a la III Internacional no fueron exclusivos de España. Alemania, Italia, Polonia, Hungría, Finlandia y muchos países latinoamericanos en los años 30 de siglo pasado, tuvieron gobiernos autoritarios que despreciaban la democracia y la arrinconaron a la espera de momentos mejores.

 

 

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ARQUEOLOGÍA Y NACIONALISMO. LA JUSTIFICACIÓN HISTÓRICA DE UNA IDEA.

ARQUEOLOGÍA Y NACIONALISMO. LA JUSTIFICACIÓN HISTÓRICA DE UNA IDEA.

 

 

 

Desde todos los sectores de la derecha española se critica y cuestiona que en el sistema de educación pública de Cataluña, cuya competencia la tiene transferida la Generalidad desde hace décadas, la enseñanza de la Historia se haga de forma tergiversada y tendenciosa con el fin de crear un “relato” en el que Cataluña fue otra cosa de lo que realmente fue y es. En esa historia (con minúscula) los pueblos que habitan la costa mediterránea de la Península Ibérica constituyen una unidad diferenciada del resto de la población ibérica. Sería lo que ellos ( los historiadores nacionalistas) denominan “los países catalanes” y que estarían constituidos por las actuales regiones de Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, junto a la parte mas oriental de Aragón. La “identidad histórica” de estos territorios es que todos formaron parte , durante la Edad Media y gran parte de la Moderna, del Reino de Aragón, pero nunca constituyeron estados independientes aunque sí gozaron de autonomía dentro de la corona aragonesa.

 Este “relato” cojea. Si nunca fueron estados independientes ¿cómo pretenden ahora decir que les quitaron su libertad y quieren recuperarla haciendo uso del mas elemental derecho a decidir?. Un estudio de la Historia de España desde los primeros textos escritos de griegos y romanos, pasando por todas las crónicas y documentos medievales etc. etc. no pueden apoyar la tesis del nacionalismo de pertenecer a unos pueblos libres y soberanos, que en un momento de su historia fueron invadidos y sojuzgados por potencias extranjeras y que hoy sólo reclaman su justa libertad. Como esta hipótesis no puede ser sostenida por ningún historiador serio que se ciña a las fuentes y que describa lo que ellas nos dicen, hay que remontarse mas atrás, a la prehistoria y protohistoria donde los documentos históricos son mucho mas escasos e imprecisos. Los textos escritos son de autores griegos y romanos ( Herótoto, entre los primeros y Estrabón, Plinio, Ptolomeo y Avieno, entre los segundos) que, en varios casos escribían de oídas y son ambiguos y de variable interpretación y las fuentes arqueológicas no aportan todo el conocimiento requerido, por lo menos cuando se elabora la teoría que vamos a exponer en el primer tercio del siglo XX.

 Previamente me gustaría hacer una visión muy somera de la situación de los estudios arqueológicos en nuestro país a principios del siglo XX. Todos los autores que han tratado sobre los inicios de esta ciencia en España en estos años decisivos para su desarrollo, ponen la atención en dos figuras de especial importancia como son Adolf Schulten (1870-1960) y Hugo Obermaier (1877-1946). Son dos estudiosos alemanes pero de características muy distintas. Mientras que el primero era profesor en la universidad alemana de Erlangen desde 1907 no ejerció aquí ningún cargo académico oficial en España si bien, en una fecha tan temprana como 1905, ya fue nombrado miembro de la Real Academia de la Historia, con lo que es de destacar el reconocimiento que desde muy joven se le profesaba este país.

 Schulten, humanista de formación y con grandes conocimientos de filología clásica (se formó en ello durante sus años de estudiante en Alemania), llegó a tierras ibéricas en 1899 y comenzó las excavaciones de Numancia, y posteriormente retornó a España en 1902 para interesarse por Tartessos cuya capital buscó infructuosamente pero, claro está, dio un impulso a los estudios y al conocimiento de este pueblo prerromano español. No quiero extenderme aquí en una semblanza amplia de estos autores que ya existen y son muy conocidos.

 Hugo Obermanier tenía una formación mas científica y se había formado en su Alemania natal en geología y paleontología aunque también su formación humanística era muy amplia, pues se había ordenado sacerdote. Con este bagaje llega a España en 1908 de la mano del abate Breuil y participa en las excavaciones de la Cueva del Castillo en Cantabria donde aparece un amplio registro del Paleolítico Superior que empezaron a poner en contexto los hallazgos anteriores de Altamira y de toda la Cornisa Cantábrica. Su figura es importante porque ,a parte de sus investigaciones de campo, desde 1922 ocupa un puesto de catedrático en la Universidad Central de Madrid con una cátedra que se creó ex-profeso llamada Historia Primitiva del Hombre. Este hecho tiene una mayor importancia si tenemos en cuenta que la ley educativa de aquellos años establecía que todos los estudios de doctorado había que hacerlos en la Universidad Central de Madrid, que era la única universidad capacitada para impartir dichos títulos (doctores). Esto implicó que todos los prehistoriadores, historiadores y arqueólogos que se formaban en diferentes centros de España, tenían que acudir a Madrid para obtener el doctorado, y la mayoría estaba, directa o indirectamente bajo la tutela de Obermaier, con lo cual su influencia en todos los arqueólogos españoles fue muy grande. Así pues desde la Universidad Central de Madrid y desde la Real Academia de la Historia estos dos investigadores ejercieron un magisterio muy importante entre los futuros historiadores españolar pues todos beben de sus enseñanzas y de sus libros e investigaciones.

 Entrando ya en el tema que nos ocupa, uno de los estudiantes de doctorado de la Universidad Central fue el catalán Pere Bosch Gimpera (1891-1974) que terminó su tesis en 1913, antes que Obermaier fuera profesor de dicho centro y dede 1916 pasó a formar parte de la plantilla de profesores de la Universidad de Barcelona, de donde llegó a ser rector y estuvo en el cargo hasta 1937 cuando marchó al exilio, terminando su andadura profesional y vital de México.

 Su titularidad como profesor a una edad tan joven y sin tener gran experiencia en el campo de la investigación ni importantes publicaciones estaría motivada, como apunta María Dolores Fernández-Posse (2015), por su cercanía a las posturas catalanistas de la Lliga Regionalista en la que estaban Pi i Margall y Puig i Cadafalch y que se había convertido en partido político y había obtenido buenos resultados en las elecciones de 1901. Estos miembros de la Lliga habían conseguido que la Universidad de Barcelona se creara una sección de Historia que se le dio, con su oposición correspondiente, a Bosch Gimpera. Fue éste el creador de la hipótesis en la que aún hoy se basan muchos independentistas. Se puede resumir así: en la Iberia prerromana existían en la Península una gran cantidad de pueblos muy heterogéneos y distintos. Esta diversidad y pluralidad se mantiene en la actualidad y es el origen de la España plurinacional. Romanos, visigodos y árabes solo pusieron una unidad forzada y ficticia que se sigue notando hoy día. Se hace la distinción entre los pueblos meseteños (celtíberos e indoeuropeos) y los mediterráneos (íberos) de una mayor cultura y civilización por sus contactos con gentes del mundo oriental, mas refinadas y cultas.

 Cuando arqueólogos alemanes del Instituto Frobenius llegan a España a estudiar y copiar las pinturas de arte parietal, en los años 1934 y 1936, en diversos lugares de la geografía peninsular, se entrevistaron con el catedrático de Barcelona Bosch Gimpera para organizar una exposición de sus calcos y dibujos en el Museo de Arqueología de esa capital (García Alonso, 2009) , pero ese intento se frustra por la llegada de la Guerra Civil ese mismo año.

 Esta hipótesis que quiere justificar la existencia de una España plurinacional y "nación de naciones" está también apoyada por Anselmo Carretero (1908-2002), ingeniero segoviano que también se exilió en México y que propugnó, desde la historia medieval (de la que su padre, Luis Carretero Nieva), fue profesor, que la supuesta identidad nacional española la impuso el reino de León, que también dominó al de Castilla, que con unas peculiaridades muy distintas, es una región diferenciada del resto de España. Castilla no sería así el núcleo vertebrador de España, si no un territorio que formaría parte del estado español con sus características y peculiaridades como cualquier otra nacionalidad española.

 Anselmo Carretero fue un ingeniero industrial especializado en oceanografía, que desde su juventud se afilió al PSOE y abogó siempre por un estado federal en nuestro país. Su afiliación socialista hizo que, tras el triunfo del Frente Popular y durante la Guerra Civil, fuera director general de pesca teniendo así un puesto en el organigrama del gobierno republicano. Según él, lo castellano no es lo español. Casrtilla sería la zona donde existió el sistema de poblamiento de “Villa y tierra” si bien no es sostenible esto , pues fueron muy pocos los territorios con este tipo de poblamiento. En Burgos, centro histórico de esta región, solo hubo “villa y tierra” en unos pocos municipios al sur de la provincia.

 La comunidad de “villa y tierra” consiste en tierras comunales otorgadas por los reyes de Castilla en la Edad Media y que incluían distintas aldeas alrededor de una villa mayor y que se subdividían a su vez en 6 sexmos y 8 octavos.

 La idea fundamental de Luis y Anselmo Carretero era que lo que hoy llamamos España es la suma de muchas naciones diferentes entre las que Castilla sería una muy contrastada y con peculiaridades propias que la diferenciarían del resto de las “nacionalidades” españolas en concreto del reino de León . La “personalidad” de lo castellano surgiría en el s. XI con las primeras fases de la Reconquista de este pequeño estado desgajado de León, esencias que luego se pervertirían con la adopción por parte de los reyes de Castilla y León de la idea que eran los herederos del reino visigodo y de la supuesta monarquía hispánica. Fernando III, Alfonso X y los Reyes Católicos consiguieron crear reinos de muchos territorios bajo sus coronas y los Austrias y los Borbones formaron un Estado pero no una nación porque España eran muchas naciones algunas de ellas sin estado. Se adoptan las tesis de Pi i Margall , Puig i Cadafalch y Prat de la Riva de que existían naciones sin estado y Calaluña era una de ellas. Anselmo Carretero suma también a Casrtilla y al final concluye que no existe España si no las Españas y , si existe, no es unas nación sino una “nación de naciones” .

 Ni que decir tiene que estas ideas, desde el punto de vista de la historiografía moderna y académica, aunando todos los datos que tenemos desde la protohistoria a la Edad Moderna, no se sostiene. Desde los años 70 del s. XX se revisa lo que se sabe de los pueblos prerromanos y se comprueba que no hay una distinción clara entre ellos. Las fuentes clásicas, la lingüistica y la arqueología no coinciden en muchos de estos pueblos y la tradiconal división en tres áreas en la Península, de los íberos, celtas y celtíberos. (Ruiz Zapatero 2017 y Álvarez Sanchís et Al. 2016) no están bien delimitadas ni la afiliación de esos pueblos queda tan clara. Entre los considerados tradicionalmente celtíberos aparecen pueblos indoeuropeos anteriores a los celtas (Vetones, Lusitanos), al igual que entre los pueblos del norte considerados celtas había gentes de un linaje anterior a la llegada del hierro como los cántabros, los astures, incluso en la zona ibérica, la llegada del pueblo de "Los Campos de Urnas" a finales de la Edad de Bronce, incluyó un poso indoeuropeo en las tierras ocupadas por los íberos. Podríamos continuar así durante mucho tiempo con argumentos de muchos historiadores y arqueólogos , pero siempre nos conduciría a establecer que el sustrato indígena prerromano no puede ser la causa de la diversidad regional actual del estado de las autonomías y sus peculiaridades históricas.

 En en resto de España los estudios arqueológicos seguían produciéndose y el avance de esta ciencia continuaba . Las universidades españolas no creaban campañas de excavación continuadas y sistemáticas que ampliaran el conocimiento de los periodos del pasado de nuestro país, pero sí la Real Academia de la Historia, como lo demuestran los trabajos del aragonés Juan Cabré Aguiló quien elaboró el Catálogo Monumental de España. Provincia de Teruel en 1908, obra que se estaba haciendo desde el año 1900 y cuya publicación va a terminar en 1960. También va a ser de los primeros que comiencen el estudio sistemático de los yacimientos de la cultura ibérica y celtíbera con amplia documentación gráfica gracias a su formación en bellas artes.

La arqueología española había levantado el vuelo ya en la segunda mitad del siglo XIX con los trabajos de José Ramón Mélida Alinari que desde su cargo de director del Museo Arqueológico Nacional desde 1916, realizó excavaciones en Numancia y Mérida contribuyendo así al desarrollo de la arqueología clásica. Discípulo de éste fue Blas Taracena Aguirre y su sucesor en el Museo Arqueológico Nacional y en las excavaciones numantinas. Existía pues en nuestro país desde finales del s. XIX y el primer tercio del XX un desarrollo de la arqueología, que si bien no era tan profundo como en otros países europeos, pero sí con un carácter científico y objetivo, dentro de lo que lo puede ser la historia en general.

 Fue en la década de los años 30 del siglo XX cuando en plena efervescencia de las ideas nacionalistas en Europa que proclamaban "un pueblo, una nación" y las supremacías de unos pueblos sobre otros atribuyéndose en algunos casos, como en el nazismo, orígenes míticos totalmente inventados ( la aparición cuasi sobrenatural de los arios) o intentando reverdecer esplendores pasados como hizo el fascismo italiano con el Imperio Romano, que la historia entró a formar parte de las manipulaciones que las ideas nacionalistas hicieron para acomodar la realidad a su visión del mundo. Es en este contexto en el que hay que situar las obras y las ideas de Luis y Anselmo Carretero y de Pere Bosch Gimpera otorgando a los pueblos prerromanos ibéricos cualidades y características que, ni los textos ni la arqueología han podido probar.

 La idea de justificar el nacionalismo por medio de la arqueología y de la historia no solo caló entre sectores de la burguesía catalana . Al finalizar la Guerra Civil aparece una corriente nacionalista , pero de carácter centralista y español, también el la arqueología de esa época, muy al compás de lo que estaba ocurriendo en la Europa de los regímenes totalitarios.

 A finales de los años 30 aparece en la escena arqueológica española Julio Martínez Santa-Olalla (1905-1972). Su actuación en el campo de esta ciencia es muy ilustrativa de la influencia del nacionalismo en una materia como la arqueología. Martínez Santa-Olalla se interesa muy pronto en la arqueología y la historia y con 17 años ingresó en la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (García Alonso, 2008). Desde su Burgos natal fue a estudiar a Barcelona y Madrid donde fue discípulo de las grandes figuras que hemos nombrado en este artículo: Bosch Gimpera y H. Obermaier. Pero muy pronto se separa del magisterio de estos dos prehistoriadores y va a iniciar una línea nacionalista en la arqueología española que lo va a hacer singular en esta ciencia. La vida de este autor y su actuación investigadora darían para un artículo a parte por su interés y extensión, pues desde la administración en el gobierno vencedor de la Guerra Civil, va a promover unas actuaciones arqueológicas muy determinadas que manifiestan una ideología clara.

 Entre 1927 y 1931 reside en Alemania, primero como lector de español con un beca y luego como profesor de esta lengua. Allí se imbuyó del pensamiento nacionalista que se basaba en las ideas del pueblo ancestral de los germánicos y en un estudio de la historia idealizado y heroico. Volvió a tierras teutónicas en 1934 a dar conferencias invitado por el Instituto de Arqueología Imperial de Alemania.

 Hijo de militar se afilió en ese mismo año a la Falange joseantoniana y empezó a desarrollar la idea peculiar de la "arianización" de España. Según esto, la Península Ibérica fue ocupada en la protohistoria, por pueblos de origen indoeuropeo (arios) desede finales de la Edad del Bronce, que fueron los que dejaron el sustrato étnico mas importante en las tierras peninsulares y del que todavía los españoles serían descendientes, acercándonos así al admirado pueblo alemán.

 Así el pueblo de los Campos de Urnas (finales de la Edad del Bronce) y los celtas (ya en la Edad del Hierro) serían los primeros basamentos del edificio de los pueblos ibéricos, a los que habría que sumarles una parte de la población romana (lo Latinos eran también un pueblo indoeuropeo itálico) y, naturalmente los visigodos, pueblo germánico donde los haya.

 Desde su puesto de Comisario General de Excavaciones, dirigió los trabajos de excavación de Castiltierra donde existe una importante necrópolis visigoda que estaba siendo excavada desde 1930 y Martínez Santa-Olalla lo hace a partir de 1941 (García Alonso, 2008) donde inició las excavaciones conjuntas con investigadores alemanes cercanos o miembros de la Ahnenerbe, la sociedad para la investigación de la herencia ancestral alemana, organismos que dependía directamente de las SS y de su jefe H. Himmler.

 Indudablemente aunque no se negaba la presencia en suelo hispánico de íberos y árabes, eran mucho menos estudiados en estos primeros años de la post-guerra. La finalidad declarada de las excavaciones patrocinadas por esa Comisaría General era mostrar a los alemanes que en España había elementos germánicos y era el lugar donde unos de estos reinos (el visigodo) tuvo su mayor florecimiento.

 Sin entrar mucho en desglosar la biografía de Martínez Santa-Olalla, que daría para otro artículo diferente, podemos entrever que la arqueología y la búsqueda de restos materiales que documenten el pasado, ha sido objeto de utilización por ideologías políticas que tenían y tienen un marcado cariz nacionalista y ha querido ser utilizada para justificar ideas poco científicas. El uso de la Historia para convencer a la ciudadanía que ciertas actuaciones políticas tienen razón de ser se basa, la mayor parte de las veces, en interpretaciones falsas y tendenciosas de las fuentes que sirven para el conocimiento histórico. La Historia no está fuera de peleas ideológicas que tienen muchos partidos y grupos políticos en la actualidad.

 Concluiremos pues afirmando que la arqueología, como cualquier otra ciencia, ha sido susceptible de servir para difundir ideologías y posturas políticas que no tienen que ver con los postulados verdaderamente científicos que ha de poseer una ciencia. Se alejan de la objetividad aquellos que tratan de justificar unas posturas nacionalistas basadas en el estudio de la Historia, pues tuercen su objetividad y desmerecen a una ciencia que ha de tener reconocimiento por derecho propio.

 

 

 

 

 

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LA TECTÓNICA DE PLACAS. HISTORIA DE UNA IDEA QUE CAMBIÓ NUESTRA CONCEPCIÓN DE LA TIERRA

LA TECTÓNICA DE PLACAS. HISTORIA DE UNA IDEA QUE CAMBIÓ NUESTRA CONCEPCIÓN DE LA TIERRA

 

 

 

Nicolás Copérnico nos enseñó que no somos el centro del Universo. La Tierra es un planeta mas que gira alrededor de un astro que, en su día, llamaron “rey”. Los astrónomos de los siglos XIX y XX se encargaron de hacernos ver que el Universo es tan sumamente grande , con sus millones de galaxias en expansión, cada una compuesta por mas de cien mil millones de estrellas, que la magnitud del cosmos nos parece infinita. A pesar de ello, Albert Einstein nos dijo que el universo es finito, que está compuesto de un espacio y un tiempo , que tiene límites, La imagen del universo cambia cuando Hubble nos demostró que se expande y que las galaxias se van alejando unas de otras de forma inexorable.

El “pequeño punto azul pálido” como llamó Carl Sagan a nuestro planeta, fue cada vez haciéndose mas insignificante en la concepción que tenemos de nuestra posición en el Cosmos.

Pero el pequeño puntito que gira alrededor de una estrella mediana en la galaxia Vía Láctea, tiene mucho que decirnos sobre él y sobre nosotros mismos y cómo entendemos nuestro entorno mas inmediato, pues no en vano, la Tierra es el único lugar del universo en el que se desarrolla nuestra vida.

Vivimos en un planeta en el que los cambios se producen muy lentamente. El crecimiento de las plantas y el ciclo vital de los animales es observable y comprensible, pero otros elementos del medio ambiente , como el relieve y las aguas, sufren cambios que no son perceptibles en el transcurso de la vida humana. Las montañas que conocemos en nuestro entorno, los valles, los páramos, los ríos y las lagunas siempre están ahí. Podemos pasar toda la vida en el mismo lugar y las formas del relieve no cambian y si preguntamos a los más viejos del lugar, nos dirán que eso siempre ha estado así, que no ha habido cambio ninguno. Si hoy hacemos cambiar a las formas del relieve es porque la tecnología nos lo permite (podemos construir presas, cambiar el curso de los ríos, hacer trasvases y canales, horadar montañas...) pero con anterioridad al siglo XIX esto era casi imposible. Una parte importante del medio físico el el que se desarrolla la vida (el relieve y la hidrografía) nos parece inmutable por lo menos, a escala del tiempo de la vida humana. El clima es una sucesión de estados de tiempo que aunque muy variables y cambiantes en cuestión de horas o de días, se repiten de forma cíclica ejecutando un mismo patrón para las diferentes zonal climáticas del mundo.

Desde el periodo Neolítico, los monumentos megalíticos, denotan una especial atención a la aparición de las estaciones del año, otro patrón cíclico y predecible. El cielo era lo mas asombroso. Según el momento del año los astros ocupaban un lugar en el firmamento que era siempre preciso e inmutable. La Luna tenía su ciclo de 28 días , el Sol de 365, los astros que se movían (los planetas) lo hacían siempre igual . El mundo, tanto el terrestre como el celestial tenían una reglas para su funcionamiento que se podían considerar eternas, eran las leyes de la Naturaleza, hechas por Dios o por la divinidad en que cada persona creyera, eran eternas.

Algunos pensadores “ilustrados” del s. XVIII ya aventuraron que la Tierra no había sido siempre igual a como la hemos conocido. Simplemente la existencia de fósiles marinos en zonas secas , indicaba que el mar había ocupado lugares donde ahora no estaba. Por tanto, la superficie terrestre era cambiante pero no se podía observar porque eran muy lentos los cambios para el transcurso de una vida humana. James Hutton, entre 1795 y 1797, en su obra “Teoría de la Tierra con pruebas e ilustraciones” aceptaba que el planeta había experimentado cambios desde su creación. El uniformismo nos indica que los mismos mecanismos que provocan esos cambios en la actualidad son los que actuaron en el pasado y Charles Lyell en sus “Principios de geología” (1833) nos habla del gradualismo: Los cambios en la superficie terrestre son muy lentos y graduales, se van sumando pequeñas modificaciones para dar lugar a grandes transformaciones , que no percibimos pero que han existido.

El mundo no es estático. La idea de cambio se generaliza entre la comunidad científica. El “Ciclo geográfico” de W.M. Davis no era más que la plasmación de la idea de que los relieves evolucionan siguiendo las ideas de Darwin. Las ciencias de la Tierra no podían ser distintas al resto de las Ciencias Naturales.

El gran problema es que el proceso erosivo no explica todo. La erosión desgasta algo que se forma por unas fuerzas internas de la Tierra, que en gran parte, desconocían los científicos del siglo XIX. La comprensión de estas fuerzas y su repercusión en la configuración de la superficie terrestre es lo que dio lugar a la Teoría de la Tectónica de Placas.

 

 

ANTECEDENTES: Ya Abrahan Ortelio, el cartógrafo de Felipe II, había observado que el contorno de algunos continentes parecía encajar como las piezas de un puzle pero, indudablemente, no se aventuró a exponer nada sobre la causa de ese hecho. En el s. XVI el mundo estaba hecho por Dios y así había sido siempre.

También es bien conocido el trabajo de Alfred Wegener entre 1910 y 1912 que desarrolló la Teoría de la Deriva Continental pero tampoco pudo aportar las suficientes pruebas para que la comunidad de geólogos y geógrafos aceptaran dicha teoría. Sus ideas sobre especies fósiles que se encuentran en diferentes continentes, las cordilleras y estructuras geológicas que se prolongan por éstos o el consabido de la línea de costas entre África y Sudamérica que encajan casi a la perfección en el Océano Atlántico no fueron suficientes argumentos para aceptar su hipótesis pues faltaba explicar un punto crucial: ¿qué movía a los continentes? ¿qué fuerza era capaz de mover esas enormes masas terrestres y cómo se producían?. Al no haber respuestas a estas cuestiones a principios del siglo XX, hizo que la Deriva Continental fuera una hipótesis curiosa, bonita, pero no aceptada. Wegener murió en un trágico accidente explorando las tierras del círculo Polar Ártico en Groenlandia en 1930 sin llegar a conocer que sus ideas podían ser explicadas por la ciencia unas décadas más tarde.

Habrá que esperar a la Segunda Guerra Mundial para que las investigaciones geofísicas fuesen cada vez más consistentes . La aparición del sónar para detectar a los submarinos enemigos, hizo que los fondos marinos fueran también cartografiados, pues sus irregularidades quedaban registradas con dicho aparato con el que se podía medir la profundidad del suelo marino. Este hecho no fue muy utilizado durante el conflicto, la prioridad era detectar subamarinos que atacaban conboyes y naves de superficie en el terrible conflicto que se desarrolló entre 1939 y 1945, pero al finalizar la contienda, la marina de los Estados Unidos inició un proyecto para cartografiar los fondos oceánicos de los dos que rodeaban a su país. El Pacífio y el Atlántico para facilitar, precisamente la navegación de las naves submarinas, cada vez más grandes y que alcanzaban mayor profundidad, además de que se habían convertido en un arma fundamental para las marinas de guerra que querían ser temidas y reconocidas como potentes.

 

 

LOS PADRES (Y LA MADRE) DE LA TEORÍA: Cherchez la femme dicen los franceses cuando quieren buscar el origen, la causa original de un hacho. La mujer, para bien o para mal, como principio que da nacimiento a todo, a las personas, pero también a las ideas que éstas alumbran.

La madre de esta teoría, la que hizo ver (en el sentido literal de la palabra) que los continentes podían moverse y abrió el camino para investigaciones posteriores, fue Marie Tharp (1920-2006).

Marie nació en una pequeña localidad del estado de Michigan y como hija de una familia de clase media (su padre fue topógrafo y trabajó para los ferrocarriles y para el Departamento de Agricultura) logró estudiar en la Universidad de Ohio, donde se graduó en Inglés y Música (¡¡una chica de letras¡¡). Pero al regresar a su estado natal, y por la influencia que desde niña ejerció el trabajo de su padre haciendo mapas de suelos para el Departamento de Agricultura, Marie se decidió a hacer un máster en geología y, ya puesta a estudiar alcanzó un nuevo grado universitario, esta vez en matemáticas.

Con este curriculum obtuvo un puesto en el Laboratorio Geológico Lamont de la Universidad de Columbia en Nueva York en 1948, con un puesto de delineante para efectuar cartografía. Allí trabajó con Bruce Heezen, un geólogo de campo que se embarcó en varias ocasiones en la buque oceanográfico “Vema” que a través del sónar recogió multitud de datos sobre la topografía del suelo del océano atlántico. Como gran cartógrafa que era, estos datos los fue trasladando a un mapa de dicho océano y pudo comprobar que había una gran cordillera sumergida con dos cadenas montañosas paralelas separadas por una profunda grieta. Es lo que hoy se conoce como la “dorsal mesoatlántica”. Esto vino a demostrar que en los desconocidos fondos marinos había procesos geológicos mas complejos de lo esperado.

Marie Tharp no sólo se limitó a representar la topografía submarina, si no que añadió la localización de terremotos y erupciones volcánicas registradas igualmente por buques oceanográficos de la Marina y de otras instituciones científicas, viendo que había una relación entre la dorsal, las fallas de transformación que ésta generaba y los volcanes y terremotos que se producían. . Con toda esta información, Tharp y Heezen publicaron en 1957 el primer mapa del relieve submarino del Atlántico Norte.

De todas formas, la topografía que describía este mapa, solo demostraba que la corteza oceánica estaba agrietada, había manifestaciones volcánicas, pero nada más. Si había expansión del fondo oceánico o qué pasaba en otros mares del planeta no se conocía. Seguía siendo insuficiente para elaborar una teoría consistente, aunque ya estaba dado el primer paso. Y es aquí donde entran en esta historia otros padres de la teoría de la tectónica de placas.

Sigamos con Harry Hammond Hess (1906-1969) que unió dos cualidades que le hacían ser el hombre idóneo para avanzar en el conocimiento de estos menesteres. Fue geólogo y oficial de la marina de los Estados Unidos y viajó en submarinos y barcos oceanográficos que exploraban el fondo del Pacífico al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Esto le llevó a descubrir la existencia de voldanes submarinos en las proximidades de las grandes fosas oceánicas, como la de Las Marianas o la de Filipinas. Estas fosas eran, igualmente, profundas grietas pero que en lugar de encontrarse en la mitad de los océanos, estaban en sus bordes o, por lo menos eso sucedía en el Pacífico.

Estas investigaciones le llevaron a publicar en 1962 su artículo “History of Oceans Basins”, en el que habla de las corrientes de convección en el manto que parten la corteza terrestre formando las placas que se mueven. También expuso aquí q1ue los fondos de los océanos son jóvenes porque se renuevan constantemente por el magma que fluye desde el manto a través de las dorsales oceánicas. Propuso que la ascensión del material del manto creaba nuevos fondos marinos y en las fosas marinas (donde las placas convergen y una se hunde bajo la otra) la corteza desaparece bajo el manto de nuevo. A esto se le llamó “teoría de la cinta transportadora” y fue la base de la Teoría de la Tectónica de Placas.

Ahora bien ¿se había medido o comprobado ese movimiento?, ¿había datos que lo corroborasen?. De nuevo la ciencia se muestra intransigente con la falta de evidencias claras. Faltaba una pieza aún que colocar en este puzle para dejar cerrada la explicación de esta teoría.

La prueba más contundente sobre la expansión del fondo oceánico la proporcionaron dos geólogos y oceanógrafos británicos: F. Jhon Vine (1939) y Drumond Matthews (1931-1997) quienes descubrieron que en el magma que hay en los bordes de la dorsal mesoceánica existen cambios magnéticos en bandas de varios kilómetros de longitud que se sitúan a lo largo de dicha dorsales. Estos cambios magnéticos en las rocas volcánicas que fluyen por las grandes grietas de las dorsales, consisten en una variación de la polaridad del campo magnético de la Tierra, fenómeno del que el francés Bernard Brunhes ya se había hecho eco en 1905 al descubrir esas anomalías magnéticas en rocas de los Alpes que contenían flujos de lava.

Por lo tanto, la comunidad científica ya conocía que la polaridad terrestre cambiaba de forma periódica (que no exacta). Lo que descubrieron Vine y Matthews fue que el fondo marino, a ambos lados de la dorsal mesoatlántica, estaba compuesto por rocas volcánicas cuyos cristales tenían una orientación conforme a la polaridad de la Tierra en el momento de la erupción. Esos cambios de polaridad estaban dispuestos en forma de bandas paralelas a las dorsales y la datación de las muestras indicaba que, conforme nos alejábamos de la dorsal, eran rocas más antiguas y mas modernas en sus proximidades, lo cual era una prueba de que el fondo oceánico se expande.

Estos descubrimientos, unidos a los de Hammond Hess, dieron pié a la creación de una hermosa teoría que explica el movimiento de la corteza terrestre, la formación de placas tectónicas, el movimiento y evolución de éstas y su papel en la configuración del relieve del planeta. Otorgaba una imagen de un mundo vivo, cambiante, en consonancia con toda la Naturaleza que participa del cambio como parte fundamental de su esencia: los seres vivos cambian, el Cosmos se expande desde su comienzo con el Big-Bang y , por lo tanto tampoco es inmutable. Los astros nacen, evolucionan y se transforman. Lo seres humanos no podemos vivir en un planeta muerto, inerte en el que solo la erosión destruye lo que ya ha sido creado. La Teoría de la Tectónica de Placas proporciona la visión de que nuestro hogar, la Tierra, también está vivo, cambia y se transforma. En 1909 Albertch Penck, en colaboración con F. Brückner, había idedntificado las cuatro glaciaciones del periodo Cuaternario y se había visto que el planeta sufría grandes cambios a los que los seres humanos teníamos que adaptarnos. Hoy sabemos que esos cambios continúan, que las placas tectónicas se siguen moviendo y se separarán tanto que volverán a chocar entre ellas dando lugar a un nuevo supercontinente (ciclo de Wilson). Los estudios paleoclimáticos han demostrado que el clima terrestre ha tenido ya grandes cambios cíclicos (ciclos de Milankovic) y qua aún sigue trasformándose afectando a la vida de millones de personas en todo el mundo. Estamos en un planeta vivo.

 

 

RESUMEN: Entre 1945 y 1963 el estudio de los fondos marinos y de su relieve fue posible gracias a la tecnología desarrollada en la segunda Guerra Mundial para la detección de buque y submarinos. La cartografía submarina permitió, en 1959, a Marie Tharp y a Bruce Heezen la confección del primer mapa detallado de las zonas abisales de los océanos, con el descubrimiento de las dorsales y fosas que aparecen en ellos. La confirmación de estas grandes fosas y la existencia de volcanes bajo el agua, así como de anomalías gravimétricas, fueron confirmadas por Harry H. Hess en 1962 y, posteriormente el descubrimiento de las bandas magnéticas en las rocas basálticas del fondo marino formadas por erupciones surgidas en las dorsales y la alternancia de polaridad magnética en las mismamas, fueron las investigaciones que concluyeron Frederick J. Vine y Drumond Matthews en 1963 y cabaron de confirmar La Teoría de la Tectónica de Placas.

La ciencia es una superposición de conocimientos que unos científicos van trasmitiendo a otros (de ahí la importancia de la publicación de todas las investigaciones) y esta acumulación de saberes es la que hace posible la elaboración de teorías y, en definitiva, el avance de la ciencia.

Indudablemente Tharp, Hess, Vine y Matthews no fueron los únicos contribuyentes a la teoría de la tectónica de placas si no que hubo otros científicos que colaboraron con investigaciones paralelas que corroboraron esta teoría.

Toda teoría nueva en ciencia debe ser comprobada con investigaciones independientes que lleguen a los mismos resultados.

A la Teoría de la Tectónica de Placas contribuyeron también los geólogos y oceanógrafos Robert S. Dietz (1914-1995) que estudió el relieve submarino del Pacífico utilizando, durante la década de los 50, el batiscafo “Trieste” de Picard en el Mar del Japón, confirmando las observaciones de Hammond.

Alan Cox (1926-1987) que trabajó en la datación de las inversiones magnéticas de las rocas del fondo oceánico que se formaron en los bordes de las dorsales. Estas dataciones, que hizo en colaboración con el geofísico Brent Dalrymple, pionero entonces en el método de datación por potasio-argón (K-Ar) en 1963, fue lo que dio solidez a la hipótesis de Hammond Hess.

La Teoría de la Tectónica de Placas no fue algo alumbrado por un solo padre, fue una tarea colectiva y larga que ya empezó en 1912 con A. Wegener y continuó, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con los autores que hemos mencionado en este trabajo. Se trató de una creación conjunta y de muchos científicos interesados en las ciencias de la Tierra y en el mejor conocimiento de nuestro planeta.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

  • COX, Allan; DOELL, Richard; DANRYMPLE, Brent, (1963) “Las épocas de polaridad geomagnética y la geocronometría del Pleistoceno” en Nature, nº 198 pp. 1049-1051.

 

  • GÓMEZ MENDOZA, J., MUÑOZ JIMÉNEZ, J., ORTEGA CANTERO, N. (1982)El pensamiento geográfico. Estudio interpretativo y antología de textos (de Humboldt a las tendencias radicales)

    Ed. Alianza Universidad Textos, Madrid.

 

  • GRIBBIN, J. (1986) La Tierra en movimiento, Ed. Salvat, Col. Temas clave, nº 50. Barcelona.

 

 

  • VINE, F.D., MATTHEWS, D.H.(1962)”Magnetic anomalies over oceanic ridges” en Nature, nº 199, pp. 947-949.

     

 

     

 

 

 

 

 

 

 

LA GEOGRAFÍA ESPAÑOLA DE POSTGUERRA

LA GEOGRAFÍA ESPAÑOLA DE POSTGUERRA

Como ya vimos en un artículo anterior (“La geografía nazi”) en Alemania, durante el periodo de 1933 a 1945, la geografía, como las demás ciencias, fueron mediatizadas por la ideología nacionalsocialista que pretendía dar unos conocimientos dogmáticos a todas las áreas  del saber -incluida la física- basados en unas creencias irracionales y no demostradas con pruebas objetivas que pudieran hacerlas creíbles desde un punto de vista científico.

 Recordemos a este respecto la creación de la Ahnenerbe, cuya finalidad era demostrar que había existido una raza superior de la que descendían los arios o germanos actuales.

 Esta irracionalidad que invadió la ciencia germana, como es lógico, no pudo ser total y completa. En Alemania, al mismo tiempo que Haushofer y Hess predicaban su visión del mundo y sus ideas raciales, Albertch Penck seguía dando clases en Berlín y Habert Wilhelmy había obtenido una habilitación como profesor en Kiel y fue docente en dicha universidad entre 1939 y 1942, cuando fue movilizado por el ejército. Hugo Struz publicaría en 1941 la primera versión de su famosa clasificación química de los minerales en aquella convulsa Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Esto indica que la ciencia seguía existiendo, y con muy buen nivel en esos momentos de dominio del partido nacionalsocialista.

 Lo mismo sucedería con Herman Lautensach que, con una amplia formación en áreas científicas como física y química, se doctoró en geografía en 1910 con A. Penck y ejerció su labor docente en diversas universidades alemanas desde 1935, si bien hay que destacar que colaboró con el mas influyente geógrafo del momento Karl Haushofer en la revista Geopolitik.

 Los grandes historiadores de ese país seguían impartiendo su magisterio al margen de las ideas de la Ahnenerbe y los científicos Heissemberg y von Braun desarrollaban su labor con un método científico riguroso durante los años en los que los fieles de la cruz gamada gobernaban el país a su antojo.

 En España, tras la finalización de la Guerra Civil, el dilema en el que se encontraban las autoridades vencedoras era enorme, sobre todo a nivel político pero también cultural, pues no olvidemos que la cultura se dirige y se domina desde la política.

 La situación en 1939 era que había elementos del régimen que querían seguir, de forma clara y decidida, la política cultural de la Alemania del Tercer Reich, de la que tantas ayudas habían recibido durante la guerra y otros vencedores que con una ideología netamente conservadora, valoraban más los logros de Inglaterra y Estados Unidos en cuanto a realizaciones culturales se trataba, pero sin olvidar la simpatía que estos países tuvieron por la causa republicana.

 Esta dicotomía se va a reflejar también en la ciencia española en general y en la geografía en particular. La creación del CSIC en 1939 implicó que los elementos mas católicos del régimen se hicieron con el control de la mayor institución científica de España. Su primer presidente, José Ibáñez Martín, también lo era de la Asociación Católica de Propagandistas con lo que ya podemos suponer que su actuación tendría un sesgo hacia la visión del mundo propia de esa religión, lo cual no menoscaba su capacidad como organizador. El secretario general de esta institución fue el magnífico científico (era farmacéutico y químico, introductor de los estudios de edafología en España) don José María Albareda pero que, como sacerdote, tuvo siempre una estrecha vinculación al Opus Dei.

 En el seno del CSIC se crea, en 1940, el Instituto Juan Sebastián Elcano de geografía, que existió hasta 1986, cuando pasó a denominarse Instituto de Geografía Aplicada y luego Instituto de Economía y Geografía. Igualmente este centro estuvo dirigido por personas del ámbito católico, teniendo a don Antonio Melón y Ruiz de Gordejuela como director en su primera etapa y a don José Manuel Casas Torres en su periodo final cuando ya otros aires corrían por las instituciones políticas españolas (el PSOE gobernaba de manera absoluta nuestro país desde 1982).

 También, dentro del CSIC, se constituyó, en 1942, La Estación de Estudios Pirenaicos, que en 1948 pasó a denominarse Instituto de Estudios Pirenaicos, con sede en Jaca (Huesca) y en Zaragoza. Fue en este Instituto oscense donde empezaron a formarse los primeros investigadores en Geografía que España tuvo tras la contienda civil, y que serían los que ocupen las primeras cátedras de esta materia en la universidad española, como fue el caso de José Manuel Casas Torres y Joaquín Bosque Maurel, que encontraron en la Universidad de Zaragoza sus primeros acomodos docentes si bien este último sólo estudió allí , pero muy pronto fue catedrático de geografía en Granada y Madrid.

 Es precisamente este último autor (Bosque Maurel, 1986) , con quien llegamos a conocer bien la obra y labor del gran geógrafo portugués Orlando Ribeiro y cómo introdujo la geografía científica en su país después de haber ampliado estudios en París y habiendo adquirido, por lo tanto, una fuerte influencia de la llamada "escuela francesa de geografía" que se centra en el estudio de la región como base de la unidad de la geografía, y que Robeiro va a ampliar al concepto de "paisaje" como resultado de la integración de todos los elementos físicos y humanos que componen el territorio.

Orlando Ribeiro, como gran conocedor de la geografía portuguesa , fue un estrecho colaborador de Herman Lautensach que a su vez fue un estudioso de Portugal y su medio ambiente. Ya entre 1932 y 1937 escribió su obra "Portugal" y en 1934 publicó "España y Portugal" dentro de la obra "Manual de Ciencias Geográficas". Cuando el alemán desarrolla, de forma más completa, su concepción de paisaje geográfico, fue en su libro "La transformación geográfica:estudios de sistemática del paisaje" (1953), ya ha visitado Portugal y España en diversas ocasiones. es pues, a través del portugués Ribeiro y del alemán Lautensach que entra en España el concepto de paisaje geográfico (vegetación, clima, hidrografía y actividades humanas, com hábitat, explotación del territorio...) que se unen en un lugar, la región, y que forman los diferentes paisajes que componen nuestro planeta.

 La influencia de Lautensach en la geografía portuguesa y española, incluso podríamos decir que en la europea, ha sido indiscutible y sin embargo, en la literatura geográfica española no ha estado lo suficientemente representado como su importancia haría suponer.

 Sus estudios del paisaje y de los componentes del mismo, son grandes aportaciones en la mas clara tradición científica de la geografía germánica. También su aptitud como maestro fue muy apreciada por todos los que trabajaron con él.

 En prehistoria, aunque algunas de sus ideas puedan ser cuestionadas, todos los especialistas reconocen el peso de Adolf Schulten y Hugo Obermaier han tenido en esa ciencia en nuestro país; sin embargo en geografía, si bien ningún experto cuestiona las aportaciones de Lautensach, su obra y sus teorías no están representadas en la universidad española tanto como sus aportaciones al estudio de los paisajes lo harían suponer, máxime si tenemos en cuenta que este concepto es hoy unos de los ejes en los que se centran los estudios geográficos que se hacen en España.

 En los planes de estudio de las diversas asignaturas del grado geografía que se imparte en la universidades españolas , apenas está citado en la bibliografía más utilizada, sus obras no se ha reeditado y se cita escasamente en muchos trabajos de investigación. Veamos las causas, a nuestro juicio, de este relativo "olvido" al que se ha sometido al autor alemán en nuestro país.

 En sus obras Portugal escrita entre 1932 y 1937 y España y Portugal (1934) y, sobre todo, La transformación geográfica: estudio de sistemática del paisaje (1953) en donde ejemplifica muchas de sus ideas y afirmaciones en los países ibéricos, como es natural después de que Portugal fuese su tema de tesis de doctorado. El Estudio de los paisajes, que tuvo su continuidad en su discípulo portugués Orlando Ribeiro demuestra, a juicio de estos dos autores, que la nación lusitana aunque está en la Península Ibérica y comparte con España clima, vegetación, red hidrográfica y relieve, no posee los mismos paisajes pues el elemento humano que los forman no es el mismo. La ocupación del territorio no se hizo de la misma manera en ambos países. Las prácticas agrícolas y ganaderas, el hábitat rural, la explotación el medio ambiente, no comparten las mismas características que en las diferentes regiones españolas. La historia, las actuaciones políticas han creado diferentes paisajes entre Portugal y España. Por lo tanto,de los estudios de Lautensach y Ribeiro se concluye que Portugal ha conseguido, en cuanto a sus paisajes geográficos, una diferenciación con respecto a España y, por o tanto, tiene sentido su individualidad y especificidad como país diferenciado de su vecino ibérico.

 Estas conclusiones no debieron gustar mucho a la geografía oficial española que siempre consideró a la Península Ibérica como un todo, como una unidad relativamente homogénea que podría formar un único país si no fuera por la vicisitudes históricas que los separaron en la Edad Media. Esta separación, la creación de un reino separado de los que van a llevar el peso político y económico de la Península (Castilla y Aragón ), la proyección marítima de Portugal, etc. etc. formaron una singularidad que le hizo no integrarse en lo que, transcurrido el tiempo, sería el reino de España y se justifica así su separación y diferenciación no nación independiente.

 La idea de una posible unidad ibérica que subyacía en algunos congresos de geografía hispano-lusos, como gustaba nombrar la prensa de la época de los años 50 y 60, nunca consiguieron aunar la visión de los geógrafos de ambos países en contemplar un sólo país en donde políticamente hay dos.

 Después de la Segunda Guerra Mundial las afinidades políticas y culturales de nuestro país con la Alemania hitlerina trataron de borrarse o diluirse de la forma más discreta posible . Martínez de Santa Olalla, director general de excavaciones y partidario durante años de un acercamiento de la arqueología española a la que practicaba la Anhenerbe buscando el origen ario de los pueblos alemán y español, fue retirado de los puestos de influencia académica hasta que, en 1956, fue apartado de su cargo oficial por el ministro de educación pero ya, previamente, desde la finalización de la Guerra Mundial, su influencia en la vida académica española fue reduciéndose de forma paulatina, con la no consecución de una cátedra en Madrid que había ocupado su maestro Hugo Obermaier y que fue otorgada a Pedro Boch Gimpera en 1955 , la no reedición de sus obras.

 La influencia de elementos católicos a partir de finales de los años 50, sobre todo después de las revueltas estudiantiles de 1956, demostraron que ciertas políticas aperturistas no daban el resultado apetecido.

 El mayor acercamiento de H. Lautensach a las posturas portuguesas y el acercamiento de los investigadores españoles a las escuelas geográficas francesa y norteamericana (Gª regional y gª cuantitativa respectivamente), fueron arrinconando la obra de Lautensach hasta ser un autor poco conocido hoy, incluso entre los geógrafos que tienen a los paisajes como centro de sus estudios. No se ha olvidado completamente al autor germano en nuestro país, pero teniendo en cuenta que la actual geografía se mueve entorno al estudio del paisaje, nos parece que los trabajos de Herman Lutensach debería de ser más difundidos en España y en los estudios de geografía.

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

- BOSQUE MAUREL, J. Orlando Ribeiro, geógrafo ibérico en Anales de Geografía de la Universidad Complutense. Nº 6. Ed. Universidad Complutense, Madrid 1986.

- CASTILLO MARTOS M. y RUBIO MAYORAL J.L. Enseñanza, ciencia e idelología en España (1890-1950). Ed. Diputación Provincial de Sevilla y Vitela gestión Cultural. Sevilla 2017.

- LAUTENSACH H. Geografía de España y Portugal. Ed. Vicens Vives, Barcelona 1967.

- MEDEROS MARTÍN, A. Julio Martínez de Santa Olalla y la interpretación aria de la prehistoria de España (1939-1945).Boletín del Seminario de Arte y Arqueología. Tomos 69-70 (pp. 13-56) Logroño 2003/04.

Versión digital en http://dialmet.unirioja.es/artículo.

- MELÓN Y RUIZ DE GORDEJUELA, A. La Península Ibérica en Herman Lautensach. en Estudios Geográficos, vol. 26, nº 96, pp. 131-141. Madrid 1965.

- RIBEIRO, O., LAUTENSACH, H. y DEVEAU S. Geografía de Portugal. Vol I (A posiçao geográfica e o territorio). Ed. Joao Sá da Costa, Lisboa 1987.

- VILÁ VALENTÍ, J. Cuarenta años de obras geográficas acerca del conjunto de España y la Península Ibérica (1952-1991). Versión digital en PDF en www.raco.cat